La nueva relación de México con Estados Unidos hace evidente que nuestra política exterior ha sufrido transformaciones profundas. Hay quienes creen que la intención es influir en el proceso de elaboración de políticas de ese país, a través del desarrollo de un mecanismo de cabildeo, lobby étnico, que favorezca nuestros intereses frente a Estados Unidos.

¿Es posible que la diáspora mexicana se convierta en un actor importante dentro del sistema político estadunidense? En principio existen tres factores que favorecen este proceso: 1) su crecimiento demográfico acelerado; 2) el aumento de hispanos en cargos públicos; 3) el poder de decisión que las comunidades étnicas tienen en el sistema estadunidense, respecto a sus países de origen.

¿Puede ser la diáspora mexicana una posible “aliada” de los intereses del Estado mexicano? Franco Hijuelos afirma que cualquier intervención exitosa en el proceso de elaboración de políticas estadunidenses depende, entre otras cosas, de “la posibilidad de encontrar aliados internos que gocen de legitimidad y que asocien su causa al interés nacional”. En este sentido, cabe señalar que 1) por su composición y falta de organización, la diáspora mexicana no ha desarrollado una solidaridad interétnica que la distinga; 2) su presencia política y económica dentro del sistema político estadunidense es mínima; 3) sus intereses difieren de los del gobierno mexicano puesto que un buen número de mexicanos residentes en Estados Unidos son opositores al régimen.

Así, en el corto plazo resulta poco viable la conformación de un lobby étnico que defienda nuestros intereses en el Congreso de Estados Unidos. Sin embargo, es poco evidente que México necesite de dicho instrumento para promover sus intereses en Estados Unidos. La experiencia nos ha demostrado que con cabildeo o sin él, los temas que constituyen la agenda bilateral México-Estados Unidos hacen que nuestro país esté presente de manera constante en el debate político estadunidense. Es decir, la agenda bilateral está inmersa tanto en la política interna como en la política de seguridad nacional norteamericana.