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Chequeras

Un lugar común cunde entre los futbolati: «los equipos no se hacen con la chequera». Se dice esto en atención a que los dos finalistas del minicampeonato pasado —o macroliguilla «de verano»—, Atlas y Toluca, fueron equipos que no invirtieron cantidades millonarias en sus jugadores y, sin embargo, obtuvieron resultados tan buenos que ahora hasta tienen jugadores para que otros abran sus chequeras. Esto no es cierto. Los equipos se hacen con la chequera, pero bien hecha, o bien usada, la chequera. Vayamos con el caso del América. El América lleva años sin entender que ya usó la chequera del mejor modo en sus «fuerzas básicas» y que tiene ahí una «cantera» que en nada envidiaría a la de Pumas o a la del Atlas. El problema es que el América no se dedica a «eso»; a ser consecuente con la inversión en su cantera y a sacarle jugo al tiempo debido. (Incluso el juego elemental de no dejar ir a americanistas del club, cuando se han retirado: Alfredo Tena, el caso más visible, quien ahora debía estar de entrenador en el América.) En cambio, el América sigue incurriendo en prácticas que, históricamente, jamás le han redituado: la contratación «del otro» nomás porque «el otro» lo tiene y «en el otro lado» funcionó bien. El fracaso más reciente y notorio es el de Ramón Ramírez. Corren vientos periodísticos según los cuales el América está a punto de «jalarse» a Aguinaga, el jugador del Necaxa. Sería otro error más de chequera o de «antojo del dueño». El América necesita volver a lo que le ha funcionado históricamente: un par de contrataciones extranjeras de «bajo perfil», que luego y con el tiempo se hacen estrellas (Reinoso, Hodge, Brailovski, Outes, Baca, Biyik, Kalusha). O bien, intentar un torneo con diez mexicanos surgidos de fuerzas básicas —entre ellos Terrazas, Cuauhtémoc Blanco, Sánchez Yacuta, Ignacio Hierro, Edson Astivia, Lara, Capetillo, y los que vengan— y sacar la chequera sólo para obtener a un gran —o un eficiente— número 10 extranjero que mueva al equipo. El América debería jugar hoy con diez mexicanos «suyos» y un argentino, medio ofensivo, que hoy juega en el River Píate y se llama Marcelo Gallardo.

—Johannes Burgos