Gabriel Székely. Investigador de El Colegio de México. Actualmente es conductor de programas en el Canal 40.

Una entrevista con Rudi Dornbusch

Rudi Dornbusch. Profesor de economía y negocios internacionales en el Massachusetts Institute of Technology.Colaborador invitado en el Wall Street Journal.

Los análisis de Rudi Dornbusch sobre la economía internacional tienen un impacto en las políticas de varios gobiernos en Europa y América Latina, de los cuales es asesor; también repercuten en los mercados financieros y en el Banco Mundial, que continuamente piden su consejo. En 1992 predijo que México enfrentaría una grave crisis económica por mantener el peso sobrevaluado. En esta entrevista vuelve a tocar el punto, y va más lejos: a proponer que México adopte el dólar.

Tenemos elecciones en México nuevamente en julio. ¿Cómo estará el peso con el dólar antes de las elecciones, y después de éstas si el PRI las pierde?

No hay mucho que decir, el peso ha estado estable y así se quedará, pues al gobierno no le interesa que se devalúe antes de la elección; tiene muchos instrumentos para evitar que pase algo. La pregunta es para el largo plazo, después de julio quién sabe si estará donde estuvo el día anterior.

La preocupación se basa en sus numerosos escritos en los que ha señalado que mantener al peso estable, antes de elecciones, mete a México en problemas.

México subvaluó el peso muchísimo cuando empezó la crisis en 1995, hay manera de mantenerlo donde está hoy aun con una inflación alta; por supuesto que esto cambiará, por lo cual la pregunta es qué viene después de julio.

¿Y qué viene después de julio?

El tema clave para México es cómo lograr un crecimiento de 6 ó 7%. Es una economía emergente con una posición privilegiada pero es difícil, por el alto crecimiento de la población que se desvanece dentro de la economía informal, pues faltan empleos. ¿Cómo lograr el crecimiento? En los sesentas y setentas el gobierno recurrió a grandes gastos, pero esto no es viable por el modelo económico actual y por los mercados financieros. El mercado de capitales tiene muchas dudas sobre la macro-economía, hay un gobierno demasiado activo y mucha discusión política. El gobierno tendrá que hacer algo drástico para alcanzar tasas de más de 4% como las de hoy en día.

¿Usted cree que las reformas que se planean son adecuadas? 

México ya ha hecho muchas reformas con Salinas y Zedillo, cuya efectividad se mide por las grandes inversiones desde Estados Unidos; las ventajas para producir ahí son claras. Lo que falta es deshacerse de los obstáculos como el peso; si eso sucede, surgirá un país radicalmente distinto. 

Parece que está hablando de crear confianza para los inversionistas, lo que me recuerda su artículo de fines de febrero en el Wall Street Journal, en que propone que todo el país adopte el dólar y prácticamente abandone al peso.

No “prácticamente”, sino por completo. Hay que ver a Argentina, donde la economía crece al 5% anualmente, aunque la población no lo hace tanto como en México. Esto se logró incluso en el mal año del “efecto tequila” de la crisis mexicana. ¿Por qué? Porque han abandonado lo que siempre fue el cáncer, han mejorado las reformas y la creatividad en la economía, como en Chile. Creo que México debe hacer algo parecido, lo que produciría un gran crecimiento que México necesita.

Todo mundo en México quisiera ver tasas de 7 y 8%…

Se puede lograr, nadie estará en contra. Ahora es el momento de abandonar el peso, cuando no está sobrevaluado; vendrían enormes inversiones y el sistema financiero se fortalecería. México sacaría boleto a una prosperidad real.

No creo que haya dudas de las ventajas de su propuesta, que seguramente fascinará a mucha gente en México. Pero ¿cómo pondría este programa en marcha en México? 

