DIVAGARIO

Ediciones de la Ciudad de México

De entre lo más interesante que ha publicado el Instituto de Cultura de la Ciudad de México destacan Colonia Hipódromo de Edgar Tavares López, Tacubaya en la memoria de Araceli García Parra y María Martha Bustamante, Orígenes de nuestra ciudad de Fernando Curiel, Angeles González Gamio, Eduardo Matos, Luis Ortiz Macedo y Vicente Quirarte. Los dos primeros títulos recuerdan por su idea, formato y concepción gráfica, a los libros de Clío, pero sin el diseño y el cuidado de esas ediciones. El tercero es una buena puerta de entrada a la historia de la ciudad. No deja de llamar la atención que tengan que intervenir cuatro enormes instituciones para publicar unos cuantos libros: el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación, el Archivo General de la Nación, el Consejo de la Crónica de la Ciudad de México. Como sea, nunca sobrarán los estudios que indaguen en el pasado mexicano. Por cierto, no se ha hecho aún el análisis de los resultados, casi dos años después de su instalación. de la política cultural del Instituto de Cultura del Distrito Federal. Siempre será más interesante publicar libros que hacer una partida de ajedrez multitudinaria en el Zócalo (¿hay algo más elitista que el ajedrez?), hornear una enorme rosca de Reyes para ofrecerla a los hambrientos en la calle Fray Servando Teresa de Mier, o poner las bardas de los parques para que “la gente” las pinte y se exprese a sus anchas bajo la demagógica idea de que “la ciudad es de todos”.

Peter Sloterdijk

Acaban de aparecer en Alemania los dos primeros tomos de la trilogía que Peter Sloterdijk (1947) llevaba años escribiendo. Esferas. En este estudio monumental de la historia europea, el filósofo alemán añade la cultura, el arte y la literatura a su análisis del espacio y del tiempo en la historia. Filósofo, escritor, ensayista y profesor de filosofía en la Universidad de Viena, Peter Sloterdijk es autor de uno de los libros más exitosos de la filosofía. Crítica de la razón cínica. Formado en la escuela de la fenomenología, del existencialismo y de la teoría crítica, es uno de los ensayistas alemanes más atractivos. El lector podrá encontrar un buen ejemplo del tratamiento filosófico que Sloterdijk ensaya desde hace años en el primer artículo de “Vida pública” de esta edición de nexos.

Caminar con Chatwin

En su ensayo “La formación de un escritor” (1983), Bruce Chatwin le hace decir a su tío que la etimología anglosajona de su apellido paterno (chette- wynde) es “sendero tortuoso”. Más adelante. al rememorar sus primeras impresiones. Chatwin invoca a Sam Turnell. “un solitario de ojos tristes” que le transmitió el amor a las largas caminatas por los páramos. Un párrafo después, un párrafo sonoro y familiar, Chatwin se presenta al lado de su madre yendo de aquí para allá.

No hace falta más para saber cómo se construye la autobiografía de un viajero. En Chatwin todo alude al fuego alrededor del cual se cuentan viejas historias de aventureros, nómadas o exploradores que abandonan el hogar para conocer tierras lejanas y luego regresan para convencer a su auditorio de que lo real es más fantástico que todo lo fantástico. Como muestra el ensayo de Arturo Fontaine que el lector encontrará más adelante, a Chatwin le atraía la inquietud. Y le atraía al grado de que podía estar quieto en su propia habitación. Su impulso migratorio era inseparable de la fascinación por las cosas refractarias al cambio. En efecto, si hemos de ser justos con Chatwin debemos señalar que viajaba por el puro amor a la movilidad concebida como un intento de conservar el mundo como siempre ha sido.

Sobre la guerra

La guerra de Kosovo ha suscitado una polémica intelectual en torno a la intervención militar de la OTAN y el respeto a la soberanía de los Estados. En un “divagario” anterior (julio. 1999) apareció un comentario al reciente libro de Michael Ignatieff, El honor del guerrero, dedicado a examinar una nueva forma de conflicto internacional: a la hora de la globalización y el resurgimiento de los nacionalismos, las guerras étnicas son la cuestión más controvertida.

El debate continúa. En su número 94 (julio-agosto). Claves de Razón Práctica publica un debate epistolar entre Michael Ignatieff y Robert Skidelsky sobre la guerra en Kosovo. A partir de una pregunta provocadora —¿estaba justificada la intervención militar de la OTAN?— se desata un diálogo crítico que es un ejemplo de cómo cambió la realidad geopolítica después de la caída del Muro. En el escenario del mundo global, una de las interrogantes fundamentales para volver a pensar el derecho y las relaciones internacionales radican en saber si Occidente tiene derecho a imponer sus valores en los enfrentamientos culturales que dividen a los pueblos y las naciones. Y esa duda es crítica cuando en una situación política especial se enfrenta el desafío de la intervención militar internacional.

Ignatieff se define como intemacionalista. Cree que no sólo los Estados tienen derechos e inmunidades; también los individuos pueden apelar a las instituciones de derechos humanos de la ONU para defenderse de la violencia. Ante el expediente de la intervención de la OTAN en Kosovo plantea un argumento moral y político: “La intervención militar sólo puede estar justificada en dos casos: primero, cuando la violación de derechos humanos llega al extremo de un intento sistemático de expulsar o exterminar a un número elevado de personas que no tienen medios para defenderse; segundo, cuando dichas violaciones amenazan la paz y la seguridad de los Estados vecinos. Habría que añadir dos condiciones más: primera, han tenido que agotarse todas las alternativas diplomáticas; y segunda, la fuerza sólo está justificada cuando tiene posibilidades reales de surtir efecto”.

Ante el dilema del relativismo cultural y las consecuencias de imponer una moral occidental ajena a la cultura de otros pueblos, Ignatieff piensa que “no vivimos en el mundo moral del relativismo cultural… Todas las naciones aceptan formalmente que la tortura, la violación, las masacres y las deportaciones por la fuerza constituyen una vulneración del derecho internacional humanitario”. Quizás apenas se está construyendo la nueva legalidad para el mundo que viene. Pero no hay duda de que los derechos humanos son imprescindibles y no una idea imperialista de Occidente.    n