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El viernes 7 y el domingo 9 de noviembre se llevará a cabo el séptimo conciertode la temporada de otoño de la Orquesta Sinfónica Nacional, en Bellas Artes, con un programa muy variado.

El programa del séptimo concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional incluye la obertura Ruy Blas, de Félix Mendelssohn; el Cuarto concierto para piano, de Ludwig van Beethoven; la obra Reflejos de la noche, de Mario Lavista; y la Quinta sinfonía Reforma, también de Mendelssohn. Enrique Diemecke, director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, cederá la batuta en esta ocasión a su ex alumno Juan Carlos Lomónaco, quien, tras haberse graduado en el Curtis Institute of Music, hizo su debut a los 23 años con la Sinfónica y ahora es su director asistente. Al igual que la mayoría de los músicos mexicanos, este joven violinista y director de orquesta tuvo que realizar sus estudios de perfeccionamiento profesional en el extranjero (en la Universidad de Montreal). Como violinista, Lomónaco ha sido miembro de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, y de la Orquesta Mundial de Juventudes Musicales, entre otras, y durante dos años fue concertino de la Orquesta de Cámara Amadeus y la Orquesta Sinfónica Vida y Movimiento; además obtuvo el Presser Music Award para realizar una gira por México con el Curtis Ensemble grabando un CD, y ha recibido una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes por tres años consecutivos, lo cual le ha proporcionado cierta experiencia que, para otros músicos que empiezan su carrera, es muy difícil adquirir. Por otro lado, el apoyo que le ha brindado Diemecke, nombrándolo director asistente, le ayudará a tener un mejor desarrollo profesional que el de la mayoría.

En este concierto, Lomónaco compartirá el escenario con el pianista Jean-Louis Steuerman, quien ha trabajado como solista al lado de Claudio Abbado y Vladimir Ashkenazy, además de haber sido invitado por varias de las orquestas más famosas y de mayor prestigio a nivel mundial. Su especialidad son las obras del barroco, el clasicismo y el romanticismo, por eso es el intérprete idóneo para este programa. Beethoven marcó el punto final del clasicismo musical y dio inicio al romanticismo, y precisamente en el Cuarto concierto para piano hubo una importantísima innovación: dejó que el piano fuera el primero en romper el silencio, en lugar de la orquesta. Mendelssohn también fue uno de los primeros grandes compositores románticos, y por ello es la mancuerna perfecta para dar inicio —y finalizar— la ocasión, respectivamente, con la obertura Ruy Blas (inspirada en la narración en verso de Víctor Hugo), y la Sinfonía Número 5 en Re mayor, Op. 107, Reforma (que, dice José Alfredo Páramo, «empezó a escribir a los 20 años, con el objeto de celebrar el tercer centenario de la exposición de la doctrina luterana en la Dieta de Habsburgo, en 1530, por parte de Philipp Melanchton, punto clave en la historia de la Iglesia reformada, cuya fe abrazó el compositor, judío de nacimiento»).

Esta vez, la única obra de un mexicano que se interpretará es Reflejos de la noche, que en 1984 realizó Mario Lavista, uno de los más importantes compositores vivos, originalmente para cuarteto de cuerdas (y dedicada al Cuarteto Latinoamericano de Cuerdas). En esta pieza, Lavista quiso «eliminar cualquier sonido real y utilizar únicamente sonidos armónicos, esos ‘polvos mágicos’, reflejos audibles de cada uno de los generadores, que sólo de manera esporádica han aparecido en la música». Como estos sonidos entrañan una inmensa dificultad técnica para los intérpretes, Lavista empleó una forma musical sencilla y fácilmente aprehensible tanto para los ejecutantes como para los oyentes. El título de esta obra alude al poema «Eco», de Xavier Villaurrutia. Lo más interesante, en este caso, será sentir el contraste que hará esta pieza musical contemporánea en medio de los clásicos románticos. En resumen, las partituras estarán en manos de músicos capaces.