Salvo Rushdie, ningún otro escritor conoce tan bien las entrañas de la India moderna como V. S. Naipaul. Estas páginas forman parte de su diario privado de Bombay y constituyen un punto alto de la sensibilidad crítica.

Agosto 20

El avión arrojó la lluvia monzónica sobre el concreto al aterrizar. Nunca había estado en Bombay durante un monzón y empezaba a dolerme el impermeable de plástico que había dejado en el aeropuerto de Londres. Recuerdo el terror con el que llegué a Bombay (por barco) en 1962; la emoción de mi llegada en avión una madrugada de 1967. Con cada arribo sucesivo a la India, disminuyen mi aprehensión y mi espanto. Puede ser que haya aprendido una nueva manera de ver las cosas o que ahora sepa mejor qué esperar; puede ser también que el sentimiento de disolución personal ahora se haya dispersado; que ya no existan lugares a donde uno se pueda retirar; que ahora yo esté consciente de una mayor inseguridad general y de que soy, acaso de manera importante, menos colonial.

El taxi tartamudeó a lo largo de la ciudad soñolienta, los departamentos, las habitaciones de concreto ennegrecido, los brillantes posters de cine. La vitalidad de Bombay era algo que se podía percibir inclusive en ese paseo nocturno: la creatividad en medio del desamparo y la decadencia, de manera que tal vez el desamparo y la decadencia ya no pudieran oponerse más a la creación, pues todo está en un estado de decadencia y construcción. Edificios que había visto solamente como maquetas o alzados de arquitecto, ahora estaban completamente crecidos. En el Intercontinental todo era luz y brillo, el brillo que sugiere la inminente pérdida de lustre. Pero había orden en las galerías del Hotel Taj Mahal, un arco dialogando con otro arco bajo amplias perspectivas, una galería dialogando con otra galería arriba y abajo. El cuarto era blanco y fresco, demasiado fresco. Durante el monzón, la cama se siente húmeda en un cuarto con aire acondicionado.

El Oriente ahora es realmente extraño. Beirut es el centro de un nuevo mundo: árabes, japoneses, hindúes. La prensa hindú que se refiere al Medio Oriente como Asia Occidental coloca el énfasis adecuado.

Ahora a otras imágenes del día: los trabajadores si, quemados por el sol, regresando con zapatos nuevos vía Gulf Air. Ahora los hindúes están yendo a esos lugares en multitudes ya sea como contadores, dependientes, vendedores de verduras. Eso me dijo la muchacha —una anglo-hindú, según supe, y que había sido modelo— a quien encontré en el departamento del fotógrafo, con Rahul Singh. Ella misma ha estado trabajando en Sharja durante dos años y regresa de vacaciones. Las ratas juegan de noche alrededor de la Puerta de la India. Al principio parecía que estaban huyendo, pero luego me di cuenta de que jugaban como conejitos; no estaban buscando un refugio.

Dicen que es más tenso en Delhi. Aquí la gente todavía habla abiertamente. Pero se deben leer los periódicos de manera especial. Están llenos de historias de detenciones repentinas a comerciantes que han estado acaparando granos, gerentes de cine que han estado reteniendo el impuesto al espectáculo, guardianes de burdel que han sido arrestados, burócratas que han sido despedidos. Los periodistas están desmoralizados. El Semanario Ilustrado que vendió 260,000 (elevándose de 80,000 en 1969) ahora va a la baja.

El fotógrafo y la modelo: el tema de Picasso.

