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La visita

Por Sergio Sarmiento

La visita de 48 horas del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, entre el 12 y el 14 de junio, vino a remover viejas heridas y a abrir nuevos debates. Salinas afirmó que su visita era personal: que había sido motivada por su deseo de visitar a su padre enfermo y de asistir al examen profesional de su hijo Carlos Emiliano. Pero al conceder cuatro entrevistas —dos de televisión y dos de periódico— y organizar una conferencia de prensa, el ex presidente no dejó dudas de que buscaba también lanzar un mensaje a los mexicanos.

Su mensaje en realidad no contenía información nueva. Pero el simple hecho de que Salinas lo ofreciera en México y en las pantallas de la televisión, en la que alcanzó ratings muy altos, le daba una relevancia especial.

Salinas defendió el desempeño de su gobierno y señaló que, al cierre de su administración, se registraban buenas cifras económicas. Por implicación reiteró que la crisis económica había sido un producto del gobierno de Ernesto Zedillo y no del suyo.

El ex mandatario subrayó su convicción de que su hermano Raúl es inocente en el caso del homicidio de José Francisco Ruiz Massieu, aun cuando recalcó que Raúl tiene que dar una explicación a los mexicanos sobre el origen y destino de los recursos multimillonarios acumulados en sus cuentas bancarias que, dijo, él no conoció cuando era presidente.

Salinas señaló también que se retira de la trinchera política, pero que continuará reflexionando sobre las grandes tendencias de la política y la economía en foros intelectuales. Dijo, de hecho, que continúa meditando sobre aquellas medidas que se tomaron en su sexenio y que generaron problemas posteriores.

Además de estos mensajes patentes había otro quizá más importante para el propio Salinas pero menos evidente. El ex presidente ha expresado en varias ocasiones su deseo de radicar en México en algún futuro no especificado, seguramente en el próximo sexenio. Pero hasta hace poco esto parecía imposible.

Las entrevistas y la cobertura de la visita generaron en un principio un alud de llamadas a la radio y la televisión en contra del ex presidente. Pero los cuestionamientos se volvieron menos nutridos con el paso de las horas.

José Cárdenas, en su programa radiofónico en Radio Fórmula, abrió sus teléfonos al público para que expresara, en un simple sí o no, su aprobación o desagrado ante la visita de Salinas. Alrededor de 75% de la gente, dijo, se pronunció en contra de la visita. Este es un porcentaje muy alto para un presidente que durante su gobierno mantuvo uno de los índices de aprobación más importantes de cualquier presidente. Pero no tanto si consideramos el grado de impopularidad que llegó a tener.

En 1996 Salinas registraba índices de aprobación de alrededor de un 2%. Para que tengamos una idea de lo que esto significa, Daniel Arizmendi, el Mochaorejas, registraba una popularidad similar en el momento de su arresto en 1998.

Una encuesta telefónica del periódico Reforma realizada el 13 de junio, el día posterior a la llegada de Salinas, señalaba que el 10% de los entrevistados tenía una opinión positiva del ex presidente, 12 por ciento manifestaban una opinión regular y 71 % mala. El 7% de los entrevistados declaró que no tenía opinión o no contestó. Estas cifras son similares a las que arrojó una encuesta, también telefónica, de TV Azteca los días 14 y 15 de junio.

Mucho se había dicho que Salinas no podía regresar a México porque sería linchado físicamente por la población. De hecho, no deja de ser significativo que la delegada política de Coyoacán, Laura Itzel Castillo, diera a conocer un controvertido desplegado en el que declaraba visitante non grato a Salinas y en el que decía que no distraería personal de seguridad para protegerlo, lo que algunos interpretaron precisamente como una invitación a ese linchamiento.

Sin embargo, Salinas fue objeto de un solo ataque durante su estancia. Al salir de la casa en Coyoacán donde dio las entrevistas de televisión y ofreció la conferencia de prensa, su camioneta fue golpeada y pintarrajeada con aerosol por un grupo de manifestantes. Los informes periodísticos, sin embargo, hablan de un grupo de apenas 8 a 20 manifestantes, muchos de ellos reconocidos militantes perredistas: Jesusa Rodríguez, Superbarrio (aparentemente Marco Rascón, quien había pasado por el lugar minutos antes), Nuria Fernández y otros. No se manifestó así el tipo de linchamiento físico popular que algunos habían previsto.

Salinas pareció tomar por sorpresa a las autoridades federales y a los dirigentes del PRI, inmersos en el proceso de selección del candidato presidencial del año 2000. Sabemos que Salinas informó a las autoridades, al parecer un día antes, que se aprestaba a ingresar a México. El día de las entrevistas y la conferencia de prensa el presidente Zedillo salió, en un viaje que algunos medios caracterizaron como no programado, a la ciudad de Guadalajara. Las primeras declaraciones del presidente del PRI, José Antonio González Fernández, señalaron que el ex presidente tenía todo el derecho a visitar el país si así lo deseaba. Pero tanto el presidente Zedillo como el dirigente del PRI cuestionaron después de la salida de Salinas las críticas veladas que éste hizo a la política económica posterior al cambio de gobierno.

Al final Salinas demostró que todavía genera fuertes emociones entre los mexicanos. El odio en su contra, sin embargo, ya no parece ser tan fuerte como lo era hace apenas algunos años. Aparentemente Salinas podría regresar al país, si así lo quisiera, al terminar el actual sexenio o empezar el siguiente. Pero cualquier intento de retorno a la política, con un índice de impopularidad que llega todavía al 75%, se antoja sumamente improbable.    n

Sergio Sarmiento. Periodista. Colaborador del diario Reforma y conductor del programa La entrevista con Sarmiento de TV Azteca.