Mario Huacuja Rountree

Asesores de la Presidencia del Instituto Federal Electoral

De manera franca y hasta jocosa, este artículo se dirige a los alquimistas y constructores de fraudes electorales. En apariencia, no hace otra cosa que sugerirles trucos, imposturas, artimañas. Pero las cosas no son lo que parecen ser. Lo que hace en realidad es alertarlos contra la imposibilidad de llevar a cabo sus proyectos

1) Cómo falsificar una credencial

Falsificar una credencial para votar es un proceso extremadamente difícil y complicado, pero no imposible. En primer lugar, es preciso conseguir una mica especial para credenciales oficiales, como las que se utilizan en las licencias para conducir. En segundo lugar, hay que contratar a un técnico especialista en marcas indelebles a billetes y documentos de gran valor, con el fin de imprimir el holograma utilizado por el IFE, los sellos con el escudo nacional que son visibles mediante una luz ultravioleta y las tramas onduladas que cruzan la fotografía. En tercer lugar, hay que conseguir el papel plastificado Tesli, imprimir los datos del ciudadano y cubrirlo con la mica especial, y sobornar a todos los agentes de seguridad de las instalaciones que guardan las películas de alta resolución fabricadas especialmente por la firma Polaroid para estas credenciales. En cuarto lugar, es necesario inventar una Clave de Elector que coincida con los datos del titular y con las cifras utilizadas por el IFE para singularizar al ciudadano; es decir, que las primeras letras coincidan con la inicial del apellido paterno y la primera consonante, las siguientes con la inicial del apellido materno y la primera consonante, posteriormente la inicial del primer nombre y la primera consonante, después los números con el año de nacimiento, el mes y el día, el número al que corresponde la entidad federativa en la que se encuentra el elector y la letra que corresponde al sexo. Para obtener el último número de tres dígitos -que resulta ser una clave secreta para impedir falsificaciones- habrá de realizarse un nuevo desembolso para sobornar a los funcionarios del Registro Federal Electoral, porque el número diseñado por las autoridades es un algoritmo de cómputo compuesto por una fórmula secreta que se conforma teniendo como base todos los datos anteriores. En este caso se puede inscribir un número al azar, por supuesto, pero las posibilidades de atinarle al número indicado son una entre novecientos noventa y nueve. 

Finalmente, como se trata de una credencial falsa, el falsificador puede permitirse ciertas licencias. Por ejemplo, habría que inventar el número de Folio, que corresponde al número de solicitud de ingreso al padrón -para impedir las duplicidades-, y el número que corresponde al municipio, que es una cifra especial que no corresponde a la numeración geográfica que utiliza el INEGI. Así, después de buscar la información correspondiente al Estado, la localidad y la sección, el falsificador tendrá una Credencial para Votar con ciertas imperfecciones, pero que puede servir como identificación ante aquellas autoridades que no verifiquen de manera inmediata si tal documento está acreditado ante el Registro Federal Electoral. Así, el falsificador podrá cobrar cheques de banco o utilizar su credencial para visitar ciertos lugares sin que nadie lo detenga, hasta que alguna autoridad civil o bancaria lo detecte. Sin embargo, después de este larguísimo periplo, lo único que no podrá hacer es votar, porque al no estar registrado en el padrón electoral ni en las listas nominales de electores, los funcionarios de casilla y los representantes de los partidos no le darán las boletas ni le permitirán el paso a las urnas. 

A fin de cuentas, tener una credencial falsa de elector es como tener una tarjeta falsa de banco: así como no se puede obtener dinero de los cajeros porque el portador de la credencial no está en la base de datos del banco, así el portador de una credencial falsa para votar no podrá votar por no aparecer en las listas nominales de electores. 

2) Cómo obtener dos credenciales para votar dos veces 

Cualquiera puede pensar que la forma más expedita de obtener varias credenciales para votar consiste en asaltar un módulo y obtener todas las credenciales que se encuentren a la mano; sin embargo, este procedimiento resulta en primera instancia riesgoso y a la postre ineficaz, porque los funcionarios del módulo tienen la obligación de reportar de inmediato las credenciales robadas para que sean inutilizadas de inmediato, tal y como sucede con las tarjetas de crédito que se reportan extraviadas. Claro que para completar la operación el delincuente puede sobornar a las autoridades del módulo para evitar que reporten el robo, pero en fechas recientes se impuso un control adicional a la expedición de credenciales, de manera que los encargados del módulo firman por todas las credenciales recibidas, y son ellos los responsables últimos de sus paraderos. 

Aunque no lo parezca, el procedimiento para obtener dos o más credenciales es mucho más sencillo. Para obtener una credencial para votar con datos verdaderos uno tiene que acudir al módulo de su jurisdicción y proporcionar la información que se solicita. Como las autoridades encargadas de la acreditación están sujetas a la buena voluntad de los ciudadanos, cualquiera puede acudir a los módulos y proporcionar datos falsos sobre su persona. 

