A Mary de Rachewiltz, hija de Ezra Pound,
quien cumplió 100 años en verano de 2025.
El nombre de Ezra Pound todavía ilumina. Emana una poderosa luz que deslumbra o ciega. Como farol en un acantilado frente al mar, manda señales. Algunos las reciben con alegría; otros, las pasan por alto o la desprecian. Egregios seguidores o feroces detractores que emiten un acopio de interjecciones e improperios. Inacabable debate. Se ha cumplido el 140 aniversario de su nacimiento y los 53 años de su muerte. El balance del dictamen sobre su persona y su obra es difícil. En este caso, “Let the wind speak”, como él mismo habría escrito en uno de sus últimos Cantos (con lo que Juan Carlos Onetti tituló una de sus novelas: Dejemos hablar al viento).
No obstante, a casi un siglo de su aparición, Personae (1926) continúa siendo un libro admirable. El sistema arterial de sus versos fluye sin mengua. Renovó senderos arcanos para lectores y lectoras de Hispanoamérica. Evoco algunos que he registrado.
Pound cultivó la veta epigramática latina con eficacia y concisión. Ernesto Cardenal y José Coronel Urtecho publicaron sus primeras traducciones de textos del viejo Ezra en la revista Cultura de El Salvador en 1961. Ese mismo año aparecieron los notables Epigramas del sacerdotenicaragüense, nacido en Granada en 1925 (otro centenario reciente). En otras latitudes, inspirado en “Homenaje a Sexto Propercio”, Rodolfo Hinostroza dejó en Contra Natura (1971) algunos de los más memorables poemas contra el poder. Parteaguas en la poesía peruana y momento estelar. En México, Héctor Carreto reivindicó esta tradiciónen Vigencia del epigrama (2006). Reunió a 58 poetas que se adhieren a ese lúdico ejercicio poético que explora la logopea o “la danza del intelecto entre las palabras”.
Uncle Ez fue un consistente arqueólogo de literaturas ajenas. Reflexionó y tradujo copiosamente la melopea de los poetas provenzales. En España, Martín de Riquer, medievalista catalán, empezó por traducir a Bernard de Ventadorn en 1940, labor que cristalizó décadas después en Los trovadores: historia literaria y textos (1975), tres volúmenes indispensables para acercarse a la lírica provenzal en castellano y que heredamos con felicidad. Pound también nos motivó a mirar hacia Asia y revisar la fanopea de la poesía china. La Breve antología de la poesía china (1948), que seleccionó, prologó y tradujo Marcela de Juan (Ma Ce Hwuang, su nombre original), se acrecentó en la Segunda antología de la poesía china (1962), y en las subsiguientes ediciones, inigualables. Estas traducciones recorrieron las ávidas manos de miles de jóvenes universitarios de aquella época, deslumbrados, como Pound lo había hecho para el idioma inglés, ante aquella lírica, de suave y refinada perfección.
Los Cantos, que cubrieron casi medio siglo del trabajo de Pound, siguen siendo un libro incomparable, de consulta continua y lectura fugaz. La mejor recomendación para acercarse a ellos se la escuché a James Laughlin en una conferencia en Ann Arbor, Michigan, por los años ochenta del siglo pasado: “Antes de acostarse, debemos abrir el libro por donde sea. Dos cosas pueden suceder, o bien te quedas dormido antes de cinco minutos o no puedes dormir en toda la noche”. Así de fácil, así de difícil. Un lector o una lectora tenaz puede embarcarse en el Cántico cósmico (1989)de Ernesto Cardenal y navegar una de sus más lúcidas obras, que emula con éxito el método del opus poundiano. Un libro deslumbrante, de 43 amplias cantigas, que ayuda a desentrañar y comprender las peripecias y acrobacias del poeta oriundo de Idaho.
Me parece que el nombre de un volumen de los cantos, Rock-Drill, Taladro de roca, con su punta de diamante, cifra la idea que queremos transmitir aquí. La obra de Ezra Pound se incrustó en lugares extraños y lejanos. Algunos duros e inhóspitos. Dejó huellas insospechadas. Es una mina llena de tesoros literarios. Luminosos e inolvidables. Hay que escarbar, con rigor y sin prejuicios, hasta hallar piedras preciosas en forma de poemas o fragmentos de poesía. Pedazos de luz que se alojan en la memoria por mucho tiempo. Y no se van.

Tres poemas
Esta antología es un libro entrañable y apropiado
para un hombre que sólo murió en su cuerpo.
