
La contaminación acústica, o lo que de manera cotidiana llamamos ruido, afecta la salud de millones de personas y causa daños irreparables. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como ruido a cualquier tipo de sonido superior a los 65 decibeles (dB) durante el día y 55 dB durante la noche. Ninguna persona es inmune, el oído siempre capta el ruido y el cuerpo reacciona; a diferencia de lo que ocurre con otros sentidos, no contamos con la capacidad de desconectar a voluntad nuestro sistema auditivo. El ruido no sólo nos afecta a nosotros, también a la fauna porque provoca diversos desequilibrios ecológicos.
El crecimiento demográfico, la expansión urbana y la escasa regulación de la contaminación acústica provocan trastornos fisiológicos y psicológicos en millones de personas. La OMS advierte que una de cada cuatro personas presentará problemas auditivos en 2050 y, al menos, 700 millones necesitarán atención otológica y otros tratamientos.
Las principales fuentes de ruido en las ciudades son el tráfico vehicular: automóviles, motocicletas, autobuses y camiones. A esto se suman los sistemas de transporte ferroviario y aéreo, las actividades industriales, comerciales y de construcción que producen ruidos intermitentes pero intensos, así como los eventos sociales o culturales.

La exposición constante al ruido provoca diversos problemas auditivos, como la pérdida auditiva inducida por el ruido (PAIR), tinnitus, hipertensión y enfermedades cardiacas, ya que eleva la presión arterial y aumenta el riesgo de enfermedades como la cardiopatía isquémica. Asimismo, perturba el sueño, afectando el rendimiento cotidiano y la salud mental, pues ocasiona estrés, ansiedad e inestabilidad emocional. Otras consecuencias son los problemas cognitivos porque dificulta la concentración, el aprendizaje y la memoria.

Las afectaciones económicas de la contaminación acústica son considerables, ya que las viviendas ubicadas en zonas ruidosas suelen tener un menor valor de mercado. Otros efectos negativos son el aumento en gastos sanitarios —consultas, tratamientos y hospitalizaciones,—, así como la pérdida de productividad, el ausentismo y la eficiencia en el trabajo. Se estima que 4.3 millones de personas que habitan en ciudades mexicanas están expuestas a niveles inaceptables de ruido a causa del transporte terrestre. Aproximadamente, 46 millones de habitantes urbanos podrían sufrir impactos por el ruido, calculando un costo que asciende a 1692 millones de pesos al año.[3]
A finales de los ochenta, la OMS comenzó a dar recomendaciones sobre las intensidades y los tiempos de exposición. En 1995 publicó las Guías para el ruido urbano[4] y, recientemente, con la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), desarrolló la Norma mundial para la escucha segura en lugares y eventos de entretenimiento.[5]
La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) señala que el 20 % de la población europea está expuesta a niveles de ruido prolongados que son perjudiciales para la salud. Estima que en Europa 12 000 personas fallecen cada año a raíz de problemas de salud derivados del ruido y más de 100 millones están expuestas a niveles que perjudican su salud. Según la AEMA, el ruido ambiental es una de las causas de que 22 millones de personas sufran molestias crónicas y de que 6.5 millones de personas padezcan alteraciones del sueño graves.[6]
Ante este panorama, diversos países han aplicado medidas y acciones como las zonas de silencio, la instalación de barreras acústicas en carreteras y la elaboración de mapas de ruido. A nivel tecnológico se ha impulsando el uso de pavimentos que absorben el sonido, el aislamiento acústico de edificios, el diseño de vehículos más silenciosos, así como nuevos métodos para medir y controlar los niveles de ruido en tiempo real. En el caso del control del tráfico y transporte, algunas ciudades restringen el acceso de vehículos a ciertas áreas o impulsan el uso de transporte público eléctrico y bicicletas. También se está promoviendo la concientización y educación ciudadana con campañas para sensibilizar sobre los efectos nocivos del ruido.