Una vez transcurrido el tiempo en que se produce la credencial, bastará acudir al módulo con un acta de nacimiento o credencial de alguna institución pública falsa o bien en compañía de dos testigos, que acreditados con documentos verdaderos atestigüen la personalidad apócrifa del ciudadano en cuestión. En tal caso, uno puede tener una credencial verdadera y otra falsa, y aparecer dos veces en el padrón electoral y en las listas nominales de electores. Para mayor seguridad, lo más conveniente es figurar en dos entidades federativas alejadas entre sí, para de esa manera evitar la duplicidad de imagen fotográfica en un mismo estado o región. 

Salvando todas las vicisitudes del caso, el problema consiste en votar dos veces. Si el interesado en hacerlo eligió dos entidades geográficamente distantes, como Baja California y Yucatán, el viaje en avión el mismo día incrementará los gastos del fraude, pero el horario de la elección permite la visita a dos urnas distintas el mismo día. La marca en la credencial que se realiza después de la votación no representa problema alguno, ya que el autor del fraude cuenta con dos credenciales y sus correspondientes nombres -uno verdadero y otro falso- en las listas nominales de electores. Lo que sí representa un problema mayúsculo es la mancha indeleble en el dedo pulgar que se aplica después de la votación. Sin embargo, este obstáculo puede superarse cortándose de un solo tajo el dedo manchado, aplicando un rápido torniquete para evitar mayores complicaciones, y acudiendo a la casilla seleccionada antes de irse al hospital, alegando que la urgencia del caso amerita una votación de emergencia con el dedo que aún está intacto. En este caso, el autor del fraude habrá perdido un dedo, pero habrá ganado un voto. 

3) Cómo adulterar el líquido indeleble 

Para evitar pérdidas y traumatismos como el mencionado en el párrafo anterior, otra vía para votar dos veces consiste, además de seguir escrupulosamente los pasos mencionados anteriormente, en cambiar la composición del líquido indeleble, lo cual es posible mediante un esquema técnico y delictivo que comprende varias fases. En primer lugar, resulta indispensable apoderarse de la fórmula especial desarrollada por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional para los comicios, y contratar a un grupo de químicos de la más elevada calidad para desarrollar un líquido semejante que presente el mismo aspecto y olor, que tenga un tiempo de secado inferior a 1os 15 segundos, y que acredite una permanencia en la piel superior a las 10 horas sin ser tóxico ni irritante. Aquí la trampa consiste en lograr que el líquido se disuelva en uno de los 14 solventes que resiste el verdadero (agua, jabón, detergente, alcohol del 96°, quitaesmalte, thinner, aguarrás, gasolina blanca, vinagre de alcohol, aceite vegetal, aceite mineral, crema facial, jugo de limón y blanqueador de ropa), inventando una nueva fórmula. Posteriormente, el nuevo líquido deberá colocarse en un envase de polietileno de alta densidad color beige, rotularse con una etiqueta falsa que señale que el producto fue desarrollado por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, y almacenarse en un área que tenga una temperatura constante entre 20° y 25° centígrados. De esa forma, sin escatimar gastos, se habrá logrado un frasco con líquido indeleble idéntico a los oficiales, pero con la salvedad de que uno de los solventes mencionados -thinner, por ejemplo- puede borrar la mancha en el dedo antes de 10 horas de aplicado. Como se comprende, esta información sólo obrará en poder del individuo que va a realizar el fraude. 

El problema de este truco es que también requiere de cierta dosis de violencia para poder llevarse a sus últimas consecuencias. Como la fabricación del líquido se realizará en una empresa privada bajo la supervisión de la institución académica mencionada y los frascos serán entregados ante un Notario Público en la Bodega de Almacenamiento de los Materiales Electorales, la única forma de introducir el líquido falso a la casilla en cuestión es vigilando todos los movimientos del presidente del Consejo Distrital correspondiente, para en el momento en el que dicho funcionario haga entrega del líquido indeleble al presidente de la casilla donde se planea el fraude, realizar un violento ataque a todos los presentes, fingir un robo como cualquier otro, y en la confusión del asalto cambiar el frasco original del líquido indeleble por el falso. Nadie discute que se trata de un procedimiento oneroso y lleno de riesgos, pero es indudable que nadie le quitará al actor del fraude la morbosa satisfacción de ver que la mancha de su dedo se disuelve en thinner. 

