En el fondo, la cocina no tiene secretos. Basta con respetar la receta, que suele ser clara, sin aventurar grandes variaciones, acaso sólo la intuición personal. Puede considerarse a la francesa una cocina muy elaborada, pero, a pesar de las invenciones modernas, obedece a una tradición sólidamente establecida. Sin mayor ostentación, La Casserole atiende a esa tradición hasta haberse vuelto un clásico restaurante francés de la Ciudad de México. 

El local podría estar en cualquier parte del mundo, incluida Francia. Es discretamente elegante, y la penumbra y el silencio lo hacen un tanto solemne. El olor a especias y mantequilla identifica con frecuencia a las cocinas de esos lugares. La carta no depara sorpresas, pues su gran descubrimiento consiste en platillos tradicionales, los que se añoran por costumbre, muy bien preparados: caracoles, sopa de cebolla, Bouilabaisse, filete pimienta o los infaltables medallones de filete Café de París. La carta de vinos tampoco ostenta su calidad: distintos tipos de vino para elegir dependiendo de la ocasión. 

Los restaurantes, como el champagne, el whisky, los puros y algunos autores, muchas veces no pueden fallarnos. Sin afectaciones ni falsas apariencias, La Casserole es uno de esos lugares adonde uno puede ir siempre confiadamente. (La Casserole, Insurgentes Sur 1880, Colonia Florida. 661 46 54)