Agosto 21

El Express esta mañana; más párrafos crípticos sobre arrestos y detenciones repentinas. Pero la gente arrestada parece cosa de niños. Un periódico aburrido. Hay una característica común en los periódicos censurados: descifrarlos puede ser divertido. Pero éste es tan aburrido como lo son las noticias de AIR (All India Radio). Entre las noticias (principales), sin embargo, hay asuntos que son más interesantes: el año pasado la construcción logró exportaciones por encima de los 375 crores de rupias; la planta de acero de Rourkela dejó ganancias por primera vez. Era día de fiesta, Rakhi Bandan, cuando las hermanas le dan pulseras a los hermanos en señal de afecto. El Museo del Príncipe de Gales estaba lleno de gente común y corriente; gente así pule los pechos de diosas tersas y toca las ingles de Shiva y Uma. La colección era más grande de lo que yo esperaba, la selección de miniaturas era absolutamente fantástica. Toma tiempo ver y aprender en la India; penetrar el arte, la arquitectura, la escultura. Nunca antes había estudiado la arquitectura de Bombay: ese gótico victoriano-hindú que ahora parece tener un enorme encanto. Las multitudes pasean alrededor de la Puerta de la India en las tardes, una banda de tambor y trompeta (una mezcla curiosa de tambores, trompeta y campanas de templo) y una puja (diosa) religiosa de algún tipo pasa por debajo del arco. La multitud blanca de India, la blancura escogida por los ocasionales saris rojos y verdes y amarillos brillantes. Los nadadores desnudos. Pero los días festivos de Maharashtra ahora han sido reducidos a tres. Hay un tour de paquete en el hotel, que en consecuencia parece más lleno que ayer. Es un tour europeo. A las siete fuimos al Club Bombay Gymkhana. En la luz perlada, medio lívida, del crepúsculo en este día sombrío. Y me senté en la veranda que yace al nivel de la extensión verde del campo de juego (lleno de jugadores en la media luz), bajo los ventiladores que intensificaron vivamente mis dolores musculares. Prem Jha del Times de la India estaba ahí. Ahora está más gordo que hace siete años. Su esposa murió hace dos años en Damasco, durante un ataque aéreo israelí sobre la ciudad; era bailarina y le habían pedido quedarse un día o dos más en la ciudad. Dejó una niña que ahora tiene seis años, y Prem Jha dijo que en los dos últimos meses más o menos había estado pensando en volverse a casar. Dijo que la democracia había empezado a desplomarse hacía tres años; la gente había perdido la confianza en las urnas y había empezado a tomar las calles. Hasta hace poco, dijo, la calle afuera de las oficinas del Times era bloqueada con frecuencia por marchas, perturbaciones de sindicatos. Las cosas habían empezado a decaer económicamente hacía algún tiempo; se estaban torciendo las estadísticas. Había un “paquete” —del cual el punto más importante parecería ser la abolición de los controles de precios que dañaban a la industria—, pero aunque los de arriba lo sabían, también estaban conscientes de la oposición de la gente —pequeños comerciantes, etc.— que se beneficiaba con el control de precios y que podía ser capaz de presentar la causa por los controles como la causa por el socialismo. Pero la actitud de P. J. era tan negativa como me lo había parecido hacía ocho años. El frenesí del hombre de periódico, el frenesí del inactivo. Dijo que existía un gran cinismo en la burocracia, que la gente miraba para su santo y sonreía cuando la enfrentaban con ideas, y dejaba ver las razones por las que nada debía hacerse. Esta es una actitud que yo también entiendo: hace algún tiempo me la ejemplificó R.T., quien siempre sabía por qué las cosas, como educar pueblos por vía satélite, fracasarían.

Otro hombre me dijo cuando se lo pregunté: sí, todos criticamos al sistema, pero es lo que nos mantiene aquí, viviendo así. El tercer hombre era un wallah que tenía muy buenas razones para aprobar la inacción de India con respecto de problemas como los de Africa Oriental. Después, la comida con Rahul y Puinky en el Kebab Korner del Nataraj.

Viernes 22 de agosto

Desperté a las 10:30 y fui a hacerme una prueba a Burlington’s en el Taj. Los pantalones me quedaron demasiado estrechos en la cintura y la cadera. A las 12:30 vino Shirish Patel, pequeño y atractivo, y en principio pensé que era más joven que yo. Estaba vestido de blanco y llevaba puesto el rakhi que le habían presentado…

 

Traducción de David Olguín

V. S. Naipaul
Escritor (Trinidad y Tobago, 1948). Entre sus libros An Area of Darkness y Guerrillas