Cada país y ciertas ciudades cuentan con reglamentos y leyes específicas sobre contaminación acústica. En el caso de la normativa europea contra el ruido, basada en la Directiva 2002/49/CE,[7] establece un marco para evaluar, prevenir y reducir la contaminación acústica en los Estados miembros de la UE. La aplican mediante una serie de herramientas y acciones específicas que cada país adapta a su legislación nacional. Los Estados deben elaborar mapas de ruido para áreas urbanas, ejes viales y ferroviarios, así como para aeropuertos con ciertas características. De este modo se identifican las fuentes de ruido más problemáticas y los datos se actualizan cada cinco años. Las ciudades o regiones actúan según lo que revelan esos mapas.
En Colombia, el marco regulatorio se basa en la Resolución 0627 de 2006 del Ministerio de Ambiente[8] y la reciente Ley contra el Ruido (Ley 2450 de 2025),[9] que establecen los niveles máximos permisibles de emisión de ruido e introducen herramientas para su medición y control. Otros países latinoamericanos, como Argentina o Perú, también han adoptado regulaciones específicas.
En México faltan estadísticas y el marco normativo para el control del ruido está disperso entre distintos niveles de gobierno y reglamentos. A nivel federal, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA)[10] establece principios sobre contaminación ambiental, incluyendo la acústica, y se complementa con normas como la NOM-081-SEMARNAT-1994,[11] que fija los límites máximos permisibles.
Sin embargo, la regulación y vigilancia del ruido ambiental recae principalmente en los gobiernos estatales y municipales. Por ejemplo, Jalisco cuenta con el Reglamento de Control de la Contaminación por Ruido para el municipio de Guadalajara,[12] mientras que Nuevo León tiene el Reglamento de Protección al Ambiente del municipio de Monterrey.[13] Asimismo, estados como Yucatán y Querétaro han avanzado en normativas que buscan integrar el ruido dentro de sus políticas ambientales.
En el caso de Ciudad de México, los niveles de ruido superan con frecuencia los 75 decibeles en zonas densamente pobladas. El rediseño del espacio aéreo incrementó la población afectada por el ruido de 1.3 millones a 1.7 millones de habitantes, perjudicando a setenta hospitales y 1923 centros educativos.[14] Ciudad de México cuenta con la Ley Ambiental de Protección a la Tierra,[15] que establece parámetros específicos y faculta a la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) para dictar medidas de control. Ésta se apoya en el Reglamento de la Ley Ambiental y del Código Penal local, que considera el ruido excesivo como una falta administrativa y, en ciertos casos, como delito. Cuenta con un Programa de Ordenamiento de la Zona Metropolitana que incorpora criterios de contaminación acústica en su planeación urbana. Sin embargo, no existe una norma específica para la contaminación acústica en las construcciones.
Esas normativas tan diversas reflejan la falta de una política nacional integral y coordinada con un enfoque que considere la complejidad del asunto y actúe en múltiples escalas. Ante esta falla, se han propuesto una serie de medidas encaminadas a una regulación adecuada del ruido.[16] Primero, crear y aplicar de manera efectiva las leyes y establer reglamentos y mecanismos de fiscalización. En Ciudad de México, la Sedema puede atender denuncias, pero podría fortalecerse con mayores facultades sancionatorias, protocolos de respuesta más eficaces y campañas de sensibilización.
También debe integrarse el componente sonoro en la planificación urbana y en los usos de suelo, así como delimitar zonas sensibles (hospitales, escuelas y viviendas), hacer mapas de ruido y aplicar horarios de restricción. El diseño urbano y la arquitectura acústica deben promover soluciones físicas y ambientales para disminuir el ruido con el diseño del espacio, el uso de materiales fonoabsorbentes y barreras naturales o artificiales.
El transporte y la movilidad sostenible buscan reducir el impacto acústico con flota vehicular más moderna, el uso de medios no motorizados y la regulación del tráfico en zonas densas, alineando esas medidas a la baja de emisiones contaminantes. Es esencial, también, revindicar el derecho al silencio y a un entorno sonoro saludable como parte de la salud física, mental y bienestar colectivo. Pueden crearse “espacios de tranquilidad urbana” y promover el descanso como política pública.
