Auden en Los Ángeles

El 3 de agosto de 1939, W. H. Auden y su pareja, Chester Kallman, llegaron a la estación de tren del Railway Express, en el centro de Los Ángeles. Según recuerda Christopher Isherwood, ambos estaban “desprolijos, sucios y con el mejor de los ánimos posibles”. A lo largo de los próximos años, durante varias visitas a la ciudad californiana, Auden se interesaría por el pacifismo, la espiritualidad y el yoga, colaboraría con Stravinsky, halagaría a Raymond Chandler y sería modelo de David Hockney. Los Ángeles como ciudad formó una parte central, aunque a menudo ignorada, del proceso de americanización de Auden, permitiéndole profundizar en la lengua vernácula del país y los ritmos de la vida cotidiana.

Durante esos años, Isherwood y su amigo Gerald Heard, un filósofo asceta, se movían en el círculo de los Huxley, los Brecht y los seguidores de Swami Prabhavananda, un maestro religioso que vivía en Hollywood Hills y presidía la Sociedad Vedanta de California del Sur —una rama del monacato hindú que, según los Huxley y los Brecht, incomodaba a Auden. A principios de 1930, el poeta inglés había descrito a Prabhavananda en una carta a W. B. Yeats como “el espectáculo deplorable de un hombre adulto que decidió ocuparse con supercherías de magia y otros despropósitos de la India”. A pesar de eso, Auden adoraba a Heard e incluso llegó a visitarlo en su retiro eremita. La visita no salió del todo bien. Según Isherwood, “Gerald comentó más tarde sobre la conducta nerviosa de Auden, su modo de fumar como una chimenea y predijo que terminaría convirtiéndose al catolicismo. Auden acusó a Gerald, como siempre, de ser un maniqueo, de aborrecer la vida”.

A pesar de sus diferencias, Auden terminó abrazando el estilo de vida de sus amigos en el sur de California. Durante su mes en Los Ángeles, su escritura comenzó a redirigirse hacia temas espirituales y metafísicos: reseñó una traducción nueva de las Elegías de Duino de Rilke y escribió un poema llamado “Pascal”, sobre el breve encuentro entre el filósofo y lo sublime. También terminó (o simplemente dejó de escribir) su propia colección de pensées, The Prolific and the Devourer (El prolífico y el devorador), donde reflexiona: “Cada vez resulta más obvio que la medicina ordinaria, la psicología, la gimnástica y la dietética, el misticismo occidental y el yoga oriental son técnicas parciales con el mismo objetivo común”. Cuando regresó a Nueva York en septiembre, Auden continuó haciendo yoga con Tania Kurella Stern, una mujer que estudió “conciencia del cuerpo” en Berlín y que conoció a Christopher Isherwood en Portugal en 1936. Auden, que fumaba continuamente y bebía hasta casi quedarse ciego, terminó por presumir haber “predicado a todo el mundo el Método Kurella”.

Jaque Jours

“Debo volver a N.Y. a principios de sept.”, Auden le escribió a Benjamin Britten en una postal enviada desde Santa Mónica, si bien regresó a Nueva York el 30 de agosto. Allí comenzó a llevar un diario, que sólo se volvió público en el 2013 luego de ser comprado por la British Library. “Hoy volví de California, luego de los once días más felices de mi vida”, anotó en la primera entrada. Dos días más tarde, escribió su poema más famoso, “September 1, 1939” (“1 de septiembre de 1939”). Si bien esta pieza es leída como una respuesta directa a la erupción de la Segunda Guerra Mundial, el diario de Auden sugiere que había seguido las noticias sobre la guerra sólo pasivamente. El lenguaje del poema, en cambio, está inundado de referencias a Los Ángeles, desde sus alusiones a Jung hasta la famosa declaración sobre el poder del amor (“Debemos amarnos los unos a los otros o morir”, que luego fue corregida a “debemos amar al otro y morir”1). La perspectiva de Auden en ese momento no estaba mirando hacia el este en Europa, sino más bien hacia Occidente, a la costa oeste de Estados Unidos.