No es mi propuesta; cualquiera que vea lo que pasa en Argentina y América Latina sabe que el caos y la inestabilidad son las razones por las que a esa región no le va tan bien como a Asia. Si se libran de estos lastres, las reformas ya hechas producirán un doble beneficio. Es tan obvio que nadie puede reclamar el crédito por esta idea. México… Es un gran paso el abandonar su propia moneda, pero si es ésta la que te causa problemas todo el tiempo, en especial cada vez que hay elecciones, entonces traten de seguir adelante sin el peso.

Bueno, ¿y cómo haría esto?

Tiene que cambiar los pesos en circulación por dólares. El Banco de México tiene reservas; puede dejar las monedas y billetes chicos, pero el sistema bancario y las operaciones grandes las haría en dólares; los salarios los fijaría en dólares, tomando en cuenta la posición competitiva de las empresas y ya no el sistema del Pacto, que está fuera de moda. Eso es todo, será como en Texas.

O como en Tijuana y otras ciudades en el norte, donde se puede pagar todo con dólares.

Es cierto, esto ya sucede en esa región próspera de México que funciona en gran parte con los dólares. 

¿Y cómo financiaría esto cuando el rescate del sistema bancario costará, dice el gobierno, $25,000 millones de dólares y Standard and Poor’s dice que hasta $36,000 millones? ¿Lo puede hacer ahora que tiene esta carga financiera, y otras más?

Hay que limpiar el sistema bancario, se puede hacer en dólares pues ya está usted pagando por esto. Sin duda, México recibiría una enorme cantidad de capital del exterior, y menores tasas de interés. Es un esquema autofinanciable, sólo hay que hacerlo sin equivocaciones. Con menores tasas las familias, las empresas pequeñas y todos tendrán mucho mejores perspectivas de prosperar.

¿Y los aspectos políticos de esto? No sólo en México, donde sabemos que muchos se opondrán por nacionalismo, pero ¿en Estados Unidos?

Empecemos con el nacionalismo en México. Creo que eso es basura, pues los pobres gozarían de mayor estabilidad; el peso no les ayuda mucho. En Estados Unidos apoyarían esta medida, la siguiente después del TLC para integrar bien a México en la economía internacional, para acabar con los riesgos que detienen las inversiones y la creación de empleos en México. Creo que sería difícil pedir para México privilegios especiales en Estados Unidos, eso se logra trabajando mucho y por más de cien años; pero el programa se vería sin duda con buenos ojos. En Europa hay un movimiento similar, todos los países con monedas débiles están ligando sus monedas con el marco alemán o con el Sistema Monetario Europeo; en Europa del Este abandonarán sus monedas para obtener los beneficios señalados para México.

En la Unión Europea tomó quince años llegar al punto donde se adoptará una sola moneda, y el proceso político ha sido muy complejo. ¿Por qué cree que México podría manejar esto de manera tan fácil? 

No veo por qué no, en este caso no está de por medio la convergencia de instituciones pues México siempre aceptará la política monetaria de Estados Unidos, que es mejor que lo que México ha tenido en los últimos treinta años. 

Así que no veo la complicación para hacerlo… el primero de diciembre. ¡Háganlo ya!

¿Esto implicaría la coordinación de políticas con Estados Unidos, si adoptamos el dólar y dejamos el peso?

Hoy en día hay una coordinación en un solo sentido, México depende de la política de la Reserva Federal. 

¿Le llama a eso coordinación, o seguir órdenes? 

No, México debe escoger, pero la economía de Estados Unidos es la más grande el mundo y México no se puede deshacer de su vecino; si tienen una fiesta va a haber ruido, y si su casa es muy grande habrá mucho ruido. Esa es la realidad, a menos que quiera mover a México de donde está. 

Eso costaría aún más dinero.

Esa es la realidad, y haga lo que haga no puede escaparse de las tasas de interés: si suben son malas noticias para México. En el pasado el manejo del peso ha hecho las cosas peores; los problemas no vienen de Estados Unidos, cuando hay un colapso en México es porque tienen malas políticas. Esto es lo que usted tiene que perder, y a cambio no gana el derecho de manejar la economía de Estados Unidos. Nadie obtiene esto, ni Canadá ni México, y punto. No hablamos de una unión monetaria ni de lo que ocurre en Europa.

