Las tarántulas

En Las tarántulas, Elaine Vilar Madruga explora las oscuridades que se expanden como telarañas dentro del interior de cada persona. Cada uno de sus versos constituye alegorías tan profundas como perturbadoras que abonan al carácter fantasmal.

Rosario

cuenta a cuenta
camino
entre los dedos que ya no son dedos
sino derrumbe

la vejez de mi cuerpo
la naranja pelada del rosario
como la vejez de mis ideas

cuenta a cuenta
mis ideas pasan
entre dedos que ya no son más
que representación
de lo roto

por qué rezas por qué rezo

por el camposanto vacío de las ideas
por la vejez de las ideas
por la naranja cruel.




Contracción

todo el silencio del mundo
se encuentra
en mis trompas de falopio
allí también hay vida
pero cada vez menos
cada día
mis trompas de falopio
se parecen más a este silencio
y el silencio
amaestrado y obediente
en su jaula
se confunde con un óvulo

cada mes traigo al mundo
un silencio
con ojos de sangre.


 

El origen del mundo

era la selva un bosque de años abriéndose
como papel deshojado
en la esquina de una circunstancia
yo no sabría decir qué sangre me corre por las venas
si la sangre agujero de un país
o la de un país agujereado
pero era roja
suya y mía
despellejaba el adn que entonces
era solo una palabra conveniente
apócrifa selva dentro de los años

cerca de la alhambra
entre los moros
ahí estuvo ella
cuchillo sobre el filo de otro cuchillo
arrastraba sus uñas
y a cinco niños mocosos
de padres diferentes
era hermosa
como hermosa también fue mi infancia
y amaba a sus hijos
como luego me amaron a mí

yo no sabría decir qué sangre me corre por las venas
allí solo existe un agujero de sentido
pero en las tierras de la alhambra
entre los moros
quién iba a cuestionarle a la mujer cuál es el concepto
de perdurabilidad o trascendencia
dime tú cuál es el concepto si lo sabes
dime tú cómo explicarle
la belleza de la historia
cómo decirle que de esos cinco hijos
solo uno llegaría hasta esta tierra
con cuchillos en los dientes
dime tú cómo puedo anunciarle
que la poesía es más grande
que el propio templo de sus palabras

yo no sé cuál fue mi sangre
quién fue mi agujero
hablar de poesía
es redundante en estos tiempos
como lo fue en los suyos
en esas tierras de la alhambra
donde la mujer arrastró sus ojos
por el desfiladero de la existencia.


 

Aria

nadie duerme
excepto la ciudad deslomada
bostezante
gong nocturno
en la estrella en la estela en la tela del insomnio

la mujer que mañana despertará ojerosa
fregará el látigo contra la piedra
la ropa sucia contra la piedra
la cabeza contra la piedra
mientras la ciudad imperial esplende aceitada

el aria es realmente impresionante
canta la mujer cara de caballo
cuando amanezca limpiará con un palito
los rastros de mierda de la ciudad imperial
que se han incrustado a la tela
solo así la ropa gris
otrora blanca de los menesterosos
se transmutará en la noche bocarriba
panziabierta y mosqueada

en el silencio de la ciudad
ella golpea
la cabeza contra la piedra
su dolor contra la piedra
la belleza contra la piedra
nessun dorma.


 

Las tarántulas

autorretrato pintado al óleo
con la sonrisa torcida a lo gioconda’s style
en un país demasiado grande
lleno de instrumentos quirúrgicos
de tortura o salvación

a la velocidad en que se desplaza el tiempo
por las cuerdas
entre los pies del agujero sonriente
a lo gioconda’s style
se agota la cancioncita triste del nenúfar
sembrado en mi garganta

he aquí que mi autorretrato es
una tarántula sin ojos
que extiende las patas
para sentir cómo pasa el mundo por debajo
cómo pesa el mundo
cuando las palabras ya no alcanzan

  • Elaine Vilar Madruga. Las tarántulas. Concreto: Argentina, 2025.

Elaine Vilar Madruga

Narradora, dramaturga y poeta cubana

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Publicado en: En la mesa