El siguiente verano, Auden volvió a Los Ángeles en lo que Isherwood llamaría una “visita insatisfactoria”. Luego de su llegada, Isherwood se dio cuenta de que Auden había revertido sus opiniones respecto a una variedad de temas desde su último viaje a la Costa Oeste, como las dietas (“Dijo que preferiría verme drogado antes de verme vegetariano”), el vedanta (“Detestaba las palabras del sánscrito”) y la guerra (“‘Nadie puede ser un pacifista’, dijo, ‘si no están tratando de llevar la vida que lleva Gerald. Lo cierto es que, a mí, me gustaría asesinar gente’”). La pareja intentó tener el mejor viaje posible, cenando con los Huxley y tomando té en Palos Verdes. Heard, por su posición en la Sociedad de Vedanta, comenzó a sacar de quicio a Auden lentamente. Auden mismo polemizó con su religión en “New Year’s Letter” (“Carta de Año Nuevo”), un poema largo que escribió aquel año, en el que criticó a aquellos que “suffer further westward where/ the tolerant Pacific air/ makes logic seem so silly, pain/ subjective” (sufrí más allá en Occidente donde/ el aire pacífico tolerante/ vuelve a la lógica tan tonta y al dolor/ subjetivo).

La próxima visita a Los Ángeles fue en diciembre de 1951, luego de su primer semestre enseñando inglés en la Universidad de Michigan en Ann Arbor. Si bien Auden había buscado trabajo en Michigan para acompañar a Kallman en sus estudios, éste terminó huyendo a Hollywood en el momento en el que el clima se volvió frío en octubre. Tuvieron una riña de amantes, o al menos eso le dijo Auden a Kurella Stern. Kallman fue al oeste a “encontrar su propia vida” pero permaneció en la sombra de Auden, escribiéndole cartas cariñosas que incluían observaciones sardónicas de Los Ángeles y deferenciales pedidos de dinero. Las cartas se preservan hoy en los archivos de Auden en The New York Public Library y en ellas Kallman le pregunta: “¿Vas a venir por estos rumbos en Navidad?”.

Auden se fue a Los Ángeles apenas terminó el semestre. Le dijo al hombre con el que vivía que “quería ir a ver los Thomas Manns”. Se reconcilió con Kallman gracias a la ayuda de su instructor de yoga y los próximos encuentros con Los Ángeles fueron de naturaleza más bien profesional. Stravinsky pagó su viaje en el otoño de 1947 para que Auden colabora con él en su ópera The Rake’s Progress de William Hogarth. Utilizando un mapa dibujado a mano otorgado por el compositor para localizar su casa en las colinas sobre Sunset Strip, Auden apareció en su casa como un “enorme e intelectual sabueso rubio”, según los recuerdos de Stravinsky. Auden traía consigo “un bolso pequeño y una alfombra enorme de cuero, un regalo [para Stravinsky] de parte de una amiga argentina”,  acaso Victoria Ocampo, a quien Stravinsky frecuentó en 1936 durante su visita a Buenos Aires. Durante los diez días que pasaron adaptando el cuento de las obras de Hogarth, Auden dejó una impresión enorme en Stravinsky, a pesar (o quizás por causa) de las “contradicciones en su personalidad” entre la lógica y aquello que Stravinsky señaló como sus “creencias supersticiosas […] en astrología, en los poderes telepáticos de los gatos, en la magia negra […] en la preordinación y el destino”. Stravinsky llegó a pensar que Auden trataba a la poesía, y a todas las formas de arte, como un juego. Años más tarde escribió: “Aún recuerdo algunas de las cosas que me dijo en aquella primera visita […] Se pasaba nuestras conversaciones ofreciendo proposiciones de la escolástica o del psicoanálisis: ‘Los Ángeles son intelecto puro’, ‘Tristán e Isolda eran hijos únicos, sin amor’ […] Todo esto también me parecía parte de su juego”.

