¿Pronunciamiento o Revolución?

Cuando cambia un régimen una de las batallas que se libra en la sociedad es la de los significados. Se trata de un conflicto semántico que involucra tanto a los contemporáneos cuanto a la historiografía posterior. De esta manera una rebelión exitosa será recordada como una guerra de independencia mientras que otra fallida se vuelve apenas una insurrección. Para los mexicanos el conflicto de 1847 fue una intervención norteamericana, mientras que para nuestros vecinos del norte fue la guerra mexicano-americana. La palabra “régimen” también ha entrado en un momento de inestabilidad semántica. ¿Qué significa? Según algunos autores “régimen” se emplea para referirse a las reglas del juego para obtener y ejercer el poder político. Los regímenes pueden clasificarse a partir de la identidad de quiénes ostentan el poder. La palabra en ocasiones también refiere a la relación entre gobernantes y gobernados.1 Esa vaguedad conceptual, por ejemplo, es la que permite hablar del “régimen de la transición”. Régimen también puede ser el sistema político por el que se rige una nación: democracia, autocracia, etcétera. Estas discusiones tienen evidentemente una dimensión actual, como lo demuestra la discusión sobre el significado de palabras como democracia, dictadura y autocracia. Sin embargo, también involucran al pasado. Por ejemplo, hace poco tiempo discutía con mi amigo el historiador Carlos Tello Díaz sobre cuál era el nombre correcto que debíamos darle a la rebelión de Tuxtepec que en 1876 puso en el poder a Porfirio Díaz. La discusión inició en una tertulia de amigos, pero luego continuó a través de correos electrónicos e involucró a otros historiadores.

Belén García Monroy

Carlos sostiene que aquella rebelión fue una revolución, primero, porque así le llamaron los actores políticos contemporáneos y porque, a pesar de que el término tenía entonces una connotación más bien negativa, “conservaba su sentido de reivindicación social”. Tuxtepec “no representó una fractura del Estado, como los pronunciamientos clásicos del siglo XIX, y como de alguna manera la propia rebelión de La Noria. Los dirigentes de la revolución de Tuxtepec, sin excepción, empezando por el propio Díaz, no tenían entonces grado militar ni mando de tropas”. Finalmente, la rebelión de Díaz involucró al pueblo, “como la rebelión de Ayutla y a diferencia de las innumerables ‘revoluciones’ que aparecían y desaparecían entonces”. Para Tello Díaz, “con ese ejército popular y revolucionario, mal armado, mal municionado, mal uniformado, mal disciplinado”, Díaz logró derrotar al ejército regular que sostenía la reelección de Lerdo en la batalla de Tecoac.

Por mi parte, creo que Tuxtepec fue un pronunciamiento de los que abundaron en el siglo XIX mexicano. ¿Cómo recordaríamos a Tuxtepec, si Díaz hubiera fallado por segunda ocasión? Los pronunciamientos tuvieron una gran diversidad y muchos de ellos no eran principalmente militares, como ha ilustrado muy bien Will Fowler en su libro sobre el tema.2 Para Fowler los pronunciamientos eran “una práctica insurreccional que buscaba negociar a base de proclamas, peticiones y amenazas, y cuyo éxito dependía de las constelaciones de actas de adhesión que pudiera provocar”. Su forma evolucionó a lo largo de la primera mitad del siglo XIX. El pronunciamiento pasó de ser “una herramienta de negociación (intimidatoria) que usaron militares y civiles en la década de los 1820 a ser un recurso extendido y popular en los 1830”, para acabar convirtiéndose “más bien en un golpe de Estado, en la década de los 1840”. Para Fowler, “el fenómeno del pronunciamiento ‘clásico’ terminó con la Guerra de Tres Años. Ya las insurrecciones que vinieron después, aunque conservaran aspectos del pronunciamiento (por ejemplo, el plan, la proclama, etcétera), fueron más bien golpes de Estado o rebeliones/revoluciones”.

Tal vez, el sentido común es que las revoluciones son eventos transformadores en los cuales la violencia alcanza a todas las clases sociales y cuyo resultado es un cambio del sistema político. La revolución de Ayutla culminó en un cambio del sistema político pues condujo a la instauración de la Constitución de 1857. En cambio, Tuxtepec fue un conflicto entre los liberales que llevó a un cambio de gobierno, pero no del sistema. Aunque tal vez Tello Díaz tenga razón al final porque, con perspectiva, podemos afirmar que el producto de Tuxtepec, el Porfiriato, implicó a la larga un nuevo régimen, es decir, un cambio profundo en las reglas para obtener y ejercer el poder político que sólo terminaría en 1910.

José Antonio Aguilar Rivera

Profesor investigador en la División de Estudios Políticos del CIDE

1 Cianetti, L.; Del Panta, G., y Owen, C. “What Is a ‘Regime’? Three Definitions and Their Implications for the Future of Regime Studies”, Democratization 32 (8), 1972–94. doi:10.1080/13510347.2025.2483418, 2025.

2 Fowler, W. The Pronunciamiento in the Age of Santa Anna, 1821–1858, University of Nebraska Press, 2016.

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Publicado en: 2026 Febrero, Panóptico

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