Jim Harrison
El azar objetivo y el hábito de repasar anaqueles me llevó a la biblioteca de Bancroft en UC Berkeley. Me encontré con una joya de papel que latía allí desde hace casi cuarenta años. Un espigado volumen llamado What Thou Lovest Well Remains.1 100 Years of Ezra Pound (Limberlost Press, 1986), editado por Richard Ardinger, que reúne fotos, poemas y ensayos celebrando el centenario del poeta. La soledad de sus páginas me indicó que al parecer nadie lo había abierto. Ahí dormía, sedentario, al alcance de mis dedos. Comparto, en traducción al español, tres de los poemas que aparecen en ese homenaje en honor de Old Ezra. Singularmente, los tres ejemplos demuestran la influencia de il miglior fabbro en su técnica, en su método de citar e incorporar autores de manera diacrónica, y en la presentación directa del asunto. Difícil verter la música verbal del idioma inglés, centrado en sonidos consonantes y verbos onomatopoéticos, a la melodía vocálica del español. Lo hemos intentado. Juzguen ustedes.
John Tytell. De nacionalidad estadunidense, nació en Amberes, Bélgica, en 1939. Profesor emérito del Departamento de Inglés de City University of New York (CUNY). Es autor de Ezra Pound. A Solitary Vulcano, (Doubleday, Nueva York, 1987).Su trabajo se centra en la generación Beat y en sus exponentes más importantes: Jack Kerouac, Allen Ginsberg, William S. Burroughs. Su libro, Naked Angels. The Life and Literature of the Beat Generation (Mc Graw-Hill, 1976) ha tenido múltiples ediciones.
En el poema “To Ezra Pound in Heaven” se cita directamente la línea 266 de “Hugh Selwyn Mauberley”, poema-testamento del Pound que dejaba Inglaterra. Alude a la condición solitaria de Mauberley, quien ha pasado mucho tiempo inmerso en su “fantasmagoría”, o el mundo de ilusiones de la noche o las sombras “de viento armado”, que diría Góngora. La “NUKTIS AGALMA” se refiere a una “joya de la noche”. M. Teste, de Paul Valéry (quien al igual que Pound nació un 30 de octubre de 1871), amaba también la circunnavegación de la noche. Juan Arabia, asiduo traductor de Uncle Ezra, sugiere que los Bullmenian literati constituyen una referencia sesgada al círculo de Bloomsbury, cuya exponente principal fue Virginia Woolf, y a quien no le agradaba demasiado el irreverente poeta americano. K. K Ruthven y Robert Fry coinciden con esta interpretación.
A EZRA POUND EN EL CIELO
¡Flores de chabacano ondulando de este a oeste!
Su locura por contenerlas.
Ezra encontró la conexión eterna,
el dínamo antiguo
la intersección
de la cima de la montaña y el sol
origen de la Palabra:
como señal
como fuente
de imágenes partidas en el aire
vórtice en el vacío
algún ballet de energía pura
como delfines danzantes
o golondrinas a la luz del sol
ese punto inmóvil
donde el vacío se convierte en forma.
Tales actos heroicos de locura entre amargas mentiras.
La transparencia engrasada del lenguaje podrido
y Ezra como Jeremías:
“el ojo sin párpados que ama el sol”
y vive para ver lo que es tal como es.
“Arsénico verde untado en una tela blanca de color clara de huevo”
por la pálida carnicería de ramas de olivo deshojadas.
No hay ceguera entre los videntes.
Los intrincados pasillos de la historia como un laberinto esotérico
como pesadilla de Dédalo:
NUKTIS’AGALMA
apariciones, purgas de terrores comunes,
sólo el odio de la alusión
para los Bulmenian literati
y los muertos en vida.
¿Así que él les responde con flores de chabacano?
Oh, destrocen sus metrónomos,
canten al son de la música de aliento natural
y bailen
los pasos enjoyados
de sus canciones.2
James Laughlin. Nació en Pittsburgh, Pensilvania, el 30 de octubre de 1914 (el mismo día que Pound, veintinueve años más tarde). Acudió varias veces a la Ezuversity, en Italia, y pasó muchas temporadas con su maestro. Fue uno de sus más destacados discípulos y amigos. Su padre era un prominente acerero de Pittsburgh. Al graduarse, le regaló $100 000 dólares. Por consejo de Pound, fundó New Directions, una de las más prestigiosas editoriales estadunidenses del siglo XX. Hoy continúa publicando importantes obras desde 80 Eight Avenue, Nueva York. James Laughlin murió el 12 de noviembre de 1987, a la edad de 83 años, por complicaciones del corazón. Dedicó varios poemas a su profesor y compañero de largas caminatas por los acantilados de Rapallo, como “Like Him I Need the Past”, inspirado en sus lecciones.
COMO ÉL YO NECESITO EL PASADO
oh, debo tenerlo, me alimento de él
es como la leche materna para mí debo
tener al Preste Juan (o yo-muerto
Mistah Kurtz) debo tener a Bas-
kerville conduciendo su carroza
tirada por leones en las calles de
Birmingham debo traerme a Feddy
de Urbino con la mitad de la nariz
arrancada invitar al Moro El Cid
y Genji traedme a ese joven
y hermoso rey inglés que Ber-
trand lloró no son fantasmas
(a menos que yo sea un fantasma)
voy a ellos y ellos vienen a mí
la lista es larga somos una
alegre y galante compañía.
