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En ocho años, la saga cinematográfica de Batman ha acumulado tres intérpretes del superhéroe, dos directores y un grupo de villanos que crece geométricamente.

Este verano Batman regresa, otra vez, a la pantalla. Ha cambiado, nuevamente, de cara. El productor de la película, Peter Macgregor-Scott, justifica este cambio argumentando una aparente antipatía entre el director Joel Schumacher y el anterior Batman, Val Kilmer. Las misteriosas razones que apuntaron hacia George Clooney (protagonista de una serie de médicos en televisión, que recientemente hizo su debut fílmico en From Dusk Till Dawn de Robert Rodríguez) como el nuevo elegido a portar la capa del murciélago están tal vez relacionadas con el éxito de Batman Forever (Schumacher, 1995), y aquello que lo produjo una historia ligera tan compleja y estructurada como un comercial, toneladas de acción, adrenalina y efectos especiales, y una frivolidad casi irresponsable en el tratamiento de los personajes, definidos sólo por su imagen. Es posible que la interpretación pesada y laboriosa que Kilmer pretendía fuera incómoda para Schumacher, quien buscaba al público del Baticulto que perdió Burton con Batman Returns (1992). El mismo Macgregor-Scott dice claramente En Batman y Robin, el caballero Murciélago estará libre de tormento (Starlog 239, junio, 1997). Clooney parece indicado para ese trabajo. El éxito fulminante que logró Batman Forever recuperó a la serie, efectivamente, del fracaso relativo que ocasionó la interpretación expresionista, oscura, elaborada y perversa que hizo Tim Burton en Batman Returns. Schumacher prefirió aproximarse a la iconografía del detective murciélago desde una perspectiva diluida, a medio camino entre el Batman bizarro y ridículo de Adam West y el Batman complicado y oscuro que comenzó a definirse durante los ochentas en el universo de DC comics. Schumacher debió conservar un poco de ese Batman por no enfrentar al espectador con la idea que plantearon las dos cintas predecesoras de Burton. Tal vez en su segundo largometraje Schumacher haya logrado culminar la transición hacia el nuevo Batman, envuelto por completo en un paradigma de acción.

Dominada por los estereotipos de Hollywood, la producción de Batman y Robin recurre por tercera vez consecutiva a una muy explosiva asamblea de villanos, que fortalece la teoría de que lo más interesante en el mito de Batman son sus excéntricos enemigos (la estrella más taquillera del reparto en una película de Batman siempre ha sido un villano: Nicholson-Joker, De Vito-Pinguino, Carrey-Acertijo). En esta ocasión la lista está encabezada por Mr. Freeze (Arnold Schwarzenegger, garantía de acción pura) que regresó a las listas de popularidad como bativillano en 1992, después de por lo menos unos diez años de ausencia (su aparición en el limbo de los comics, un lugar donde habitan todos los personajes que ya no se usan y el público ha olvidado, en Animal Man 25, no cuenta), gracias a la interpretación de Paul Dini para la serie animada Batman Adventures. Curiosamente, la versión de Paul Dini sigue bastante de cerca la línea definida por Burton en sus dos Batilargometrajes; los diseños de personajes presentados por Bruce Timm, Alex Toth, Kevin Nowlan y otros, fueron directamente aprobados por Burton (Comics Scene 29, octubre, 1992). Mr. Freeze es planteado por Dini como un científico romántico y obsesivo que enloqueció al perder a su esposa en un accidente de laboratorio. La causa: negligencia dentro de la corporación para la que trabajaba. Ese fatídico día quedó condenado para siempre a una vida de aislamiento en temperaturas cercanas al cero absoluto. Su esposa (Vendela Kirsebom) estaba congelada esperando una cura para el extraño mal que había infectado su cuerpo. Es interesante observar que varios de los bativillanos más populares fundamentan su psicosis en motivos muy similares a los que inspiran a Batman, y al propio Robin, en su lucha contra el crimen. Pero Batman y Robin atribuyen los motivos de su tragedia familiar a los defectos del individuo que se vuelve maligno. Por el contrario, los villanos adoptan un resentimiento en contra de la sociedad y el sistema en general, de quienes deben vengarse. Esto ha sido examinado con bastante profundidad en el universo del cómic, donde los bativillanos no son sino la otra cara de Batman, una manifestación negativa de la misma fuerza que dio inspiración al detective murciélago. En segundo lugar dentro de la lista de villanos, aliada con Mr. Freeze, aparece Poison Ivy (Uma Thurman), femme fatale por excelencia, capaz de secretar hormonas que vuelven reo de amor a cualquier hombre, y dueña de un venenoso beso mortal. Es de esperarse que a la dama la consuma una poderosa pasión destructiva hacia el afortunado Batman, quien ha gozado romances con una ya respetable cantidad de las más cotizadas en la fábrica de sueños (Kim Bassinger, Michelle Pfeiffer, Nicole Kidman y, ahora, Uma). 

