Como instrumento ineludible para dar certidumbre y transparencia a los procesos electorales, las encuestas probaron su eficacia por los comicios del 6 de julio. La mayoría de las agencias que midieron las preferencias electorales durante las campañas fueron bastante acertadas en las tendencias que publicaron durante junio. Para quien llevó un seguimiento oportuno de esos sondeos, los resultados finales no debieron provocar gran sorpresa. 

Evidentemente hubo encuestas con resultados más precisos que otras, que en algunos casos mostraron tendencias distintas que confundían a los lectores tal y como sucedió con las previsiones para la elección nacional de diputados federales. En esta sección de Nexos analizaremos el desempeño final de las agencias que publicaron encuestas levantadas durante junio a través de comparar sus resultados con la votación oficial (excluyendo los votos nulos) para los comicios de diputados federales y gobernadores en siete entidades. Los datos de las encuestas que exponemos se refieren a las preferencias efectivas, o sea, el resultado de asignar a los indecisos y “no respuesta” en general, de acuerdo con las proporciones logradas por cada partido en la encuesta, cuando las agencias no hicieron sus propios pronósticos. Cabe recordar que las preferencias efectivas constituyen la única manera de comparar las estimaciones de las encuestas con los resultados finales de las elecciones. Aquí hacemos ese cálculo para los casos en que los encuestadores no lo efectuaron. 

Para analizar el desempeño de las agencias que publicaron encuestas emplearemos dos criterios. El primero consiste en medir el error promedio en el resultado, tanto para las tres primeras fuerzas como para el conjunto de los restantes partidos políticos. Dicho error promedio, aun siendo muy bajo, a veces no permite ver la precisión en cuanto a la diferencia entre los principales partidos. Por ello consideraremos un segundo criterio consistente en mostrar el error que tuvieron los resultados de las encuestas para calcular la distancia entre la primera y la segunda fuerza. Este punto es significativo ya que el 6 de julio tuvimos comicios que en diversos casos fueron sumamente reñidos, pero los datos directos de las encuestas no siempre fueron capaces de mostrar ese nivel de competencia. 

Para la elección federal, la encuesta de Consulta, la última del periódico Reforma -en coordinación con otros periódicos de provincia-, así como la de Covarrubias y Asociados constituyeron los mejores estudios para pronosticar el resultado final. Consulta fue la agencia más certera para dar la tendencia de la elección, esto es, el PRI lidereando la contienda, con el PAN y el PRD virtualmente empatados en la lucha por el segundo lugar y lejos de la primera fuerza. No obstante, la agencia en cuestión sobrestimó ligeramente al PRI, al grado de darle oportunidad de estar en el umbral de lograr el porcentaje necesario para alcanzar la mayoría absoluta de diputados, cosa que no sucedió. En cambio, tuvo una precisión notable para calcular los porcentajes para el PAN y el PRD. La última encuesta de Reforma y la de Covarrubias también presentaron resultados bastante satisfactorios ya que sus resultados fueron cercanos a los finales, aunque planteaban un mejor desempeño del PAN. Cabe señalar que el pronóstico de Covarrubias y Asociados no es estrictamente comparable con los demás porque resulta de una proyección que sólo considera a los partidos que, de acuerdo con la encuesta, superarían el 2% de los votos. Cualquier lector que haya confiado en alguna de estas tres encuestas pudo tener una imagen bastante precisa de lo que podía suceder el 6 de julio. 

Por contraste, el Centro de Estudios de Opinión de la Universidad de Guadalajara (CEO) y Alduncin y Asociados fueron las agencias que más erraron en el pronóstico pues situaban al PAN casi empatado con el PRI en la lucha por el primer lugar. Lo anterior se derivó de la subestimación del PRI en beneficio del PAN. Cabe mencionar que este problema del sesgo hacia el PAN ya lo había mostrado una encuesta anterior del CEO levantada a fines de 1996, que provocaba que sus resultados discreparan notablemente de las tendencias tanto del resto de sondeos nacionales como de las proyecciones de preferencias electorales a partir de los cambios electorales ocurridos en las elecciones locales de 1995 a marzo de este año. 

Los comicios para jefe de gobierno del Distrito Federal, que se perfilaban en marzo para ser de pronóstico reservado, resultaron finalmente los más definidos de todos los realizados para elegir mandatario local. Por lo mismo, no sorprende que la enorme mayoría de las agencias haya logrado un desempeño exitoso para predecir la tendencia. En la capital del país la prueba para los encuestadores no fue la de estimar correctamente el primer lugar, sino la de pronosticar la ventaja con la que se llevaría Cárdenas la elección y determinar el partido que lograría el segundo lugar. Las encuestas de la Universidad Autónoma Metropolitana (realizadas por el grupo Inter-unidades), Consulta-Berumen, Doxa Internacional, Technomanagement, así como la realizada por el Gabinete de Estudios de Opinión (GEO) para los periódicos El Economista y Diario de Monterrey fueron las más precisas. Los estudios de la Unidad Xochimilco de la UAM, Mori, Reforma, Campo-Crónica, CEO e Indemerc Louis Harris también presentaron resultados bastante cercanos a la votación real, si bien varios de ellos tendían a señalar una votación cerrada entre el PRI y el PAN por el segundo lugar. 

