Rodrigo Núñez Arancibia, de nacionalidad chilena, estudió una maestría en la Universidad de Chile y el doctorado en ciencias sociales en el Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México. Ahí escribió una tesis doctoral sobre los empresarios chilenos. Se graduó en 2004. Unos años después fue contratado por la Universidad  Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Ahí obtuvo una plaza de investigador titular y se convirtió en el Jefe de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Historia y en director de la Maestría. Al poco tiempo ingresó al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del CONACYT; 10 años más tarde ya era investigador nacional nivel 1, lo cual le hizo acreedor a un incentivo económico mensual de unos 14,000 pesos. También ingresó al Programa de Estímulos al Desempeño del Personal Docente (PROMEP) de la SEP, lo que le daba derecho a percibir un dinero adicional, pues tenía el perfil docente “deseable”. Los intereses académicos del profesor Núñez Arancibia cubrían amplias áreas del conocimiento y cruzaban barreras temporales. El rango era amplísimo: iban del empresariado chileno en el siglo XX hasta la sociedad novohispana en la Colonia, pasando por las ideas de Collingwood de la Historia, los debates en la prensa Peninsular durante la Revolución Mexicana y las peripecias, no siempre afortunadas, del constitucionalismo liberal argentino en el siglo XIX. Se trataba de un erudito que se sentía a sus anchas en diferentes disciplinas, como la historia, la antropología y la sociología. La universidad que lo empleó publicó su tesis: Empresarios y desarrollo: economía y política en Chile contemporáneo (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, 2008), libro que fue reseñado en el Journal of Latin American Studies. Seis años después había publicado otro en su misma universidad y diversos artículos en revistas especializadas de varios países. La carrera de 11 años del joven académico marchaba sobre ruedas y el futuro le sonreía. El generoso sol del Bajío lo calentaba. Hasta que un malhadado día todo se derrumbó. La verdad salió a la luz: Nuñez Arancibia era un pirata. Su brillante carrera académica era un monumental fraude. La historia del corsario Arancibia es más que la narración de las aventuras de un pirata académico, es la carta náutica de los mares que el pirata surcó durante más de una década saqueando a diestra y siniestra con absoluta impunidad.

pirata

No conozco a Rodrigo Núñez Arancibia. Sin embargo, sé que encontró muy útil un libro que edité junto con el historiador Rafael Rojas, El Republicanismo en Hispanoamérica, (FCE/CIDE, México, 2003) porque decidió plagiarse íntegro, tal cual, el capítulo de Gabriel Negretto, otro colega del CIDE, sobre el constitucionalismo liberal argentino.1 Núñez lo publicó nueve años después en la revista chilena Historia con un título muy semejante: “Repensar el republicanismo liberal latinoamericano a la luz de la constitución argentina de 1853”. Núñez Arancibia no se tomó la molestia de rehacer los resúmenes en español e inglés, que también se fusiló.2 El trabajo de mi coeditor y colega Rafael Rojas también debió parecerle muy interesante porque ese mismo año, y aprovechando el viaje, se pirateó un ensayo suyo que apareció como documento de trabajo del CIDE y lo publicó con su nombre en la revista chilena  Cuadernos de Historia.3 (Debo confesar cierto resquemor con el corsario: fui omitido de esa lista de víctimas tan ilustre).

Es de reconocerse que Núñez Arancibia leía en otras lenguas, de ahí que siguiese con mucho interés el trabajo de un grupo de historiadores norteamericanos de la Colonia. Interesado en que la investigación en inglés se difundiese en nuestros países, tomó varios capítulos del libro Religion and Society in New Spain (New Mexico University Press, 2007), y los publicó bajo su nombre con el título Religión y cultura popular en el mundo novohispano, vol. I (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, 2014). El volumen en castellano se fusiló la introducción de Susan Schroeder y Stafford Poole, y los capítulos de Stanley Hordes, Javier Villa-Flores, María Elena Martínez, John Chuchiak, Martha Few y Sonya Lipsett-Rivera. Confiado en sus habilidades de traductor oficioso, el pirata Arancibia no quiso que nada se desperdiciase, así que también publicó los capítulos de María Elena Martínez, Mónica Díaz y Javier Villa-Flores en forma de artículos en castellano en revistas de América Latina.4

En 2014 el pirata Arancibia parecía imbatible. Era todo un vikingo de la academia. Envalentonado por el éxito de sus correrías, y decidido a no dejar títere con cabeza ni perdonar a ningún buque, enfiló la proa hacia otras aguas ricas en navíos desprotegidos. Cataría de todo. Así, cambió las monjas novohispanas por Collingwood. Ese año Núñez Arancibia publicó el artículo “La historia y las acciones humanas en el pensamiento de R. G. Collingwood” en la revista Valenciana (núm. 13, 2014, pp. 207-228), de la Universidad de Guanajuato. El texto era un plagio del capítulo de la investigadora argentina Rosa Belverdesi, “La historia y las acciones humanas: las tesis de Robin G. Collingwood” en el libro editado por Daniel Brauer, La historia desde la teoría (Ed. Prometeo,  Buenos Aires, 2009).