No veremos instituciones nuevas ni supranacionalidad.

Ciertamente no, pues la economía de México es demasiado pequeña comparada con Estados Unidos. La economía de México es un 5% del tamaño de la economía de Estados Unidos. Lo que pasa en México no tiene un impacto en su vecino, así que la política monetaria de Estados Unidos no se va a manejar para el beneficio de México. México, ahora, es como hablar de Colorado.

Señor, si suena tan fácil como usted lo señala y cree que existe el apoyo político para hacerlo, en especial de los pobres, ¿por qué piensa que no se ha hecho? 

Creo que es un paso importante que hay que tomar de la manera y en el momento adecuados. Primero México debe salir de sus problemas y entonces entender que en vez de 4% puedes tener 7 u 8% de crecimiento. La diferencia hasta el año 2000 está en la incertidumbre que hay en lo político, la interacción entre la macroeconomía y las políticas que se siguen. La dificultad en el manejo del peso es lograr un acuerdo entre Hacienda, Banco de México, la Presidencia; todo esto está claro, aun ahora que han salido de lo peor de la crisis. Usted pregunta qué sigue, pues esta es una carta que se puede jugar.

Si este acuerdo se negociara entre el Tesoro de Estados Unidos y el Banco de México, ¿habría algún precedente que sirviera de guía?

Argentina, pero usa un Consejo Monetario que en algún momento desaparecerá. Por eso es mejor adelantarse un paso y adoptar el dólar, excepto por monedas y billetes chicos. Otro precedente es Panamá y funciona bien.

Una pregunta que muchas gentes en América Latina se hacen y ahora en México con esta idea de utilizar el dólar: ¿no pierden los países su identidad al cambiar de moneda?

Los países que hacen un mal manejo de su moneda agudizan los problemas sociales; se vuelven muy dependientes de instituciones financieras internacionales y tienen que venir a Washington a mostrar sus presupuestos. Ahí es donde usted pierde su independencia. Si tiene un sistema monetario estable, cada quien puede hacer lo que quiera, tiene más opciones para resaltar la cultura y lo que su país es en esencia; y muchos menos viajes a Washington. Así que pienso que en los ochentas y los noventas el mal manejo económico le ha costado mucho a Latinoamérica en términos de su independencia y su personalidad.

Muchos analistas en la región estarían de acuerdo con usted. Una pregunta que resume lo que hemos hablado hasta ahora: ¿qué políticas económicas y cambiarias en México durante los próximos tres años le costarían menos a Estados Unidos, pues la dolarización del sistema bancario no se hará ahora, eso tomará un tiempo. Las políticas le han costado mucho a Estados Unidos

Yo debatiría el que no se pueda adoptar el dólar pronto, incluso este año; es errado pensar que esto es tan complicado que se llevaría años hacerlo. Argentina lo hizo en dos meses, era mucho más fácil porque ya funcionaban con dólares para enfrentar la hiperinflación. Pero suponiendo que no se hace rápido, es esencial que México comience a devaluar el peso al ritmo de la inflación; si no, la sobrevaluación crecerá al punto en que hay que manejarla, vienen otra vez los tesobonos, y en el año 2000 de nuevo la política, y vuelve a haber un colapso. Cuidado de no permitir esto.

Esto es incómodo porque suben las tasas de interés; en los últimos meses se dio el escenario ideal: tasas suficientemente altas para atraer al inversionista de afuera, y tasas negativas dentro de México, pero se va a acabar pronto y vendrá la realidad, lo que hace que el plan de dolarización sea mucho más atractivo, pues evita el alza de las tasas.

