El enemigo de la política contemporánea no es la polarización, dice Agnes Callard en su libro sobre Sócrates y su argumento por una vida filosófica. La configuración de extremos que plantean con intensidad posturas opuestas puede ser estímulo de un debate razonado y muy fructífero. Cuando uno escucha en una cena un debate en el que unos celebran la película de estreno como una pieza maestra mientras otros la aborrecen como una estafa y una basura insoportable, quien no la ha visto siente el impulso de irla a ver cuanto antes. No sucede lo mismo cuando uno se entera de que una película “no está mal”, que está bien para pasar el rato, que es entretenida. En el debate polarizado los extremos pueden plantear buenas razones para sostener su posición y uno siente la necesidad de encontrar su propia opinión.
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