Según la revista Forbes, la fortuna de Ricardo Salinas Pliego suma 5.8 mil millones de dólares, y él ocupa el lugar 705 en la lista de los más ricos del mundo. Bloomberg, por otro lado, lo tasa en 8.27 mil millones de dólares, colocándolo en el número 449 de la lista. Estos, por supuesto, no son los únicos en discrepar alrededor de los números de Salinas. Hasta hace pocos meses, Hacienda insistía en que el empresario debía 63 000 millones de pesos en impuestos entre 2008 y 2012, mientras que él afirmaba que el adeudo no llegaba a 2 000 millones, y que era causado no por dolo sino por cambios en la ley alrededor del régimen de consolidación fiscal que, hasta 2013, permitía diferir el pago del Impuesto Sobre la Renta entre las subsidiarias de un mismo grupo empresarial.
La primera empresa de la familia Salinas se fundó en Monterrey, a finales del siglo XX, cuando Benjamín Salinas Westrup abrió una fábrica de colchones y camas de fierro que ensamblaba material de desecho de la Fundidora Monterrey. De raíces protestantes, su condición de migrantes y su ética de trabajo luterana pronto les rindió frutos. Con las ganancias de su fábrica de camas, en diciembre de 1917, Salinas Westrup se asoció con su cuñado, Joel Rocha Barocio, para fundar la mueblería Salinas y Rocha, por muchos años un referente en los hogares regiomontanos. Cuarenta años después, su hijo Hugo Salinas Rocha, abriría la tienda de transmisores, radios y enseres electrodomésticos Elektra.

Pero a Ricardo Salinas Pliego, nieto de Salinas Rocha y director del grupo desde 1987, no le bastó ser comerciante. En 1993 encabezó un grupo de inversionistas que, gracias a la ola de privatizaciones del gobierno de Carlos Salinas, adquirió la mayoría de las repetidoras nacionales y locales de lo que antes fuera el Instituto Mexicano de la Televisión, conocido como Imevisión, para lanzar Televisión Azteca. En octubre del 2002 Vicente Fox cortaría el listón de Banco Azteca, cuyas primeras sucursales vieron la luz al interior de las tiendas Elektra, Salinas y Rocha y Bodega de Remates, en un modelo de negocios imbatible: prestaban, con intereses, dinero que muchas veces sus clientes les regresaban en caliente al comprarles planchas, lavadoras y televisoras en abonos.
Ricardo pronto sumaría a su cartera una aseguradora, la telefónica Iusacell —luego vendida a AT&T—, una exitosa fábrica de motocicletas, un fallido proyecto automotriz, la toma por la brava de las instalaciones del Canal 40, la multa de más de siete millones de dólares y la inhabilitación por parte de la bolsa gringa alrededor de Unefon, la denuncia en Nueva York por el impago de casi 600 millones de dólares en emisión de deuda, sus posturas irresponsables alrededor del covid, su temprano apoyo al candidato López Obrador, a quien le abrió todas sus plataformas noticiosas y, finalmente, sus luchas en lodo con AMLO por desavenencias alrededor de su adeudo fiscal.
La destrucción de la pragmática alianza entre el populista y el empresario se da cuando, luego de largos litigios, en enero del 2022 la Suprema Corte le ordenó a Grupo Elektra el pago de 2 mil 626 millones de pesos. Salinas se negó, atacando a la Corte, y apeló a la cercanía con López Obrador para buscar revertir o suavizar el fallo. Como dijo en una entrevista con Mario Maldonado en el verano del 2025: “Los tramposos del SAT nos quieren cobrar el doble. Entonces yo pensé que siendo el amigo de López íbamos a poder llegar a un acuerdo razonable”. Esa cuerda floja se mantuvo hasta el 20 de marzo de 2024, cuando el expresidente reventó lo que quedaba de esa alianza, al anunciar en la mañanera que el adeudo del grupo Salinas había llegado a los 63 mil millones de pesos, 74 mil con multas y recargos.
