Una pequeña Europa Central

Ya a principios de siglo, los emigrantes extranjeros empezaban a conformar un mundo peculiar en la Ciudad de México. El afrancesamiento porfiriano se mezclaba con una hispanidad siempre contundente. Los ingleses introducían el futbol y permanecían con discreción fieles a sus costumbres. Los norteamericanos trataban obsesivamente de hacer negocios. Algunos alemanes y judíos centroeuropeos creaban una cotidianidad misteriosa y, acaso, de cierto exotismo occidental. Se sospechaba que muchos de ellos practicaban el espionaje. Como lo descubrió Friedrich Katz en La guerra secreta en México, no pocos, efectivamente, lo hacían. En la Segunda Guerra mundial, ese mundo extranjero creció y se volvió más enmarañado. Los republicanos españoles se hicieron presentes en las calles y los cafés del centro, los chinos transformaron la calle de Dolores y en ciertas partes de la Condesa surgió una pequeña Europa Central.

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Publicado en: 1997 Septiembre