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Gran parte de la historia de México ha sido la historia de un vivo conflicto con los Estados Unidos. A 150 años de la guerra en la que perdió más de la mitad de su territorio, México parece haber superado la experiencia traumática y ahora construye una relación bilateral sobre la base de un nuevo entendimiento que parte de reconocer la necesidad de privilegiar el diálogo y la cooperación con los Estados Unidos. Se busca prevenir el conflicto y neutralizar los efectos de los problemas comunes, de manera que ambas naciones capitalicen al máximo los beneficios de la vecindad.

Con este espíritu y con el objeto de disminuir las cicatrices del pasado, en mayo de 1997, durante la visita de Estado a nuestro país, el presidente Clinton homenajeó a los jóvenes mexicanos que murieron frente a las tropas invasoras norteamericanas. Es así como, 150 años después, nos encontramos frente a una nueva presencia estadunidense en Chapultepec, pero esta vez en señal de respeto al patriotismo de aquellos que lucharon en defensa de la soberanía nacional.

Sin embargo, a tres años de haber formalizado la integración de México a Norteamérica —la aprobación del Tratado de Libre Comercio—, el actual acercamiento con los Estados Unidos sigue causando sentimientos de confusión, desconfianza y temor entre la sociedad mexicana. Es decir, la historia de guerra y conflictos aún no desaparece de la memoria de nuestra nación. La percepción de los Estados Unidos como el principal enemigo exterior de la nacionalidad resultó en el surgimiento de un mayor grado de cohesión en nuestro país, sobre todo durante los años clave en los que se funda el Estado mexicano.

Bajo el nuevo régimen democrático, el gobierno de México tiene el reto de generar consenso entre la sociedad mexicana y los distintos actores políticos en torno a la viabilidad, conveniencia y confiabilidad del nuevo entendimiento con nuestro vecino del norte. Este es un reto complejo ya que, por un lado, la historia nos ha demostrado que los Estados Unidos pueden ser socios poco confiables, sobre todo si atraviesan por periodos de crisis interna. Por otro lado, es imposible negar el peso que tienen en nuestra vida en lo interno y lo internacional —sobre todo en el contexto de la política comercial regional y del nuevo equilibrio político resultante del fin de la guerra fría.