4) Cómo adelgazar el padrón electora| 

Este fue uno de los grandes temas de discusión en torno a la posibilidad de un fraude electoral en las elecciones de 1994, y constituye un expediente que no debe pasar por alto ninguno de los interesados en el asunto. Sin embargo, no podemos exponer aunque sea someramente el tema sin advertir las complicaciones que habrán de sortearse. Primeramente una cuestión semántica: si en 1994 se habló de “rasurar” al padrón electoral cuando algunos ciudadanos se equivocaban al hacer sus trámites en los módulos del IFE y por ello no aparecían en el padrón con sus nuevos datos, en la actualidad se habla de un proceso de “depilación” del padrón, que significa dejar fuera de tal registro a los individuos que tengan cierta afiliación o simpatía partidaria. 

Si alguien quiere hacer una tala de nombres en el padrón para perjudicar a algún partido en especial, el primer paso deberá ser saber las preferencias electorales de la ciudadanía para ubicar a qué individuos se piensa “depilar” o borrar del padrón para impedirles su derecho al voto. Pero como el voto es secreto, y como generalmente los ciudadanos no andan voceando sus inclinaciones políticas, lo más seguro es conseguir las listas de afiliados del partido que se quiere perjudicar, para a la hora de borrar ciertos nombres en el padrón tener la certeza de que la operación va a reducir los votos favorables al partido en cuestión. 

De manera que en este caso la operación debe iniciarse robando las listas de afiliados del partido señalado como la víctima, para lo cual primero habrá que conocerse el paradero preciso de dichas listas y actuar con la mayor discreción posible. De preferencia, obténgase una fotocopia y devuélvase el original para evitar sospechas. En seguida, y a sabiendas de que el padrón electoral es un sistema cerrado al público -sin ningún tipo de conexiones cibernéticas con el exterior-, deberá realizarse una operación de asalto al Registro Federal de Electores, y en una acción coordinada entrar al sistema, borrar un determinado porcentaje de los afiliados al partido que se va a perjudicar, y no dejar rastro alguno de la intervención, utilizando todo tipo de recursos, desde los guantes en las manos para evitar huellas hasta el soborno a los elementos de seguridad. Otro tanto deberá hacerse con las copias del padrón que obran en poder de los partidos, para que nombres que se esfumaron del padrón original desaparezcan también de las demás copias. Es importante señalar que esta operación deberá realizarse después de las verificaciones que se realizarán al padrón un poco antes de las elecciones para evitar el escándalo. Finalmente, hemos de prevenir a los interesados de que el método aquí esbozado no es infalible: a la postre, habrá que encomendarse al azar y esperar un milagro para que los afiliados al partido en cuestión no acudan a revisar durante las semanas de su exposición su nombre en los 3,500 lugares públicos donde se exhiben las listas nominales de electores, ya que si lo hacen y no se encuentran pueden reclamar ante el Tribunal Electoral, y acabar votando el 6 de julio con la copia certificada del fallo del Tribunal y una identificación. En ese caso, el fraude perfecto se habría desbaratado momentos antes de consumarse, y al final de la jornada no cabría consuelo alguno. 

5) Cómo falsificar las boletas electorales 

He aquí un procedimiento sumamente atractivo para lograr votos fraudulentos en paquete, ideal para aplicarlo de manera colectiva con personal de oficinas, empresas, sindicatos, escuelas o congregaciones religiosas. En este caso, debe de tomarse como punto de partida el liderazgo de un jefe de departamento, patrón, maestro, dirigente laboral o sacerdote, con el suficiente arraigo entre sus grupos de influencia como para inducirlos a acudir a las casillas con boletas electorales previamente cruzadas en el emblema del partido que se quiere favorecer con el fraude, y cambiar la boleta que los funcionarios de casilla le hayan entregado en el momento de realizar el voto. Siguiendo escrupulosamente estos pasos, el número de boletas que aparecería al final de la votación en las urnas resultaría idéntico al número de boletas entregadas a los electores para emitir el sufragio, y ni los funcionarios de casilla ni los representantes de los partidos ni los observadores electorales notarían la delicada filigrana del engaño. 