La educación de un pirata no es cosa sencilla. Probablemente la certeza de que era factible tomar por asalto los buques y salir del trance bien librado la obtuvo en la escuela. La tesis doctoral de Núñez Arancibia plagió el trabajo de la académica chilena Cecilia Montero Saavedra. El entonces aprendiz de corsario se fusiló el libro La revolución empresarial chilena publicado en 1997.5 Aparentemente ese fue su primer abordaje, del cual salió indemne y triunfante. El botín fue su título de doctor. Para  2004 el capitán Arancibia estaba en el puente y listo para surcar los siete mares de la academia. Cauto, hizo sus pininos en aguas tranquilas. En 2007 le echó el ojo a una presa en los mares australes: el artículo “Identidades étnicas, identidades sociales: la etnicidad de cara al siglo XXI”, publicado en la revista Proposiciones (núm. 32, marzo, 2006, pp. 336-347), de Mónica Andrea Aravena Reyes, una desprevenida profesora de la Universidad de Concepción en Chile. Tentando las aguas septentrionales decidió presentar el mismo trabajo con el título “Identidades éticas, identidades sociales: la etnicidad de cara al siglo XX” en el XXVI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología que se realizó en Guadalajara en agosto de 2007. La ponencia apareció publicada en las actas del Congreso en cuestión.6 En el 2009 Núñez Arancibia siguió desarrollando sus artes de bucanero. Se plagió la ponencia “El método de enseñanza mutua en la Latinoamérica independiente: una revisión crítica” que fue  publicada en las Memorias del XXXIII Simposio de Historia y Antropología de Sonora (edición digital del 20009). La autora en realidad era Eugenia Roldán Vera, cuyo texto era: “El niño enseñante: infancia, aula y Estado en el método de enseñanza mutua en Hispanoamérica”, publicado en Bárbara Potthast y Sandra Carreras (comps.), Entre la familia, la sociedad y el Estado: Niños y jóvenes en América Latina, Frankfurt am Main, Vervuert/Iberoamericana, 2005, pp. 51-88.

En el 2011 se aventuró por nuevas aguas. Amablemente contribuyó un capítulo al libro colectivo que su universidad produjo titulado Revalorar la Revolución Mexicana. Hizo gala de su erudición aportando el capítulo “Las dificultades con los Estados Unidos vistas desde España: el debate de la prensa Peninsular entre el fin del Porfiriato y Huerta”. El texto era un plagio del artículo de Rosario Sevilla Soler, “De Porfirio a Huerta: los problemas con los Estados Unidos vistos desde España”, publicado en la Revista de Historia Social y de las Mentalidades de la Universidad de Santiago de Chile (año 12, núm. 1, 2008, pp. 49-82). Cuatro años después, éste sería el plagio por el cual sería descubierto y expuesto en su universidad.

No sabemos si Núñez Arancibia escribió algo de lo que publicó bajo su nombre en más de diez años. Como todo pillo ensorbecido por el triunfo, se volvió temerario y desafió a los hados. Se le pasó la mano. Sus andanzas del año 2014 fueron demasiado lejos y acabaron por causar su ruina. Cuando se desató la tormenta y la guardia costera de la academia salió finalmente a perseguir al bucanero disparando sus baterías, Núñez Arancibia arrió la bandera de las tibias cruzadas, atracó en puerto seguro, quemó el barco y renunció voluntariamente, y por mutuo acuerdo, a su puesto académico. Su universidad evitó así un pleito laboral, muy factible pues no tenía un código de ética que le sirviera para echarlo justificadamente por deshonestidad intelectual. Sin embargo, perdió la patente de corso, pues El Colegio de México decidió revocarle el grado de doctor. El bucanero también perdió sus canonjías: el SNI y el PROMEP. Probablemente el pirata Arancibia se encogió de hombros, colgó su tricornio de un clavo, se quitó el parche del ojo, pensó para sus adentros en el jugoso botín capturado a lo largo de una década, y suspiró: “¡fue bueno mientras duró!” Se metió a una taberna a tomarse un ron y esperar a que pasara el temporal. Ahí probablemente todavía está. Es un hombre que conoce bien el mundo, así que seguramente no le costará trabajo reinventarse. Probablemente tendría éxito en las finanzas globales. Lástima que los trabajos que plagió despotricaban contra el neoliberalismo. Tal vez ahora sí pueda escribir un libro propio: Las aventuras del pirata Arancibia.

Explicar el ecosistema del pirata Arancibia es algo que amerita cierta reflexión, porque sus correrías revelan las vulnerabilidades del medio académico en su conjunto. Ese mapa da cuenta de los incentivos que afectan la producción intelectual y la formación de carreras profesionales. Endurecer las reglas contra el plagio es necesario, pero sería ingenuo negar la dimensión estructural del fenómeno. El pirata Arancibia es sólo un síntoma de una enfermedad que no podemos borrar de un plumazo. Hasta que no comprendamos que los piratas no son una anomalía sino una consecuencia natural de las oportunidades que el medio ofrece no podremos empezar a erradicarlos de estos mares. Mientras tanto, los corsarios otean con su catalejo los siete mares. Pregúntenle si no a Rodrigo Nuñez Arancibia, bucanero irredento de la mar oceano.

