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Lo que bebe el ojo

Artes plásticas

En el Museo Nacional de Antropología se presenta la más grande exposición de arte griego exhibida en México, y que abarca los siglos XII a II a.C.

Quizás habría que situar el origen de la cultura occidental en las aguas del Mediterrneo, pues fue en sus paisajes donde se gestó una zona de intersección que permitió a guerreros y comerciantes crear las condiciones de un nuevo cultivo civilizatorio. El marinero está investido con el atuendo del ministerio. En sus navegaciones hay un deseo de abandonarse en lo imprevisible, de sortear lo azaroso. Tal vez, el destino elegido por los griegos en su conquista de tierras lejanas consistió en afrontar el porvenir. Hacerse a la mar como quien se habitúa a lo desconocido.

De un tiempo a esta parte, el Museo Nacional de Antropología se ha convertido en sede de un programa alternativo a su tradicional esfuerzo por conservar y difundir la cultura precolombina. Ha abierto sus puertas a una serie de exposiciones temporales de importancia excepcional y que han logrado una gran recepción. Hace poco acogió la exposición de la National Gallery de Washington. Ahora se anuncia la más grande exposición de arte griego exhibida en México. En esta magnífica colección pueden admirarse hallazgos arqueológicos que pertenecen a la cultura micénica de las islas en el sur de Italia conquistadas por los griegos.

Esta etapa del arte griego corresponde al periodo de la colonización de las provincias. Con el fin de ocupar nuevas tierras fértiles se inició un largo proceso de conquista de nuevos territorios, orientado principalmente hacia Sicilia y las islas itálicas del sur. Este desplazamiento originó una serie de nuevas ciudades y puertos como Siracusa, Himera, Selinonte y Agrigento. 

La exposición Magna Grecia y Sicilia se compone de una muestra amplia de diversos perfiles y costumbres de la vida que se desarrolló en esas nuevas islas griegas. La galería se divide según se da testimonio de esas costumbres. Abre con el cosmos religioso y cierra con el ritual funerario. Se exhiben fragmentos de las edificaciones de carácter religioso que son muestra de la ordenada planificación de los asentamientos itálicos invadidos por los griegos, donde había una clara división de los espacios urbanos en áreas sagradas, barrios habitacionales, zonas públicas. Destacan, por su ornamentación artística, lugares como los templos y el teatro. Tal parece que era muy común en estas provincias asistir a las representaciones de la tragedia griega. Sin embargo, el gusto local se inclinaba hacia un género cómico, conocido como la farsa fliácica —palabra que proviene de phlyax, que quiere decir actor—. Los estilos dórico y jónico característicos de esta época están presentes en las construcciones insulares, provocando un contraste entre estructuras sólidas e imponentes y columnas delgadas con lujo de detalles decorativos. Los ajuares funerarios son un ejemplo preciso del arte de estos territorios conquistados. En las paredes internas de las tumbas de las familias aristocráticas se realiza un tipo de ornamentación diferente a la costumbre griega. Se suelen decorar con pinturas al fresco. Los motivos iconográficos generalmente son escenas militares, ritos funerarios o sencillos dibujos geométricos, pero se distinguen por el uso de colores como rojo, negro, amarillo y en ocasiones, incluso, azul y verde. Comparten con la tradición de Grecia la ceremonia de cremación e inhumación de los cuerpos, por ello es común observar las cenizas resguardadas en vasijas con adornos, acompañadas de minuciosas ofrendas.

La creación de cerámica de lujo fue otra prueba del avance en la cultura artística insular. La manufactura de recipientes, vasijas, jarras, lámparas de aceite de olivo y demás artículos de uso social adquirió su valor decorativo cuando se comenzó a practicar la técnica de «figuras rojas», de origen ateniense. Esta técnica consiste en delinear las figuras que se dejaran sin pintar en la superficie de la vasija de arcilla rojiza, recubierta por una capa de barniz negro brillante. Se dibujan escenas mitológicas, teatrales o de vida cotidiana. El ceremonial del banquete requería de esta vajilla con una riqueza de imágenes. La exposición de esta variada cerámica artística es una referencia directa a la profunda cultura culinaria de los pueblos griegos, asimismo una evocación de dos divinidades esenciales de la mitología clásica, Dionisios como dios del vino y Atenea como diosa del olivo. Durante esta época surgió un nuevo personaje social en el orden militar griego: el hoplita. Se conservan algunos fragmentos de la indumentaria guerrera, representada con su escudo redondo, casco y coraza de bronce.

La exposición de arte griego Magna Grecia y Sicilia es una colección espléndida, donde se aprecia el grado de perfeccionamiento artístico logrado en los comienzos de la cultura occidental. Un testimonio de que en el arte, como dice Roberto Calasso, «cualquier idea de progreso es refutada por la existencia de la Iliada. La perfección del primer paso hace risible cualquier pretensión de ascensión progresiva».