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Aquí otra vez, los labios memorables, único y semejante a todos ustedes.

He sido el hombre asediado desde el amanecer por las series televisivas, tanto mexicanas como americanas, cuyas artimañas tienen como fin obtener una relación insospechada, intransferible, con mi persona, para que mis enemigos logren en mí sus corruptos propósitos.

He sido el primo de Jorge Negrete, por lo cual varias personas han buscado agraviarme, pues cosa envidiable resulta el ser primo de “El Charro de México”.

He sido víctima de una secta religiosa estadunidense que se infiltró en México y ejecuta a la fecha rituales satánicos mediante algunos equipos electrónicos, tal secta me acosa para que, mediante un programa de computación al uso, fornique yo con la Virgen María.

He sido viejo prematuro debido a un aparato de posguerra que durante 35 años me extrajo litros y litros de células genitales.

He podido provocar un terremoto, pero no quise, al saber que no tenía a la mano a un abogado que me atendiera siempre; lo dejé todo a un simple temblor 1° de agosto del año 2000.

He sabido la manera en que seres extraterrestres envían mensajes subliminales, a través de la radio y la televisión, con el fin de que la República Mexicana pierda su soberanía, puesto que las enfermedades de ahí surgidas serán extrañas o, por lo menos, hertzianas.

He sido la mujer que sabe de sus agresores, aunque no pueda precisarlos —tal es el trabajo de otros—: por la mañana han congelado mi casa y por las noches nos han dormido, a mis hijos y a mí, con gasolina, para saciar en todos nosotros bajas pasiones sexuales.

Durante diez años fui la mujer agredida por alguna persona que me hacía imposible la vida: aún se mete en mi casa para aflojarme los focos en uso, y cambiarme los focos buenos por focos fundidos.

He comprado durante veinte años billetes de lotería, sin ganarlo; buena cosa habría sido que el director de la Lotería Nacional alterara algún día el sorteo, con el único fin de que no perdiese siempre la misma persona.

He sido —pude, debí ser— un detective científico, pero nunca obtuve un gafete del Ministerio Público Federal.

He sido el hombre no acreditado oficialmente para lograr que los hombres cedieran su asiento a las mujeres en los vagones del Metro.

He sido la muchacha citada por un juez cívico en Iztapalapa; argucias de mi ex novio para que él obtuviera una cita, trampa inútil, conmigo.

He sido el hombre de treinta años resignado a vivir con un microchip puesto en mi cerebro por la Secretaría de Gobernación; supe que todos podemos vivir con un microchip de la Secretaría de Gobernación en el cerebro; pero nadie puede dormir por el ruido que produce ese mismo microchip.

He sido la mujer inatendida: nadie ha enviado camiones de volteo a mi casa, con el fin de recoger del patio trasero el refrendado cascajo lunar que algunos extraterrestres dejan caer ahí día tras día.

He sido el hombre que al mirarse ante el espejo sabe que desde el fondo lo miran en realidad aparatos que llevan su imagen hacia camionetas blindadas, muy blindadas, siempre blindadas.

He sufrido a encuestadores sobre una marca específica de galletas, sabiendo que en realidad mis enemigos buscaban fotografiarme mientras yo estuviera distraído. Pero no lo estuve.

He sido el hombre atacado por rayos invisibles de extraterrestres desde un cubo de metal que me atacaba, en ese orden, el cerebro, el corazón, el estómago y los testículos hasta dejarme como una piltrafa por el piso.

Creo que mis certidumbres y mis quejas

Se igualan en pobreza y en riqueza a las de Dios y a las de todos los hombres.

 

Luis Miguel Aguilar
Escritor. Su más reciente libro es Nadie puede escribir un libro.

*Este poema se basa en varios casos recibidos por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal bajo la gestión de Luis de la Barreda Solórzano. Se trata de casos que, por razones obvias, no pudieron seguir el curso contemplable como una violación a los derechos humanos. El primero y los últimos versos son una adaptación del primero y los últimos versos que abren y cierran el poema de Borges “Mi vida entera” incluido en el libro Luna de enfrente.