 

José Antonio Aguilar Rivera


1 Gabriel Negretto, “Repensando el Republicanismo Liberal en America Latina. Alberdi y la Constitución Argentina de 1853”, en  José Antonio Aguilar Rivera y Rafael Rojas Para Pensar el Republicanismo en Hispanoamérica, Fondo de Cultura Económica, México, 2002, pp. 210-43.

2 Rodrigo Núñez Arancibia, “Repensar el republicanismo liberal latinoamericano a la luz de la constitución argentina de 1853”, Historia 396, núm. 2, 2012, pp. 291-316.

3 Rafael Rojas, “El debate de la independencia,”  Documento de Trabajo del CIDE, 2010. Este texto  apareció como “Opinión Pública”, en el Diccionario de la independencia, UNAM, 2010, editado por Virginia Guedea, Alfredo Ávila y Ana Carolina Ibarra. Nuñez Arancibia, Rodrigo Christian, “El debate y los márgenes del espacio público de la independencia Mexicana”, en Cuadernos de Historia, núm. 37, 2012.

4 Rodrigo Christian Núñez Arancibia, “Interrogando las líneas de sangre. “Pureza de sangre”, Inquisición y categorías de casta”, en Diálogo Andino. Revista de Historia, Geografía y Cultura Andina, ISSN: 0716-2278, Universidad de Tarapacá, Facultad de Educación y Humanidades Departamento de Ciencias Históricas y Geográficas, 2014; “Las monjas indígenas de Corpus Christi en Nueva España: Etnicidad y espiritualidad en el siglo XVIII”, en Tiempo Histórico, ISSN: 0718-7432, 2014; “En una divina persecución: Blasfemia y apuestas en la Nueva España (siglos XVI-XVII)”, en Revista de Historia Social y de las Mentalidades, núm. 1, volumen 18, Universidad de Santiago, junio, 2014.

5 http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2015/07/6/nuevo-caso-de-plagio-serial-en-la-academia

6 Esta correría está documentada en: http://www.plagiosos.org/index.php?section=25


Sobre el plagio académico

 

9 comentarios en “El extraño caso del pirata Arancibia

  1. Y dónde estuvo su asesor de tesis doctoral? Los alumnos de posgrado enfurecen cuando se “escanean” sus trabajos para detectar plagios pero hoy en día es estrictamente necesario. Sin embargo, el nivel de riesgo de plagios cada vez es más elevado. Vergonzoso este caso… Cínico!!

  2. Que hay del fraude cometido y el dinero que ilícitamente gano estos 10 años.deberia regresar cada centavo de los incentivos gubernamentales

  3. Es lamentable y alarmante la impunidad con que se puede plagiar ahora. Si bien la tecnología nos ayuda como profesores a cotejar las tareas y los trabajos de nuestros alumnos con herramientas que comparan todo lo publicado en la red (yo uso Plagiarism Detector), lo cierto es que los alumnos cada vez vienen con menos valores y han dejado de ver la gravedad del asunto: lo que para ellos es un simple copy/paste, en realidad es un delito llamado plagio. Es muy difícil hacerles entender que el copy/paste no es inocente. He tenido que sentarme con mis alumnos (y son de maestría y doctorado ¿eh?) a que aprendan a escribir síntesis, resúmenes, referir correctamente los materiales consultados… en suma, a que no sean piratas y le den a cada cual el crédito respectivo por su trabajo. Es alarmante. Peor aún: la cultura de puntitis del SNI y cuestiones de eficiencia terminal marcadas por Conacyt impulsan a quienes no tienen valores firmes a irse por el lado fácil. Lo cierto es que lo indefendible es lo que es y el plagio es un delito.

  4. Editorial Trillas detectó que un estudiante de filosofía de la UIC plagió en su tesis una obra de una de sus autoras. Se le comentó a la dirección de dicha Universidad y no le dio ninguna importancia. Muy por el contrario, consideró que tanto la autora como la editorial estabamos exagerando. Sólo aceptó que el sustentante de la tesis colocara las citas. Cuál fue nuestra sorpresa que al ver la tesis terminada, no sólo ponía las citas sino que afirmaba que la propia autora había supervisado su tesis. Cínicos hay en todas partes y plagiarios también.
    Saludos.

  5. Es inverosímil pensar que un estudiante puede plagiar un trabajo final (como una tesis) y presentarla a profesores que han leído previamente textos redactados por la misma persona, y éstos no noten la diferencia en el estilo de redacción.

  6. La SEP investiga a tantos “doctores y maestros” que ingresan a las universidades, politècnicos y Gobierno”?
    Recordemos al señor Falcetti.

  7. Y dónde estuvo su asesor de tesis doctoral? Los alumnos de posgrado enfurecen cuando se “escanean” sus trabajos para detectar plagios pero hoy en día es estrictamente necesario. Sin embargo, el nivel de riesgo de plagios cada vez es más elevado. Vergonzoso este caso… Cínico!!