Ser un político requiere cierto esfuerzo. Aunque a algunos les resulta una tarea sencilla. Lo primero es prepararse para despegar. No olvide abrocharse el cinturón y evitar mirar para abajo. Hasta el ratón loco puede marearlo. Hágase cargo de su imagen: “como te ven… te tratan”. Pídale a su chofer (tenerlo es indispensable) que lo lleve a Burberry’s. Bájese donde estorbe (es importante encargarse de los detalles) y escoja el traje más caro. No descuide las mancuernillas, deben ser de oro. 

El porte es fundamental. Que su actitud revele su único propósito: desprestigiar la política. La generosidad, la vocación de servicio, la eficiencia, el disfrute por el trato con los demás, sin importar su condición, son actitudes que debe olvidar. 

Para que la gente desacredite y denigre la actividad que usted realiza, evite hacer política. Cancele sus compromisos cuando falten unos minutos para que se lleven a cabo. Mientras más gente lo espere, mejor. Es necesario que muchos sepan que tiene ocupaciones sustanciales. Por eso, no se fije en las formas, ni piense en mandar a alguien en su lugar: usted es insustituible. 

Si su actuar trae consecuencias evite pensar que se equivocó. De inmediato vea a sus enemigos, imaginarios o no, y cúlpelos de las secuelas de sus errores. En el último de los casos, autonómbrese tecnócrata. Señale a los que sólo hacen política como “grillos” o “dinosaurios”. 

No escuche. Genere la mayor cantidad de frustraciones a su alrededor. Haga esperar a todos, menos a su jefe. Con él siempre hay que quedar bien, aunque para ello tenga que pasar sobre sus amigos. Olvide emitir opiniones constructivas. El jefe nunca se equivoca. Si éste hace pipí sobre usted, no se preocupe: también usted lo hara algún día. 

Cuando se impaciente, recuerde que la política es comer un sapo diario. Compárela con la cultura judeo-cristiana. El que sufre se va al cielo. El sabor del anfibio le traerá recompensas futuras. 

Finalmente: créasela, así podrá recordar los tiempos gloriosos con la nostalgia indicada para que lo escuchen con un poco de lástima.