Del primitivo asentamiento de casas de cañas y pajas, la ciudad de México fue creciendo y reconstruyéndose varias veces en su historia. Los reyes la embellecían cada uno a su manera, aunque siempre procurando defenderse del medio acuático sobre el que la habían edificado. Uno de los descubrimientos más importantes para la reconstrucción de la ciudad, en tiempos de Ahuizotl, fue “la cantera de la piedra liviana que llaman tezontli” que les sirvió para “terraplenar el suelo del patio del templo de Huitzilopuchtli y levantarlo de piedra y cal”, nos cuenta Torquemada.
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