Carlos Castillo Peraza. Periodista. Es autor del libro Disiento.

Los diez mandamientos

Nadie como los ingleses, en especial para hacer periodismo. Ahí está el nunca suficientemente ponderado Sunday Times cuyos directivos decidieron lanzar una encuesta en relación con el conocimiento de las Tablas de la Ley y su contenido entre párrocos anglicanos del Reino Unido. La publicación repartió doscientos cuestionarios entre otros tantos pastores. El resultado fue de antología: dos tercios de los consultados no pudieron recordar con precisión los diez mandamientos.

De inmediato, periodismo obliga, fueron por las “reacciones” de los obispos de aquella confesión. Y se toparon con una explicación que hubiese fascinado a los defensores del gobernador priísta de Michoacán, Cuauhtémoc Cárdenas, en relación con los veinte mil metros cuadrados de terrenos públicos que privatizó a precio irrisorio en favor de su mamá, doña Amalia, en Playa Eréndira: “¿Cuántos médicos son capaces de recordar textualmente el juramento de Hipócrates? Cuando se está en la trinchera no es fácil recordar”.

El alma del mundo

Susanna Tamaro deslumbró a millones de lectores con esa novela sencilla, nostálgica y sin complicaciones que es el diario de una abuela que siente la proximidad de la muerte, destinado a ser leído por una nieta que decidió optar por la lejanía para tratar de asegurarse que conseguiría la vida. El libro se llamó en castellano Donde el corazón te lleve (Océano-Atlántida,1996). Lo ha seguido otro con título en latín que recuerda cábalas y alquimias -Anima Mundi, que quiere decir “alma del mundo”-, que ha suscitado una especie de polémica en la patria de la autora, Italia, entre dos conspicuos abanderados de la intelectualidad católica.

Se trata del jesuita, arzobispo de Milán y cardenal Carlo Maria Martini, y el filósofo Vittorio Messori. El primero aprovechó un viaje a Roma y una misa en San Juan de Letrán para utilizar en su predicación el esquema de Anima Mundi para abordar las etapas de la historia de la vida humana, según la escritora -fuego, tierra y viento-, y relacionar esta visión con la que la Biblia pone en boca de Dios, dedicada al profeta Elías, en la que habla de los tiempos del fuego, el terremoto y la brisa. El teólogo abrió así su reflexión al punto de vista de la novelista. Lo consigna el diario Avvenire.

El mismo cotidiano da cuenta de una opinión diferente, la del filósofo Messori, quien halla en el nuevo libro de Susanna Tamaro un “vago espiritualismo”. Este, asegura el pensador, es algo muy cercano a la negación o a la disimulación de la “materialidad del cristianismo”, cuya afirmación toral es la de un Dios que se hace carne. Esa vaguedad, asegura Messori, resulta inaceptable en la medida que permite fabricar personajes literarios de un “angelismo sexual” poco creíble. ¿A quién le va usted? ¿Al hombre de la razón raciocinante que se cierra o al de la fe raciocinada que se abre?

Razones para la tolerancia

El Papa León XIII, en una encíclica que tituló Libertas, abordó el tema del poder político y los deberes de tolerancia de éste, independientemente de las creencias o convicciones personales de los gobernantes. Dice así:

Dios mismo, en su providencia, aun siendo infinitamente bueno y todopoderoso, permite la existencia de algunos males en el mundo, en parte para que no se impidan mayores bienes, y en parte para que no se sigan mayores males. Justo es imitar en el gobierno político al que gobierna el mundo. Más aún, no pudiendo la autoridad humana impedir todos los males, debe “permitir y dejar impunes muchas cosas que son, sin embargo, castigadas justamente por la Divina Providencia” (S. Agustín, De libero arbitrio, 1, 16, 14).

Más adelante, citando la Suma Teológica de santo Tomás de Aquino, agrega que:

también en este punto la ley humana debe proponerse la imitación de Dios, quien al permitir la existencia del mal en el mundo ni quiere que se haga el mal ni quiere que no se haga; lo que quiere es permitir que se haga, lo cual es bueno.

Lo bueno es, pues, desde el punto de vista de la autoridad política, el respeto a la libertad.

El vencedor desconocido

Ganó las elecciones del Reino Unido el laborista Tony Blair, después de 18 años de regímenes conservadores encabezados primero por la volcánica Margaret Thatcher y después por el deslavado John Major. Stephen Bates, redactor de The Guardian, escribió del vencedor: “Hizo irreconocible al partido, que dejó en el camino todos los artículos de la fe socialista”. Olvidados o disimulados, pues, la doctrina de la lucha de clases, la del partido de clase, la confrontación con los empresarios, el inter-vencionismo estatal, el extremismo dema-gógico y las promesas del paraíso en la tierra.

¿Qué quedó? Algo que podría llevar sin temor la etiqueta de thatcherismo social, de acuerdo con el analista Enzo Bettiza, del semanario italiano Panorama, es decir, una mezcla hecha a base de dos cucharadas de desregulación, una pizca de estatismo y nada de aumentos a los impuestos. Los especialistas opinan que este combinado no aguanta y que, en poco tiempo, se irán para arriba los gravámenes. Bates acota: “Los periódicos que ahora lo aclaman ya deseaban que regresara al poder el laborismo porque llevaban muchos años sin ganar los clientes que se obtienen cuando se critica al gobierno”.

Un héroe de la vida

Falleció hace poco en Francia Jean-Dominique Bauby, quien fuera jefe de redacción de la revista femenina Elle. Acababa de publicar un libro prodigioso cuyo título podría traducirse al castellano como “La escafandra y la mariposa”. El prodigio estuvo en que la obra fue dictada por su autor a punta de movimientos de la única parte de su cuerpo que podía mover: el párpado izquierdo.

Jean-Dominique era un periodista de buen éxito, tenía 44 años de edad y estaba recién divorciado cuando, en 1955, fue víctima de un shock cardiovascular. El mal lo dejó completamente paralizado, encerrado en él mismo. Esto se conoce en medicina como síndrome Locked-in, es decir, enfermedad que enclaustra a un ser humano dentro de su propio cuerpo. Nada podía hacer sin auxilio. Vivía la más radical de las soledades e incomunicaciones imaginables.

Alguien descubrió que el hombre abría y cerraba un párpado. Su editor le puso al lado una secretaria. Juntos fueron logrando hacer una especie de alfabeto morse a base de cierres y aperturas del ojo. Y así, quien llegó a ser considerado un vegetal -y en algún país hubiese sido objeto de una legalísima eutanasia- pudo expresar su pensamiento y dar a los lectores una obra impresionante, incluso de buen humor, hecha en quince meses.

Tal vez el esfuerzo fue superior a las fuerzas que le quedaban a Bauby. O quizá quiso tener sólo el ánimo necesario y suficiente para dejar constancia de que un ser humano, incluso en las peores circunstancias, puede erguirse sobre la adversidad y triunfar contra el infortunio. O tal vez únicamente quiso poder dar testimonio de que hay que cuidar la vida incluso cuando se supone que ya no tiene sentido seguirla conservando.

Por si la información le sirve a alguien, el sanatorio donde ocurrió el milagro está en Berck, cerca de Amiens, en la orilla francesa del Canal de la Mancha. En Italia, existe el Centro Benedetta D’Intino, en Milán, que atiende a quienes se ven atacados por males que los dejan sin posibilidad de comunicarse por medios corporales comunes.