Víctor Alejandro Espinoza Valle. Director del Departamento de Estudios de Administración Pública de El Colegio de la Frontera Norte.

Para los bajacalifornianos la jornada electoral del pasado 6 de julio representaba la segunda ocasión en que acudirían a las urnas contando con reglas claras, aprobadas por las organizaciones políticas y bajo la conducción de un órgano electoral independiente del ejecutivo. Efectivamente, en 1995 tuvieron lugar elecciones para renovar poderes locales bajo una nueva ley electoral aprobada en diciembre de 1994; ahora se trataba de una elección -intermedia- federal.

A la par que el triunfo panista en la elección de senadores plurinominales y diputados, destaca el retorno del abstencionismo a la entidad. Se afirma que los comicios federales no despiertan el mismo interés que las elecciones locales, sin embargo, los datos nos señalan que la participación electoral de los bajacalifornianos se había modificado sustancialmente a partir de 1989. Efectivamente, hasta esa fecha tanto las elecciones federales como las estatales registran porcentajes de abstención altos (40% en promedio); pero a partir del triunfo de Ernesto Ruffo Appel el 2 de julio de 1989 se da una caída drástica en la abstención para ambos tipos de elecciones -estatales y federales-, situándose en promedio en 22%. Los ciudadanos revaloraron el voto como instrumento de cambio político. Así, la novedad para la elección del pasado 6 de julio es que el abstencionismo regresa y alcanza un 48.9%, es decir, un aumento considerable del 26.9% con respecto a 1994 -cifra similar en relación con la elección intermedia de 1991.

Los datos del comportamiento electoral en la entidad durante los últimos años nos permiten plantear una hipótesis de trabajo. Contraria a la idea tradicional de que el abstencionismo favorece al PRI, en Baja California ha venido sucediendo lo contrario; en las elecciones con mayores niveles de abstención han resultado triunfantes los candidatos panistas. Dicho en otros términos: cuando aumenta la participación ciudadana disminuyen los votos por Acción Nacional, como puede verse en esta última jornada electoral. Esto es válido para elecciones federales -sobre todo a partir de 1991- y en comicios estatales. En este último caso sorprende el dato de que el primer gobernador panista, Ernesto Ruffo Appel, haya resultado triunfador en las elecciones que registran el mayor porcentaje de abstención en la historia local con un 52.6%. También abona a esta hipótesis el hecho de que en el distrio 01, donde triunfó el PRI el pasado 6 de julio, se observaba la mayor participación de votantes inscritos en el listado nominal.

Contrasta con el triunfo panista el marcado descenso de la votación por el PRI. Desde 1989 no es novedad que en Baja California triunfen los candidatos del PAN; lo que sí resulta relevante es que se trate de la derrota más significativa del partido oficial en elecciones federales para diputados (en 1991 había perdido por primera vez la elección de senadores). En efecto, salvo en 1991, cuando el PRI se dividió por igual el número de distritos federales -3 por partido- con Acción Nacional, nunca se había dado el caso de que perdiera 5 de los 6 distritos, ganando sólo el 01 correspondiente al Valle de Mexicali. Pero incluso en aquel año obtuvo más votos que el PAN-la diferencia fue de 1.1%-; ahora se trató de una pronunciada caída del 13.5%, con respecto a 1994. Sin embargo, el aumento de votos por Acción Nacional fue del 7.6%; la diferencia fue captada por el PRD y el PVEM. Así, se rompió con el comportamiento que venía dándose desde 1989: la acentuación del fenómeno bipartidista.

En efecto, desde 1989, con la alternancia estatal los dos partidos mayoritarios ganaron votantes: ambos obtuvieron el 90% de los votos en las elecciones locales de 1992 y 1995. Para elecciones federales, las cifras son también muy altas: en 1991 suman 86.1% y en 1994, 85%. En la pasada elección -diputados- se registra una caída del 6% al situarse en un 79.1%. En el caso de la elección de senadores la cifra se reduce de manera similar al quedar en un 78.7%. Los partidos “ganadores” el 6 de julio fueron el PRD y el PVEM, al situarse como tercera y cuarta fuerza, respectivamente. Así, en Baja California se repite el patrón nacional: el aumento considerable de las preferencias por estos partidos. Lo interesante del caso local es que se rompe la barrera de los 10 puntos porcentuales para algún partido de oposición distinto al PAN o al PRI. Efectivamente, el PRD alcanza la votación más alta de su joven historia al obtener el 13.4% de los sufragios; así, duplica su votación respecto a 1994 cuando registró un 7.6%. En el caso del Verde Ecologista, prácticamente triplica sus votos con relación a 1994 cuando se situó en un 1.3%; ahora obtuvo el 4% de los sufragios.

En una sociedad tradicionalmente bipartidista como la bajaca-liforniana es de destacar que el 7.4% de los electores manifieste sus preferencias por opciones como las del PRD y el PVEM. Ello significa, como bien lo ha señalado Adolfo Sánchez Rebolledo, que “[la victoria del PRD] afecta en primer lugar la hegemonia del PRI; en el otro polo, el panismo pierde el monopolio de las banderas democráticas” (“La izquierda al gobierno”, La Jornada, 3/06/1997). Parece temprano como para afirmar que el bipartidismo ha quedado atrás en la entidad y que se ha impuesto el modelo tripartidista. Habrá que esperar otras elecciones, acaso el próximo año, cuando deberán renovarse los ayuntamientos y el Congreso local; sin embargo, el abanico de opciones ciudadanas se ha abierto. Ante el desgaste natural del ejercicio gubernamental panista y la crisis del priísmo en la entidad, el PRD también comienza a representar una opción a nivel local. Aquí también será fundamental el desempeño de los diputados federales perredistas en la Cámara y, sobre todo, el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas en el DF. Así como el “efecto Cárdenas” resultó crucial para el aumento de los votos del PRD a nivel nacional, la gestión pública del primer gobierno estatal surgido de este partido podrá marcar el rumbo de las preferencias en futuras contiendas electorales.

En suma, la vida política en la entidad continúa en transformación renovándose el optimismo para afrontar los nuevos retos y oportunidades que anuncian los resultados electorales.