En este caso no debe olvidarse que, una vez integrado el grupo o los grupos de falsificadores, resulta indispensable amenazar a sus integrantes con represalias de diversa índole para que el día siguiente de la elección lleguen a sus respectivas iglesias, escuelas o centros de trabajo con las boletas originales que les fueron entregadas en las casillas, para de esa forma demostrar que introdujeron las boletas falsas en las urnas. El resto del trabajo es una cuestión técnica, pero no por ello menos importante. Lo primero que debe hacerse es contratar una imprenta de la más alta calidad, en México o en el extranjero, capaz de fabricar un papel bond de gramaje especial y de fabricación exclusiva para la impresión de las boletas electorales. Posteriormente, se deberá sobornar al equipo de especialistas que diseñaron el fondo de seguridad para la impresión de las boletas, o en su defecto conseguir un grupo de falsificadores capaces de fabricar documentos apócrifos de la más alta calidad. Una vez cubierto ese expediente, deberá imprimirse en cada boleta una pantalla de fondo de agua con el escudo nacional y la leyenda del Instituto Federal Electoral, y por debajo el año de 1997 en color gris al 10%. Debe ponerse especial cuidado en que la impresión del escudo nacional se realice con el color característico de la elección del presente año, y que los pantones utilizados para los emblemas de los partidos contendientes sean idénticos a los utilizados en el modelo original. Finalmente -aunque éste último paso requiera un esfuerzo igualmente fastidioso-, se deberá tener conocimiento unos días antes de la elección de quiénes serán los representantes de los partidos en las casillas elegidas para el fraude, con el fin de salvar un último escollo. Como la ley faculta a los representantes de partido seleccionados por sorteo a marcar las boletas electorales con sello o firma, lo ideal sería que los operadores del fraude conocieran las firmas de dichos representantes, y que aprendieran a falsificarlas para estar prevenidos en el caso de esta eventualidad. De igual forma, deberán estar provistos con copias falsificadas de los sellos que el Instituto Federal Electoral reparte en las casillas para marcar las boletas con su impronta. 

Como la falsificación de las boletas es un camino sumamente difícil de transitar, muchos se preguntan si no sería mucho más sencillo robar las boletas originales y repartirlas entre los líderes dispuestos a inducir a sus seguidores o subalternos a introducir en las urnas boletas marcadas previamente. Esa otra vía es posible, desde luego, pero hemos de advertir que la institución encargada de la custodia de las boletas electorales en sus fases de impresión, traslado, almacenamiento y entrega a su destino final es el ejército, y que presentar la estrategia para atacar a las fuerzas armadas de la nación es un ejercicio que sobrepasa por mucho los límites de este artículo. 

6) Cómo alterar los resultados preliminares

Como último recurso a los alquimistas y progenitores del fraude, aquí ofrecemos un procedimiento que no afecta directamente el proceso en favor o en contra de un partido determinado, sino que produce un cisma en la opinión pública mediante el intento de derrumbar el sistema de cómputo o el mecanismo de proyectar resultados falsos de la elección. 

En este caso, lo primero que debemos señalar es que el Programa de Resultados Electorales Preliminares del IFE no es un sistema único de cómputo, sino una red muy intrincada de sistemas que vuelven prácticamente imposible la intervención de un elemento extraño que pretenda modificar la información que fluye de las casillas hacia el Centro Nacional de Cómputo. En consecuencia, la única forma de alterar los resultados electorales consiste en intervenir la línea de salida que va de dicho centro a las instancias que distribuyen la información, como la UNAM, el Instituto Tecnológico de Monterrey, las cadenas televisivas del país, los diarios nacionales y regionales e incluso las computadoras de los usuarios de Internet. En ese contexto, la única vía para modificar los resultados electorales consiste en contratar a un pirata de la informática -los llamados jackers o crackers- y pedirle que se introduzca en alguno de los canales de salida de la información para cambiarla aunque sea momentáneamente. 

De tal forma, se podrá modificar la información de una de las terminales cibernéticas del programa -la que aparece en algún diario o un canal televisivo, por ejemplo-, pero las demás ramificaciones seguirán informando de los resultados electorales con los datos fidedignos. Además, los resultados alterados se presentarán sólo momentáneamente, ya que cada vez que llega un nuevo dato a las terminales la información anterior se sustituye por la información más reciente y completa. Así, los individuos que observen los resultados falsos en la pantalla a determinada hora después del cierre de las casillas serán engañados, pero al observar cualquier otro medio -o el mismo a diferente hora- se enterarán de los resultados verdaderos. 

7) Un ejército para el fraude

Hemos demostrado que, después de una labor sumamente compleja, onerosa, difícil, complicada, agotadora, cabe la posibilidad de que alguien obtenga una credencial falsa, vote dos veces, realice canjes de boletas o altere momentáneamente los resultados electorales. Sin embargo, ninguna de estas fórmulas puede conducir a un fraude electoral en toda su magnitud, que implique la modificación de los resultados para adjudicarle el triunfo a un candidato que, en realidad, no fue el vencedor. Para ello, la única vía es la formación de un verdadero ejército de falsificadores, con cientos de miles de gentes dispuestas a todo con el fin de modificar la voluntad popular expresada en el voto. Puesto el esfuerzo en cifras resulta que, si consideramos que el padrón electoral cuenta con más de 53 millones de ciudadanos, para modificar el 1% de una votación a nivel nacional muy copiosa se requeriría de la acción concertada de 500,000 individuos. Si existe una legión de kamikases e impostores dispuestos a robar, sobornar, falsificar documentos o cortarse el pulgar para darle el triunfo a un candidato que en realidad no ganó, las posibilidades del fraude serán mayores. Aun así, apenas se habría logrado un 1% de votos falsos.