Voy a tomar su reto y regresar a este punto; hablar de la posibilidad real de un cambio de esa naturaleza, más que de sus ventajas. En unos meses tenemos el cambio de gobernador en el Banco de México; ¿cuáles deberían ser las características de esa persona y qué políticas debe seguir?

El Banco de México tiene la tradición de estar manejado por el sistema político y las necesidades del PRI y del ciclo electoral. Y, aunque el Banco es formalmente independiente, en realidad no lo es. Uno ve al Gobernador del Banco en la televisión sentado junto a quienes anuncian el Pacto, ¿qué está haciendo ahí? El Banco debe independizarse, tener objetivos bien claros; algo de esto se ha dado luego de la crisis, pero estos cambios llevan tiempo; por ahora es incompleto. A menos que se dé una reforma monetaria como en Argentina, tardaremos veinte años en confiar en el Banco de México como lo hacemos con el Banco Central en Francia, Italia o Alemania; y respecto a este último tomaría 50 años. Así que es un proceso largo y no pienso que haya que apresurarse pues la tarea del Banco es preservar la estabilidad, y sobrevivir promoviendo los cambios necesarios.

Pero sabemos que para los inversionistas, las organizaciones internacionales y los gobiernos siempre hay preferencias de algunos individuos sobre otros. ¿Cree que hay alguien que prefieren en Washington o Nueva York?

No, usted quiere a alguien que sabe que la estabilidad monetaria es la clave de la prosperidad monetaria, y que es un error jugar con experimentos; segundo, alguien que no es un ideólogo sino que es inteligente y pragmático; pero respecto a alguien en particular, no tenemos un nombre ni una lista corta de candidatos. Hay muchos mexicanos que reúnen estas características. 

Hay un candidato muy fuerte que es el subgobernador Francisco Gil Díaz…

Es sin duda un monetarista, yo no temería que fuera a permitir la inflación; aunque no sé si sobreviviría. Tiene una reputación muy distinguida y sería aceptable. 

¿Alguna otra opción?

No tengo nombres que darle…

Usted conoce tan bien a México que también conoce a las personalidades.

No me va a sacar un nombre…

Usted dijo que la dolarización se puede hacer muy pronto. ¿Alguna de estas personas, no importa el nombre, en el Banco de México, luego del cambio de gobernador, puede hacerlo? 

No es una cuestión del Banco de México, es una decisión del presidente y él sería el líder; el Banco no maneja la tasa de cambio, es el gobierno el que decide. 

Y por supuesto, hay que crear consenso con los mercados de capital y las instituciones; sería una locura sacar esta idea y entonces tener un debate, en vez de un acuerdo muy amplio de que ésta es una buena idea, y que todos la apoyan.

Crear un consenso que facilite un paso traumático de una a otra moneda…

No diga traumático, piense en que es un paso feliz.

Traumático hacia la felicidad. Sólo una pregunta sobre el famoso TLC o NAFTA. ¿Qué va a pasar en el Congreso en Washington cuando en junio, julio, se revisen los primeros impactos de éste?

No hay nada ahí; en un Congreso democrático hay oportunidad de tomar un tema y hacer un escándalo, pero la vida sigue adelante. Algunos sin duda dirán que el TLC es terrible, que no lo debimos hacer y hay que pararlo, pero el 99% del Congreso lo apoyará y no hay ninguna oportunidad de echarlo para atrás. Así que no hagan caso y váyanse mejor al cine. 

Hay buenas películas estos días, a lo mejor seguimos su consejo. Pero sí hay algunos estudios que han salido y dicen que no se han creado empleos con el TLC; Estados Unidos tiene un gran déficit comercial, $39,000 millones con China, $50 y tantos con Japón. ¿Qué reacción habrá ante esto?

Tenemos una situación extraordinaria de pleno empleo, con 250,000 trabajos nuevos cada mes, no tenemos problemas; será muy difícil que alguien convenza a la mayoría del Congreso de que un país nos está arruinando. Así que no pongan atención; México le hace demasiado caso a quienes dan grandes discursos, tienen que hablar de algo y les conviene hacerlo sobre México, pero es sólo ruido.

