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Carlos Castillo Peraza. Periodista. Es autor del libro Disiento.

Decíamos ayer

El 4 de septiembre, la revista italiana Panorama dedicó una parte de su sección «Periscopio» a las «románticas vacaciones veraniegas de Lady Di y Dodi Al Fayed». Se refirió al yate Jonikal, propiedad del rico amante de la princesa, que ancló y fue amarrado en Portofino, a la caminata del muchacho de la película y al «blindaje» de la bella amada bajo cubierta, donde se refugió de fotógrafos y observadores. Del feliz galán, el cronista escribió: «Dodi es el nuevo icono de la generación de árabes rampantes que está mandando al archivo a los pergaminos del planeta. Mundanos, bien educados, excéntricos, gastadores, pero también políglotas y bien educados —en Inglaterra y los Estados Unidos—, los retoños estilo Fayed señorearon las vacaciones vip en la Costa Esmeralda y en la Costa Azul».

Una semana después, la portada del semanario exhibía a toda plana la fotografía medio borrosa del Mercedes Benz en que la pareja se topó con la muerte —placas 588 LTV 75—, injertada con un título color periodismo —amarillo— y tamaño cuarto de página que sólo rezaba Clic. Abajo, una explicación: «Cuando la foto se vuelve un crimen. Hipocresías en torno de la muerte de Diana Spencer».

Marcos primero

¿Por algún momento creyó usted que nuestro chiapaneco Marcos es el primero con tal nombre en el salón de la fama de la clandestinidad armada? Lamento decepcionarlo. La prensa europea acaba de recordar que en agosto de 1947, los griegos escucharon por la frecuencia de Radio Atenas la voz de Markos Vafiadhis. La emisión se sobrepuso a la de la transmisión normal, gracias a la potencia de la radio clandestina Grecia Libre, herramienta de los guerrilleros comunistas que, desde las montañas de Macedonia, declaraban terminada la monarquía —recientemente restaurada entonces vía referéndum— y suprimidos junto con aquélla «los privilegios y los bienes de los grandes capitalistas».

Markos no se encapuchaba con pasamontañas ni con rango de subcomandante: llevaba el rostro al descubierto y se ostentaba como general. No era un barbudo tamaulipeco, sino un helenísimo bigotón. Jamás hizo una tesis en filosofía, pues terminada la primaria ejerció la albañilería, trabajó como mesero, desempeñó el oficio de sacristán y laboró en una tabacalera. Fue miembro del Partido Comunista, dirigió el periódico de éste, fue varias veces a la cárcel y decidió tomar las armas contra alemanes e italianos durante la Segunda Guerra mundial.

Como tuvo que escapar de su país, fue a parar a la URSS. Tal vez por el rumbo en que operaba y por las amistades que cultivó, fue acusado por Moscú de «titoísmo» y expulsado de su partido en 1948. En 1956 recibió perdón y rehabilitación, sólo para ser inmediatamente objeto de una nueva excomunión por «stalinismo». Sus huesos fueron a dar a una fábrica de relojes en los Montes Urales. Regresó a Grecia en 1983 en olor de arrepentimiento y se afilió al PASOK, partido socialista de Andreas Papandreu por el que llegó a una curul de diputado. Murió el 23 de febrero de 1992. Recibió mortuoria despedida de héroe.

La Iglesia catódica

El Papa se adueña de la pantalla chica. París —un millón de jóvenes y todas las cámaras— marcó el inicio. Luego, en la otrora roja Bolonia, más reflectores y más emisiones —Bob Dylan incluido en el elenco— para el Pontífice en el marco del Congreso Eucarístico Nacional de Italia, y también con un público multitudinario in situ. Más tarde fue el turno de Brasil: estadios y campos pletóricos de fieles, no tan fieles y curiosos, cámaras y micrófonos sin cuento ni cuenta.