Hacienda aceptó a fines del 2025 un pago de 32 mil 132 millones de pesos, de los cuales 10 mil 400 fueron entregados este enero. Lo demás será solventado en 18 abonos chiquitos. Pero la relación entre el movimiento de López Obrador y Salinas Pliego ha quedado irreparablemente rota: “Andrés Manuel me engañó y yo no me di cuenta hasta que era muy tarde… es capaz de mentir lo que sea con tal de lograr sus propósitos, nos mintió en todo”, afirmó Salinas. Además, de forma reciente, le preguntaron de su relación con Jeffrey Epstein, y mencionó:
No, no fui amigo de Epstein; sí coincidimos en la misma cena una vez, pero nada más. De quien sí dije que era mi amigo, y me avergüenzo porque le ayudé mucho, comimos juntos y nos reunimos cientos de veces, es el Peje… Ya le he ofrecido disculpas a México, pero siempre estaré avergonzado de haberlo llamado amigo, es un inepto corrupto y resentido en contra de todos los que hemos logrado lo que él nunca pudo lograr y sigue empeñado en destruir cualquier progreso.
No sabemos en qué momento el comerciante devenido empresario y luego magnate comenzó a soñar con ser político. Quizá cuando acusó al Estado mexicano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por “persecución política”. Quizá cuando sus insultos bastaron para granjearse una copiosa y positiva respuesta popular a quien gusta de hacerse llamar “el tío Richie”, por ese mote de cariño que en el norte se le da a los adultos cercanos, queridos y respetados, sean o no familia. No se requiere demasiada imaginación para ver los paralelismos, superficiales y no, entre Salinas y Javier Milei, o entre el regio y el mismo Trump.
Tampoco para entender que la oposición en México está comatosa; lo estaba antes, cuando en el país aún existían ciertos contrapesos democráticos y un Instituto Electoral independiente, instancias que antes garantizaban la alternancia a través del sistema tradicional de partidos ahora se han secado ante los embates de la aplanadora morenista. En contextos sociales y políticos así, la abundante cartera del empresario, su imprudencia natural, su pragmatismo descarnado, su facilidad para el insulto y el golpe mediático lo convierten en la única oposición capaz de darle verdaderos dolores de cabeza a las fichas en Palacio de camino al 2030.
Salinas no se ha pronunciado de manera formal, pero sus acciones hablan fuerte y claro: allí está su generoso fondeo a periodistas, instituciones y proyectos de comunicación críticos; las dos recientes celebraciones por su cumpleaños en octubre; una, más privada, en su hacienda en Malinalco, donde dijo ante apoteósicos aplausos: “creo que es momento de otro reto, entrar en otra etapa […] Es hora de sacar a los zurdos de mierda y mandarlos a chingar a su madre”, y la otra, donde más de 20 000 ciudadanos se dieron cita en la Arena de la Ciudad de México entre rifas, regalos y botana, a ver un espectáculo que comenzó burlándose de la relación entre la senadora Andrea Chávez y el ex coordinador Adán Augusto López, y terminó mostrando a diversos personajes de Morena enfundados en botargas de ratas, con actores caracterizados como la familia de López Obrador rodeada de sicarios, todo enmarcado por imágenes gigantes del siempre sonriente “Tío Richie”. No faltó, por supuesto, el coro de “¡Presidente, presidente!”.
No que en México eso importe mucho, pero Salinas parece apostarle a esa polarización que tan bien le sirvió a López Obrador y a su sucesora, inclinándose por los insultos sobre las propuestas. Su visión de Estado parece emanar de los clichés de la clase alta norteña. Tampoco está claro su apego al Estado de derecho cuando no le favorece. Pero, nos guste o no, es una de las voces que hoy le hace contrapeso a la aplanadora guinda: los partidos tradicionales están atrofiados, los legisladores o gobernadores de oposición que se atreven a alzar la voz lo hacen apenas de forma testimonial, los empresarios se han vuelto cómplices o han elegido agachar la cabeza; la intelectualidad y los medios están acogotados y censurados o en plataformas con poco eco entre la población general.
¿Qué va a hacer Salinas con ese megáfono estridente con el que parece haber elegido retar al poder que tan mal le pagó? ¿Va a lanzarse él, como antes lo hicieron Milei y Berlusconi? El PAN ya levantó la mano, y él tiene cercanía con el Verde, pues su hija fue senadora entre el 2012 y el 2018. ¿Va a impulsar a algún sucedáneo, a través de la compra o renta de algún partido dispuesto? No podemos saberlo. Lo que está claro es que Ricardo Salinas Pliego es, en los hechos, la única oposición con dientes que hay. Lo que eso dice de nosotros como país es tema para otro texto.
Roberta Garza
Articulista. Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en Nexos y Milenio