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El 1 de septiembre de 1928 Plutarco Elías Calles dirigió ante el Congreso de la Unión su último informe presidencial. La muerte de Obregón descomponía el naciente orden político del país. Frente al desconcierto, Calles convocó a la unión revolucionaria y dictó un objetivo: «la falta de caudillos va a permitirnos pasar, de una vez por todas, de la condición histórica de país de un hombre a la de nación de instituciones y leyes». Exigía madurez política predicando con el ejemplo: «nunca y por ninguna consideración[…] volverá el actual Presidente de la República a ocupar esa posición». 

La historia confirma que éstas fueron dos mentiras a medias. Por un lado, fue cierto que se dejó atrás la figura del caudillo vitalicio y nació una nueva etapa política, no la de la ley sino la de su abuso: la monarquía sexenal. Por el otro, Calles no se reeligió, pero ejerció el poder de hecho sobre tres presidentes y dominó el espacio político a través del recién creado PNR. El Partido emanado de la Revolución y la Presidencia Absoluta fueron durante décadas pilares de estabilidad política. Las acciones consecuentes con las ideas de Calles dieron un orden, quizá para algunos no adecuado. Ahora, agotado aquél, pocos estarían en desacuerdo sobre la necesidad de crear un orden diferente. 

Un gobierno que no cumple lo que promete no puede aspirar a que su partido gane elecciones, ni a la inmovilidad del sistema. La transformación del PRI es necesaria por la gran cantidad de ciudadanos a favor del cambio que en él participan. No será ya el monopolio de la actividad política, pero sí parte fundamental de ésta, por su alcance nacional y la diversidad de sus militantes. 

Sesenta y nueve años después del discurso de Calles, recae en el Presidente Ernesto Zedillo la responsabilidad de dar un nuevo sentido a la participación del Partido de la Revolución, porque aun cuando los ingresos son propios del PRI, sólo él cuenta con la influencia política necesaria. ¿Será un partido dependiente de él, transformado desde el poder para mantenerlo y que en caso de perder desaparezca a los ojos de un Ejecutivo opositor? ¿O será un partido independiente del Presidente, en ocasiones contrario a su gobierno, cuyos triunfos sean propios y en situaciones adversas pueda sobrevivir a la pérdida de la presidencia y crecer desde la oposición para recuperarla en seis años?