Es un tema popular en México…

Claro, pero hay tantas otras cosas como el TLC que pasó felizmente, y la fantástica exhibición de arte en la Galería Nacional que tanto nos alegró, y que mostró la cultura de México. La cosa más espectacular que hayan visto muchas gentes. Hay que ver ese lado de México también.

Son más divertidos los museos que el Capitolio. Latinoamérica es un tema del que debemos hablar también. Los países de América Latina han puesto en práctica por muchos años políticas que reciben un fuerte apoyo en Washington, lo que se conoce como el “Washington Consensus”, ¿qué es lo que hemos hecho mal en América Latina? Porque no nos ha ido tan bien…

No le llamaría el Consenso de Washington, suena muy imperialista… 

Esa es la intención.

Tampoco las políticas de Reagan y Thatcher. Las ideas económicas son simples, se trata de que las gentes puedan operar como empresarios sin la intervención excesiva del gobierno y los sindicatos; usar su creatividad para progresar. La descentralización es esencial pues el gobierno federal no puede resolver todo.

La intervención que fue necesaria en la Gran Depresión es ahora irrelevante; y las nuevas políticas, en Chile, a quince años de distancia, han producido resultados fantásticos; crecimiento de 7% anual, aumentos reales de los salarios cada año de 5 ó 6%, esto es mucho. ¿Cómo cambió un país como Chile, incluso reduciendo la pobreza? Hoy el chileno común tiene una perspectiva estable y de prosperidad, igual que sus hijos. No es ideología, es sentido común. América Latina está aceptando este modelo; Argentina tiene el éxito y el crecimiento, parecido a Chile hace unos años, y ahora tendrá diez años de crecimiento y de mejores empleos. Brasil, un país grande y alocado. Cardoso se quiere reelegir, así que llevará tiempo que hagan sus reformas, pero se darán. Venezuela tiene mucho petróleo, le va bien aunque con una mano hace cambios y con la otra los echa para atrás.

Pero el mensaje es el mismo para todos; abre las fronteras, deja que la gente compita, permite a la inversión extranjera, la creación de empleos, el uso de la tecnología, participa en los mercados internacionales, y crecerás 7%. Si te haces tonto y mantienes tu moneda inestable, seguirás siendo pobre otros diez años. 

El efecto tequila. Brasil y Argentina resistieron finalmente, México parece que ha hecho las cosas un poco mejor que lo que se anticipó. ¿Tendría usted una autocrítica del pesimismo que expresaba hace un par de años sobre estos países?

Sobre Brasil diría que no han acabado; yo hace cinco años que no critico a Argentina, pienso que necesitaban una operación radical y que eso es lo que hicieron, y el país entero está comprometido con las reformas; nadie las cuestiona, ni piensa que la respuesta a los problemas la dará el gobierno, ni que la devaluación ayudará, Argentina va por el camino de Chile. Pero hay que ser críticos de Brasil; pienso que el presidente está sacrificando las reformas en aras de buscar la reelección; crece al 4% cuando debería crecer al 10%. El presidente quiere resolver rápido la pobreza doblando los salarios, pero eso es populista y peligroso; habrá que ver si la sobrevaluación tan grande que ha fomentado tantas importaciones es sostenible. Brasil es pragmático, como México; no hay principios y quizá puedan durar más con esta situación. 

Sobre México yo era más pesimista; ha habido más crecimiento del que esperaba, y creo que los mercados financieros se han movido y han ayudado a México a levantarse; igual me sorprendió el caso de Turquía, y claro que estoy contento que lo que pudo ser una desgracia lo han resuelto esos mercados. Ojalá eso no hubiera sido necesario.