Es pronto para hablar de cosecha religiosa. Pero ahí están los hechos. Como quiera que sea, habrá que recordar —con Antonio Socci— a Louis Aragon: «Estaba con mis pensamientos cuando, sin que nada me hubiese anunciado su llegada, la primavera entró de improviso en el mundo». El comentarista italiano acota: «La televisión puede hablar de ‘primavera’, pero no puede hacerla irrumpir en el jardín de la casa, ni puede impedir que llegue».

Que hablen los físicos

El libro ha inflado ampollas en Francia y con razón: se trata de una crítica despiadada a los intelectuales franceses de parte de un par de científicos que se llaman Alan Sokal y Jean Bricmont (Impostures intellectuelles, Ed. Odile Jacob), quienes acusan a los nimbados escritores galos de utilizar en forma abusiva e imprecisa el lenguaje de la ciencia. Sus blancos no son menores: Lacan, Deleuze, Kristeva, Baudrillard, Virilio y algunos más —economistas incluidos— que, a juicio de los autores, arrojan sobre los lectores términos cuyo significado ignoran y generan una oscuridad mental que, de paso, les permite pasar por informados e inteligentes.

Imperturbables, Sokal y Bricmont muestran y demuestran que palabras y expresiones como «topología» o «superficies cross-cap» (Sokal señala que, además, Lacan yerra al hablar de cross-cut) generan «confusión mental y actitudes anti-científicas que no son nada de izquierda, como no lo es tampoco la veneración por los ‘grandes intelectuales’ «.

¿Disminuye el sida?

Fabien Gruhier informa en Le Nouvel Observateur que tanto Francia como los Estados Unidos registran una disminución inicial de casos de síndrome de inmunodeficiencia adquirida y que se trata de la primera vez que declina la epidemia desde que comenzó a tomarla en cuenta. En Norteamérica, de 1995 a 1996, los nuevos infectados bajaron de 60,620 a 56,730.

Sin embargo, el sida avanzó 11% en términos de casos acumulados entre esos dos años. La conclusión es alentadora: la baja del periodo que se menciona muestra que los medicamentos que se emplean para combatir el morbo son cada vez más eficaces.

Ecumenismo masónico

Los masones italianos festejaron el equinoccio de otoño. En grande, por cierto, y públicamente, desprovistos de la aureola de discreción bajo la cual suelen actuar. El Gran Maestro del Gran Oriente de Italia (nótese la abundancia de los «gran») organizó un concierto nada menos que en el Cavalieri Hilton de Roma. La música estuvo a cargo de la Orquesta Masónica Sarastro. No se asusten los no iniciados: Sarastro es el personaje de una ópera de la que se dice que su tema es la masonería (La flauta mágica), compuesta por un músico de la confraternidad llamado Wolfgang Amadeus Mozart.

Pero no están los tiempos ni las modas para exclusiones. Si bien la orquesta es de afiliados y su nombre es hijo de la cultura de la escuadra y el compás, el concierto fue de obras ajenas a las logias: Bach, Vivaldi, Hoffmeister y Chaikovsky, célebres compositores que, hasta donde se sabe, no prestaron juramento ni portaron mandil. Pluralismo obliga.

Los límites de la perfección 

Por segunda vez en un año, el escándalo sacude a Suecia y a su famoso Estado-providencia. Resulta que Arne Ruth, editor, publicó los archivos gubernamentales en los que consta que entre 1935 y 1976, más de 60 mil suecas y suecos fueron esterilizados para que sus reales o supuestas enfermedades no pasaran a eventuales hijos que habrían sido una carga excesiva para la «democracia perfecta». Curiosa coincidencia: el mismo periódico —Dagens Nyheter— había dado a conocer el mes de enero que el gobierno sueco se había hecho de oro alemán procedente del tesoro nazi, amontonado vía persecución contra razas «inferiores».

¡Ah, la socialdemocracia perfecta metida en líos por hacer cosas propias de la antidemocracia imperfecta!