Poison Ivy es la típica villana inspirada por una causa noble, en este caso, la ecología. Ella, con tal de proteger la vida salvaje, y en especial la vegetal, es capaz de acabar con ciudades enteras. Si la versión de Schumacher respeta el amor necrófilo que Mr. Freeze siente por su esposa (único sentimiento que le queda), no podemos esperar que se forme un triángulo amoroso entre Batman y Poison Ivy, aunque no dudo que la presencia de Batichica (Alicia Silverstone) nos ofrezca uno bastante interesante, posiblemente orientado a sacudir la relación idílica entre Batman y el joven Robin (Chris O’Donnel). 

El último elemento en el coctel de villanos es Bane, un maloso nuevo (creado en Batman: Vengance of Bane, 1992) que consume una droga superestimulante llamada Venom y cuya inspiración criminal se basa en un sentimiento de competencia -envidia contra Batman-. En el cómic, Bane es el encargado de vencer a Batman por primera vez desde que comenzó su larga carrera de 64 años como superhéroe (Knightfall Saga, 1993), dejándolo paralítico. Schumacher lo usará como chalán de Poison Ivy, seguramente ignorará la mayoría de los aspectos interesantes del personaje, y lo utilizará, muy dentro de su esquema, como un espectáculo de músculos y adrenalina estilo lucha libre americana. El aspecto de Bane es el de un luchador de la triple A, y el diseño de su disfraz no corresponde al de la galería clásica de bativillanos, creados casi todos durante los cuarenta, y confeccionados bajo la tradición estética tan especial que definió a la edad de oro del cómic americano. 

El diseño de producción para Batman y Robin corre a cargo de Barbara Ling, la misma de Batman Forever; de manera que podemos esperar nuevamente una atmósfera tecno-kitsch a gogó como la que vimos hace dos años. 

Batichica es presentada en escena como sobrina de Alfred (Michael Gough I), el mayordomo médico de Bruce Wayne. Esta versión se aleja de la Batichica del cómic, quien es Barbara Gordon, hija del comisionado Gordon (Pat Hingle), jefe de las fuerzas policiacas en Ciudad Gótica. Schumacher interpreta al comisionado en el tono ridículo del Batman sesentero de Adam West, un policía medio inútil y miedoso, que no tiene nada que ver con el policía heroico y duro representado por Gordon en el universo del cómic. Pero a estas distorsiones nos han acostumbrado desde el principio, cuando se nos propuso al Guasón como el asesino de los padres de Batman en el primer batilargometraje de Burton (1989). No hay nada más alejado de la historia “verdadera” que eso. Privaron a un matón venido a menos llamado Joe Chill, el verdadero autor del crimen, del único acontecimiento importante durante su vida como personaje. Lo más probable es que los ejecutivos de Warner encuentren en el público de cine, neófito ante el cómic, una criatura de mil cabezas voraz y fácil de complacer, a la que debe darse lo que quiere, aun a costa de sacrificar la consistencia de un mito tan cuidadosamente elaborado como lo es el de Batman. A pesar de todo, una fórmula parece vigente: trascender las fronteras de los distintos medios: la seducción del inconsciente colectivo por la figura del empresario audaz (Bruce Wayne-Batman), capaz de lograrlo todo con una mezcla de fortuna y habilidad, hasta elevarse a una calidad de dios guardián protector del ciudadano común. Yo, sin embargo, por más que lo intento no me puedo imaginar a Bill Gates vestido de murciélago defendiendo a todas las personas que son atacadas por la noche en la colonia Cuauhtémoc con todo el poder de la tecnología Microsoft y unos pasos de Aikido a la Steven Segal mezclados con unos brincos a la Jackie Chan.