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El reciente traspaso del futbolista mexicano Luis Hernández al equipo argentino Boca Juniors vino acompañado de una esperanza: a diferencia de la suerte que corrió Alberto García Aspe en el River Plate —donde sucumbió a solas en un medio adverso—, Hernández cuenta con el apoyo de Maradona y otros jugadores del Boca Juniors. «El Boca no es el River» ha dicho el mismo Maradona para ratificar que Luis Hernández no será incomprendido o desplazado como García Aspe.

Ojalá sea así. Basta, sin embargo, con verle la cara a Héctor El Bambino Vieira, entrenador de Boca Juniors, para saber que hará todo lo posible porque Luis Hernández no se abra paso en el futbol argentino. El Boca Juniors es un equipo con demasiados jugadores de punta, y es muy improbable que, digamos, Vieira siente en la banca al Mantecas Martínez o a Caniggia para poner a Luis Hernández. Es casi seguro que ni siquiera lo pondrá dos partidos seguidos. Lo meterá y lo sacará en diez minutos si Luis Hernández no anota un gol en ese tiempo. Y si anota un gol en ese tiempo, lo sacará también, como para no «gastarlo».

Espero que de mí no se acuerden a la hora de ver qué ocurrió realmente con el boquense Luis Hernández; espero que esta profecía se cumpla exactamente al revés y que El Matador triunfe en Argentina. Sin embargo, quizá el próximo destino de Hernández, luego de su mal paso por Boca Juniors, sea, para nueva confusión y rabia de los necaxistas, el América de México. No es pesimismo: insisto en que le vean la cara al Bambino Vieira.