Correcto, nos hubiéramos ahorrado ser la prueba de que Rudi Dornbusch no estaba acertado en sus análisis…

No importa si yo tuve o no razón. México ha tenido suerte con su equipo económico, han demostrado que tienen una visión. El presidente es alguien con cabeza fría, y esto ayudó a reconstruir la confianza muy pronto. Si hubieran estado al frente aficionados, no se hubiera logrado esto. 

Es interesante oír esta opinión sobre el equipo económico, no se escucha en México muy seguido y en Estados Unidos mucha gente está muy nerviosa también. 

Pienso con todo respeto que el presidente y su equipo, Guillermo Ortiz, han sido muy efectivos, lo que es parte clave de la confianza. Si se hubieran cometido errores técnicos o el equipo no fuera tan bueno, estarían pagando con tasas más altas y menores créditos disponibles.

Volviendo al principio. Si gana la oposición el control del Congreso en julio, o la gubernatura del DF, ¿los mercados están preparados para esa victoria de la oposición? 

Todo mundo supone que la oposición va a ganar en la Ciudad de México. ¿Se puede vivir con esto? En Brasil los comunistas ganaron en Sao Paulo, y se dijo: muy bien, así se demostrará que no pueden gobernar y perderán la elección presidencial. Quizá veamos algo así en México, pues el equipo del PRD no es muy convincente; así que déjenlos que prueben que no saben gobernar, y eso acabará sus chances para el 2000.

¿Qué tal si, como Zedillo, sorprenden a Washington y Nueva York y administran muy bien a la Ciudad de México? 

Creo que el problema no ha sido la Ciudad de México, pues todos entienden que administrar una megaciudad es una pesadilla. Hay problemas, pero no se ha caído a pedazos; cada vez que el país parecía irse al diablo, pudimos haber visto enormes problemas en la capital, pero no. La predicción sería que un país con una pérdida masiva de la producción, donde tantos viven en la ciudad más grande, tendría revueltas a diario. Pero el que no haya ocurrido es un mérito de la gente que hay que reconocer. 

Y, sin embargo, si vemos otros países, Brasil por ejemplo, el ministro de Hacienda ha expresado su sorpresa y no está muy contento con el argumento que usted ha hecho, que su moneda está sobrevaluada y que van a terminar repitiendo la crisis de México.

Sí dije lo primero, que están sobrevaluando y que se han duplicado precios y salarios en dos años; hay felicidad por ahora. Pero no he dicho que Brasil sería el próximo México, porque ellos no llegarían hasta el suelo; antes, pondrían controles de cambio, y quizá devaluarían mucho, pero ésta es una gran diferencia; son un país muy pragmático y tienen muchas opciones. Ahora gozan de continuidad en el gobierno, pero primero se preocupan por la reelección antes de hacer algo.

Hay ataques especulativos cuando alguien se ha caído, pero nadie lo ha hecho aún. El tiempo para preocuparse sobre Brasil es en dos años más, y no ahora.

En América Latina en general las privatizaciones, abrir las fronteras, parece que han sido las medidas y las políticas fáciles ¿pero qué viene en el futuro para solidificar este futuro brillante que usted considera se dará?

Creo que las reformas afectan a muchos y son un cambio repentino; si no hay nada que esperar para más adelante, entonces nos cuestionaríamos si todo esto es lo que se debió hacer. Hay que ver a Chile; hicieron todo y hoy su ingreso per cápita se ha duplicado, la economía crece 7 u 8%, no hay déficit presupuestal, los impuestos bajan cada año; ¿esto es posible en otros lados? Sí, es la misma historia en Asia, en cualquier país con una coherencia en sus políticas y que se ha insertado en el mercado internacional; pronto logran estas altas tasas de crecimiento. Tener estabilidad macro-económica es la clave; sólo reformar, sin esa estabilidad, es un gran error; usted empieza a importar sin producir nada de valor, y a vivir de prestado hasta que truena. Hay que hacer que las reformas den resultados y dejar de vivir de préstamos que luego de unos años producen crisis.

