Adiós, Arnoldo

Escribiré brevemente acerca de un suceso trágico y no llevado por la cantidad de imágenes y palabras que acuden ahora a mi mente, como consecuencia de tal acontecimiento. Me sirvo un poco de ese filósofo tan olvidado, J. G. Fichte, para sugerir que la vivencia pone en acción al yo personal frente al mundo: lo transforma en arte, sentimiento e incluso en creación de aquello que nombramos lo exterior. Si aludo a Fichte, un idealista de difícil lectura que, como casi todos, continuó a Kant, es sólo para afirmar, como lo hace Rüdiger Safranski en su libro sobre el romanticismo, que uno se aprehende o descubre a sí mismo cuando comprende que no puede ocultarse totalmente en la objetividad.

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