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Quizá desde la publicación por entregas de 1923 en el periódico vienés Arbeiterzeitung de su novela La tela de araña, Joseph Roth temió el devenir de un realidad amenazante en Alemania que terminó por obligarlo a tomar el 31 de enero de 1933 el tren matutino a París, donde moriría en el exilio seis años después. Con él llevaba pocos manuscritos, pero en Francia, que consideraba más familiar para él que Berlín, siguió escribiendo artículos de periódicos y narraciones como Jefe de estación Fallmerayer, El busto del Emperador y La leyenda del santo bebedor.

Durante su estancia en el sur de Francia, de junio de 1934 a junio de 1935, primero en Marsella y luego en Niza, donde con Andrea Manga Bell compartía una casa con Heinrich Mann y Nelly Kroeger, y Hermann y Toni Kesten, escribió El triunfo de la belleza, que se publicó del 6 al 14 de mayo de 1935 en el Pariser Tageszaeitung.

Hermann Kesten ha sostenido que muchos de los personajes de las narraciones de Joseph Roth provienen de la realidad como el doctor Skowronnek, que era su amigo el doctor Josef Löbel, que también interviene en Job, o el malévolo Lakatos, que es asimismo una aparición inquietante en Confesión de un asesino.