Entre las encuestas que tuvieron más yerros para adelantar un resultado correcto en el DF se encuentran la de Alduncin y Asociados, pues anunció que Cárdenas había bajado de 40% cuando casi ninguna otra encuesta mostraba tal descenso. Asimismo, daba más oportunidad al panista Castillo Peraza para obtener la segunda posición que al abanderado del PRI, Alfredo del Mazo. Ollin Consultores, una agencia desconocida en el medio de los estudios de opinión pública, también erró notablemente al ubicar al PRI por encima del 30%. El Centro Universitario México (CUM) tampoco tuvo buena suerte al incursionar en este medio, pues su encuesta mostró cierto sesgo hacia el PAN, lo cual lo llevó a ubicarlo en segunda posición. Situación similar mostró la encuesta del Instituto Mexicano de Opinión Pública (IMOP), que consistentemente situó a Del Mazo en tercer lugar, claramente rezagado respecto de sus dos principales contendientes (esta encuesta no se incluye en el cuadro porque no es posible calcular las preferencias efectivas dado que la información publicada no hace explícitos los resultados para los partidos pequeños). 

Para Campeche, a diferencia de sus encuestas para el DF y la elección nacional, Alduncin y Asociados tuvo un desempeño satisfactorio pues su estudio fue el más cercano a los resultados finales, particularmente en términos de la distancia entre el PRI y el PRD. El último sondeo de Reforma-EI Norte también estuvo bastante acertado, aunque con ligera subestimación del PRD. El CEO, si bien ubicó al priísta Antonio González Curi en primer lugar y a la perredista Layda Sansores en segundo, le otorgaba al ganador una ventaja que resultó exagerada. Mal le fue al Instituto Mexicano de Estudios de Opinión (IMOP) ya que pronosticaba un triunfo contundente de Layda Sansores al ubicarla con más de 50% de los votos y, contra toda tendencia, situaba a González Curi con menos de 30%. 

Reforma-EI Norte y Expresa -una agencia de Colima que realizó estudios para el Diario de Colima- efectuaron las encuestas más precisas para la elección de gobernador en esa entidad. Reforma planteó bien las posiciones finales, pero no previó una competencia tan reñida. Por el contrario, el último levantamiento de Expresa presentó una elección algo más competida de lo que finalmente fue. A diferencia de estas dos agencias, el Centro de Estudios de Opinión de la universidad estatal publicó un estudio que, a la postre, resultó sumamente equivocado en sus resultados, pues daba “carro completo” al PRI en todas las posiciones en disputa y, desde luego, otorgaba una ventaja notable al candidato priísta (casi veinte puntos) sobre su más cercano competidor. 

En Nuevo León, El Norte llevó un seguimiento puntual del estado de las preferencias para la elección de gobernador y en su última encuesta pronosticó con éxito una holgada ventaja para el panista Fernando Canales Clariond sobre el priísta Natividad González Parás. En cambio, el Tecnológico de Monterrey, si bien tuvo una precisión aceptable, no pudo detectar la delantera que finalmente tomó el PAN por lo que sostuvo que habría una contienda prácticamente empatada, lo cual no ocurrió. 

Si en algún estado hubo señales confusas al final fue en Querétaro, pues mientras algunas encuestas sostenían la ventaja del candidato del PRI, Fernando Ortiz Arana, otras encontraron un cambio sorpresivo a favor del PAN en las preferencias electorales, como efectivamente pasó. Reforma-EI Norte, la Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos, así como Alduncin y Asociados fueron las que acertadamente previeron el triunfo del panista Ignacio Loyola, aunque el resultado fue algo más cerrado de lo que previeron. En cambio, Indemerc Louis Harris y la Universidad Autónoma de Querétaro se equivocaron claramente al sostener un previsible triunfo holgado para el PRI. 

Los comicios en San Luis Potosí fueron bastante olvidados por las agencias, en parte porque parecía ser una elección sin dificultades serias para el PRI, lo cual terminó siendo una apreciación algo equivocada. La encuesta de Reforma-EI Norte, la única no partidista que registramos como levantada en junio, resultó muy satisfactoria al señalar el descenso en las preferencias a favor del PRI, por lo cual su precisión fue notable. 

Finalmente, en Sonora tanto el CEO como Reforma-EI Norte lograron buenos pronósticos al ser bastante acertados en los porcentajes finalmente obtenidos por los partidos. Ambas encuestas captaron bien el descenso que registró el PRI en las últimas semanas y la división del voto opositor entre el PAN y el PRD. 

La comparación anterior tiene como principal finalidad el mostrar el significativo grado de confiabilidad que ya se ha logrado en los resultados de los estudios de opinión en materia electoral. Así, sobre todo para los agentes políticos de este país, las encuestas difícilmente pueden ser ignoradas como un instrumento fundamental para armar estrategias en escenarios electorales bastante competidos. La legitimación por fin alcanzada en la investigación de opinión pública obliga, sin embargo, a mejorar los niveles de precisión en aquellas agencias que todavía no presentan un desempeño óptimo: como puede notar el lector, algunas compañías todavía dan una de cal por dos de arena. Lo anterior es sumamente importante pues, dada la creciente credibilidad que se ha logrado, debe evitarse que sucedan cosas como la sucedida en la última elección española, donde prácticamente nadie previó un resultado tan apretado. Eso puede provocar que más de un competidor se pueda dormir en sus laureles. También sería injusto que ahora que la ciudadanía confía más en sus procesos electorales, algunas encuestas -que han contribuido a lo anterior- se conviertan en elementos de confusión.