Aunque el ruido es una forma de contaminación menos visible, sus efectos sobre la salud son graves y, en muchos casos, irreversibles. El compromiso de todos es clave para transformar no sólo el entorno acústico, sino también la forma en que habitamos y compartimos los espacios. Mejorar la calidad acústica en nuestras ciudades no es sólo una meta, es una condición esencial para garantizar el derecho a la salud y la calidad de vida.
José Antonio Valdivia Peña
Director de CoRe Ciudades Vivibles y Amables, A. C.
[1] De Gortari, J.; Morfín, M., y Ramos, Z. Contaminación acústica en las ciudades y su relación con la salud, CoRe Ciudades Vivibles y Amables, A. C., 2025, https://coreciudades.com/informes-e-investigaciones/
[2] Idem
[3] Idem
[4] Organización Mundial de la Salud. Guías para el ruido urbano, 1995, https://ocw.unican.es/pluginfile.php/868/course/section/485/Guias%2520para%2520el%2520ruido%2520urbano.pdf
[5] Organización Mundial de la Salud. Norma mundial para la escucha sin riesgos en locales y eventos musicales, 2022, https://iris.who.int/bitstream/handle/10665/363863/9789240051720-spa.pdf?sequence=1
[6] European Environment Agency. “La contaminación acústica es un problema importante, tanto para la salud humana como para el medio ambiente”, 11 de mayo de 2021, https://shorturl.at/xhqva
[7] Directiva 2002/49/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de junio de 2002, sobre evaluación y gestión del ruido ambiental, https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=DOUE-L-2002-81289
[8] Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, Colombia. Resolución número (627), 07 de abril de 2006, https://www.minambiente.gov.co/wp-content/uploads/2021/10/Resolucion-0627-de-2006.pdf
[9] Ley 2450 de 2025 del Congreso de la República de Colombia. Ley contra el ruido, 2025, https://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=175161
[10] Ley general del equilibrio ecológico y la protección al ambiente, última reforma publicada DOF 01-04-2024, https://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGEEPA.pdf
[11] Norma Oficial Mexicana NOM-081-SEMARNAT-1994, que establece los límites máximos permisibles de emisión de ruido de las fuentes fijas y su método de medición, https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5324105&fecha=03/12/2013#gsc.tab=0
[12] Reformas al reglamento para la protección del medio ambiente y cambio climático en el municipio de Guadalajara; al reglamento para el funcionamiento de giros comerciales, industriales y de prestación de servicios en el municipio de Guadalajara; y al reglamento de policía y buen gobierno de Guadalajara. Suplemento, tomo II. Ejemplar 10. Año 102, 25 de marzo de 2019, https://transparencia.guadalajara.gob.mx/sites/default/files/GacetaTomoIIEjemplar10Marzo25-2019.pdf
[13] Reglamento de protección ambiental e imagen urbana de Monterrey, 2023, https://www.monterrey.gob.mx/pdf/dictamenes_cabildo/2023/Dictamen_respecto_a_la_Reforma_al_Reglamento_de_Proteccion_Ambiental_e_Imagen_Urbana_de_Monterrey.pdf
[14] Núñez, J. M. “Vivir con ruido: los afectados del rediseño del espacio aéreo en el valle de México”, 8 de mayo de 2021, https://centrus.ibero.mx/index.php/2021/05/08/vivir-con-ruido-los-afectados-del-rediseno-del-espacio-aereo-en-la-ciudad-de-mexico/
[15] Gaceta Oficial de la Ciudad de México, 18 de julio de 2024, número 1404, https://data.consejeria.cdmx.gob.mx/portal_old/uploads/gacetas/1640aeed568985b08f3c4aca9ac2d6f6.pdf
[16] De Gortari, J.; Morfín, M., y Ramos, Z. Contaminación acústica en las ciudades y su relación con la salud, CoRe Ciudades Vivibles y Amables, A. C., 2025, https://coreciudades.com/informes-e-investigaciones/