En 1950, durante una caminata en Beverly Hills, Stravinsky y Huxley recordaron con sorna a aquel Auden caótico que había llegado a Los Ángeles en 1939, denominándolo “el culto literario a la mugre”. Desde entonces, Auden se había reformado de manera considerable. En 1954 visitó Los Ángeles dos veces, para dar charlas en Occidental College y la Universidad de California, Los Ángeles. Fotos del viaje lo muestran vestido con un traje arrugado, sentado en el piso de la entrada abierta de la casa de Isherwood, entrecerrando los ojos frente al sol de Santa Mónica. Un día, junto con Isherwood y sus dos amantes, Auden se metió a una casilla de fotos y participó de una serie de retratos pueriles. En ellos, la sonrisa de Auden parece forzada en comparación con la de sus amigos.

En marzo de 1963 Auden pasó cinco días con Isherwood mientras viajaba para dar una serie de charlas. “Por supuesto fue una inconveniencia gigantesca. Apestó toda mi casa con humo de cigarrillo y nos obligó a beber una pinta tras otras”, recuerda Isherwood en sus diarios. “Pero él es maravilloso y fuerte”. En su próxima visita a Los Ángeles en febrero de 1967, la ciudad había cambiado. Los disturbios de Watts habían sumergido a la ciudad en una tensión racial intensa y un malestar que no había sido aliviado ni siquiera por la victoria de los L.A. Dodgers en el campeonato de las World Series de aquel año. La ciudad se había expandido hacia el Valle de San Fernando, mientras que el centro de la cultura de Hollywood se había mudado un par de kilómetros hacia el oeste, más allá de “The Boulevard” y hacia Sunset Strip. Laurel Canyon, en donde Heard había vivido como eremita durante la década de 1930, había sido heredado por Neil Young, Joni Mitchell, Jim Morrison y otros líderes de una contracultura mucho más dominante.

Auden también había cambiado. Su fama despegó, haciéndolo participar de situaciones cómicas como la utilización de “September 1, 1939” en una campaña presidencial de Lyndon B. Johnson, para el horror del propio Auden. En las palabras de Edward Mendelson, Auden se encontraba “en el cénit de sus poderes entre 1961-1966”. Isherwood, en sus diarios, escribió que Auden parecía solitario y que estaba bebiendo mucho. “Dijo que estaba cansado y que no quería ver a nadie, excepto a los Stravinsky y a Gerald Heard”. Pero los Stravinsky estaban exhaustos luego de un largo viaje y nadie podía encontrar a Heard. En su agenda, generalmente abarrotada, Auden anotó un solo nombre en su día libre: “Christopher”. Auden se descargó con él a lo largo de una velada emocional: “Después de que bebimos muchas copas, dijo que Chester y Don eran sus únicos amigos reales —a pesar de que conoce a tanta gente. Soltó un par de lágrimas mientras hablaba, lo que me resultó bastante conmovedor […] La mañana siguiente se disculpó conmigo, mientras manejábamos hacia el aeropuerto, por hacer una escena”.
La pérdida, la añoranza y el viaje por delante: aquéllos fueron los temas que Auden había surcado desde su adolescencia precoz. Están presentes en su primer poema, escrito en 1922, cuando Auden tenía 15 años.

But how should I, a poor man dare
To meet so close the full moon’s stare?’
For this I stopped and stood quite still
Then turned with quick steps down that hill.2

El poema tomó su título de un pueblo o una taberna en los West Midlands, en el Reino Unido, por entonces llamada “California”.

Michael Casper

Escritor e historiador. Ensayos suyos han aparecido en The New York Review of Books, The Times Literary Supplement, entre otros.

Traducción de Julia Kornberg

Publicado originalmente en The Times Literary Supplement (Reino Unido), 23 junio de 2023.

 

1 (“We must love one another or die”/ “We must love one another and die”).

2 Pero ¿cómo podría yo, un pobre hombre, atreverme/ A mirar tan de cerca la mirada de la luna llena?/ Para esto me detuve y me quedé bastante quieto/ Luego giré con pasos rápidos colina abajo.

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Publicado en: 2025 Agosto, Crónica