Estoy convencido de que todo arte parte de la realidad. Francis Bacon decía que él era pintor “realista”, y matizaba: “Es posible que, en su expresión más profunda, el realismo sea siempre subjetivo”, añadiendo que también “hay realidades interiores”. 

Los pintores abstractos parten también de la realidad. Un muro desconchado o un tablero de publicidad con restos de carteles, son los temas de un cuadro de Tapiès o de Rotella, respectivamente. Incluso hay pintores abstractos cuyos temas son tan fieles al mundo microscópico celular que da la impresión de que sólo se han limitado a copiarlo. 

Claro que el secreto consiste en que, partiendo de la realidad, hay que hacer otra realidad, la realidad que llamamos pintura, la pintura no es lo que representa. 

Magritte fue muy explícito y rotundo cuando debajo de una pipa pintada escribió: “Esto no es una pipa”. 

Hay pintores realistas muy malos, y abstractos también, y al revés, los hay buenos en las dos tendencias. Hay que decir que el concepto de realidad es muy amplio, pues aparte de la subjetividad de cada artista que la ve de forma diferente, existe la realidad histórica y de la propia obra de arte. Por tanto, el pintor se puede inspirar en muchas realidades. André Malraux, que sabía mucho de pintura, observó: “Toda obra de arte nace en otra obra de arte”. A primera vista, la afirmación de Malraux puede parecer exagerada, pero cuando se comprueba el mimetismo del arte moderno, no lo parece tanto. La observación de Malraux a mí me parece acertadísima. Recordemos las miradas de Picasso en dirección al arte africano, o su inspiración en algunas obras de Degas, las inspiraciones de Manet en Goya, o las del propio Goya en Velázquez_ Naturalmente, estoy poniendo ejemplos de pintores, que nada tienen que ver con ciertas algarabías vanguardistas de los últimos tiempos, en donde todo ha sido desvirtuado, suplantando el puro mimetismo a la observación profunda que transmuta la influencia recibida en originalidad creativa. 

Personalmente, a mí me ha interesado una determinada realidad. Por ejemplo, en la década de los sesenta, la carrera espacial a mí me entusiasmaba, en ella veía una aventura, algo nuevo. Comprendía que la humanidad necesitaba zambullirse en el espacio, explorarlo. La tierra empezaba a quedarse pequeña y el cosmos estaba ahí desafiente, como un espacio ignoto e infinito. El desafío animaba a hacer las maletas y a ponerse en movimiento. De esa etapa me quedaron dos obsesiones: el espacio y el viaje. 

Después he ido observando otras realidades, como los emigrantes en la época de Franco, o el desarraigo en los éxodos provocados por la violencia y la guerra, las matanzas de Sarajevo_ También he ido observando otras cosas más sencillas. La belleza y colores de la fruta, las ramas de los árboles y los desnudos en una habitación en penumbra_ Como pintor, también he contemplado la pintura del pasado y la contemporánea, y eso creo que se nota en mi obra. 

He comprobado que toda gran pintura del pasado tiene mucho de pintura moderna, y toda la gran pintura moderna tiene mucho del pasado, con la diferencia de que a nosotros nos ha sido posible mirar al pasado, mientras a Velázquez, por ejemplo, le fue imposible observar la pintura del XX. Yo procuro estar atento para ver lo que pasa a mi alrededor, en la vida y, también, lo que ha pasado y pasa en arte. Al final, me interesan algunas cosas, ciertas realidades, y esas son las que trato de interpretar como pintor. Estoy convencido de que el fracaso de un gran número de artistas contemporáneos se producirá como consecuencia de no haber observado la realidad. Han estado demasiado distraídos estudiando la pintura de éxito fácil, los “mecanismos” para estar a la moda. Finalmente, quiero precisar que, si no hay talento de pintor, todas las realidades e influencias sobran.