En varios países de América Latina, ciertamente en México, mucha gente piensa todavía que las reformas, más el cambio tecnológico, más la orientación a las exportaciones, no han ayudado a resolver el problema del desempleo y de la migración. ¿Qué soluciones políticas, qué opciones tienen los gobiernos de América Latina?

La respuesta es la estabilidad macro, pues las reformas solas o la inestabilidad macro no dan resultados, le dejan un dolor de cabeza y problemas. Las reformas de Salinas en México fueron muy buenas, pero en su esfuerzo por reducir la inflación el peso se sobrevaluó, hasta que se desplomó y todas las ganancias en productividad se perdieron; así pasa siempre. Y las reformas no muestran nada cuando se va uno a la quiebra todo el tiempo. Si tiene usted una gran empresa con productos cada vez mejores, pero el tesorero juega en la bolsa y pierde el dinero, se pierden los empleos y eso es lo que pasó con Salinas. Como se había hecho en 1982, y es lo que deben evitar en el 2000.

No puedo dejar de preguntarle su reacción a un punto de vista muy común en México, que si Pedro Aspe se hubiera quedado en el gobierno de Zedillo como ministro de Hacienda, habría manejado la crisis del peso de una manera mucho más efectiva y con más habilidades que lo que fue el caso.

Pedro Aspe es un economista muy habilidoso, y un gran estadista; ¿podría haber evitado la crisis? Quizá, sobre todo al principio, cuando el equipo de Zedillo no sabía dónde estaban los teléfonos ni de quién era cada oficina, y su credibilidad en los mercados financieros era muy limitada; todo esto empeoró las cosas. La crisis terrible se dio en parte por un problema de liquidez, que es uno de administración, y Pedro Aspe lo hubiera resuelto mejor. Ahora: ¿podría haber evitado la devaluación? Yo soy escéptico sobre eso, pero sí creo que con él no hubiera habido el caos catastrófico de diciembre a abril.

¿Tenía mejores contactos en Estados Unidos? 

En parte, así como su experiencia y el saber los contactos clave y la gente del otro lado de la mesa, los que tienen las acciones en sus manos, y qué decirles a ellos. No hay que perder de vista que mucho del problema es la confianza, esto es lo que le pasó al nuevo gobierno, que se quedó sin dinero y de pronto necesitaba demasiados préstamos; ahí era importante Aspe. Si se queda en el gobierno no hubiera habido ese problema de confianza. Pero el peso estaba sobrevaluado, había un problema esencial; ¿pudo mantenerse el peso así mucho tiempo? No creo, aunque sé que algunos dicen que todo pudo seguir bien si hubieran subido las tasas de interés. Es fácil especular, yo dejo abierta la posibilidad, pero Aspe es muy hábil y México quizá hubiera pagado un menor costo con él.

En uno de sus trabajos señala de una manera más contundente: la crisis venía, no importan las personalidades u otros detalles…

Sí. Si usted tiene una gran sobrevaluación un día tendrá problemas; éstos se pueden posponer, pero si se posponen por mucho tiempo le costará más resolver el problema. La experiencia de muchos países ha sido que con más de 30% de sobrevaluación, hay problemas. Ninguno lo ha evitado. Me sorprendería que México fuera diferente.

Y sin embargo hay un futuro más prometedor en su análisis.

Creo que hemos aprendido mucho, sobre todo que no es bueno intentar manipular la moneda. Una moneda estable es un ingrediente importantísimo para el buen desempeño económico; abrir las fronteras es una gran fuente de crecimiento; y si se combinan las dos se gana un boleto para la prosperidad. Ese es el mensaje, no el nacionalismo, que es muy caro, y que los pobres no pueden darse el lujo de tener, y que en realidad es la élite la que lo promueve. La gente le debe decir: olvida el nacionalismo, es más importante la estabilidad.