Este poema es un excelente ejemplo del método poundiano y del trabajo de arqueología literario que recomendaba en múltiples cartas. Laughlin inserta autores y anécdotas de su predilección: la leyenda medieval del preste Juan, el Mistah Kurtz de Joseph Conrad, a John Baskerville, impresor, inventor de dicha tipografía en Birmingham, Inglaterra. Incluye, también, a personajes medievales como al Moro, el Cid, y a Genji, protagonista de la tal vez primera novela conocida, escrita por una mujer, Murasaki Shikibu, en el siglo XI, en Japón: La leyenda de Genji. Asimismo, aparece Bertran de Born, el poeta provenzal, y su friendenemy, amigo y enemigo, Ricardo Corazón de León, duque de Aquitania y rey de Inglaterra. Todos ellos, protagonistas reales (no fantasmas) que viven a través de sus lecturas: “una alegre y galante compañía” de notables eminencias literarias e históricas.

John Clellon Holmes. Nacido en Holyoke, Massachussets en 1926, perteneció a la generación Beat. Se definía más como un “observador” del movimiento y lo documentó. Se le atribuye la primera novela de este grupo, Go (Scribner’s, 1952), donde relata encuentros y aventuras con sus amigos Jack Kerouak, Neal Cassady y Allen Ginsberg. Su obra The Horn (Random House, Nueva York, 1958) se considera la novela del jazz por excelencia. Fue el miembro tranquilo del grupo: the quiet beat. Escribió prosa, poesía y dio clases en varias universidades. Murió en 1988, en Middletown, Connecticut, a los 62 años.
Su poema-homenaje al centenario poeta es un tour de forcé en que incorpora, simbólicamente, a un Pound arrabiato, desgañitándose por cambiar una civilización que él concebía como podrida por la usura. Lo imagina como una especie de Vulcano o un armero medieval, martillando poemas, criticando la estupidez y la ignorancia que lo cercaban. Tras la Segunda Guerra Mundial, derrotado por sus propios “provincialismos” y prejuicios, Pound tuvo que tragarse sus palabras, reconocer su culpa, declararse insano, pasar quince años en Saint Elizabeth, hospital para enfermos mentales, y, al final de su vida, imponerse un silencio férreo. Compararlo con un rey Lear en Venecia es una metáfora feliz. Incluye sus obsesiones, su caída y su grandeza. Uncle Ez, perdiendo su centro en un mundo de dinero, termina, al decir de Clellon Holmes in a nutshell, acuñando canciones, o cantos.
POUND
Voz con un estruendo metálico
sudoroso despotricando como armero
martillando lingotes en sus versos—
Debajo, contramelodía de laúd
gutural, urgente, de ternero lunar
entre los anillos de la cota de malla—
Más tarde, el desconcertado Lear de Venecia
palabras derrochadas en un simple potaje
“estupidez e ignorancia por todas partes—”
terrible cesura al admitir la culpa
luego un silencio elocuente.
Pero primero
paleador de los establos de Augías,
cajero de Esquilo
el lamento fúnebre del poeta en el grito del petrel—
un viento del noroeste
ráfagas de temporales rancios antes de llegar
a las latitudes de la Atlántida—
Nuestro Uncle Ez,
enloquecido por la cultura del dinero,
acuñando cantos.3
Tres poetas ejemplares que aplican con destreza las enseñanzas de Pound y que dejan ver claramente la influencia que irradió en las generaciones que lo sucedieron.
Arturo Dávila
Escritor, poeta y ensayista. Hizo el doctorado en Lenguas y Literaturas Romances por la Universidad de California, Berkeley. Tantos troncos truncos (Casa Vacía, 2020) y También garganta el mar (Casa Vacía, 2023) son sus dos últimos libros de poemas, dentro de la estética neobarroca.
1 Es de un verso de Pound en el Canto 81. A partir de él José Joaquín Blanco hizo una hermosa “Canción de Ezra Pound”: “Lo que mejor has amado/ es tu fortaleza.// Sobrevivirá incluso/ contra ti mismo.// Lo que mejor has amado/ desautorizará a tus enemigos.// Desmentirá incluso/ tus momentos de mala fe.// Sólo estás inerme/ cuando amas con torpeza.// Lo que mejor has amado,/ pese a todo, te define.// Prevalecerá incluso/ sobre las demás definiciones”.
2 Agradezco a Emilio Aguilar Maravillas, profesor de griego, quien me propuso varias traducciones posibles para NUKTIS´AGALMA. Asimismo, a Juan Arabia quien, en mensaje electrónico intercontinental, me sugirió la interpretación de los Bullmenian literati, y mencionó a otros dos escritores que han estudiado el poema.
3 La última línea del poema de John Clellon Holmes describe un Pound coining song. Es decir, lo retrata en una labor contraria a la de un banquero. En vez de estar acuñando “dinero”, lo vemos acuñando una “canción” o “canciones”. Nos permitimos traducirlo como “acuñando cantos”, que redondea la idea del artista antiusura, y en clara referencia a su obra.