En la tribuna contemplé un alambre,
un hilo leve de sutil alpaca,
de la silla curul frágil estaca,
humanada lombriz, pregón del hambre.
Era un Marat de delicado estambre,
liberal de cartón, momia egipciaca,
un tendón con levita o con casaca,
nervio agitado por feroz calambre.
Miradlo retorcerse, móvil hebra,
cuando prorrumpe en guirugay confuso
y, decidme, ¡cómo es que no se quiebra!
¿O es un tenia arrojado por el cuso
y, cual un tiempo a la infernal culebra,
Dios le otorgó de la palabra el uso?
