Héctor Aguilar Camín. Escritor. Una reedición de La frontera nómada, que cumple 20 años, acaba de aparecer en Cal y arena. 

Paradojas ejemplares 

I. Del gobierno

 Las virtudes de los gobiernos se hacen visibles cuando desaparecen. Los defectos, cuando están. 

 Entre más profundos y definidos los cambios que intenta un gobierno, más profundas y definidas las resistencias. 

 Geopolítica. Entre más cercanas las relaciones con un vecino, más conflictivas. Entre más rentables, más obligatorias. Entre más profundas, de consecuencias más inmediatas.

 Narcotráfico. Entre más amplia y denodadamente se combate al narcotráfico, más fuerzas se exponen y sucumben a su fuerza corruptora. 

 Economía. Entre más altas las expectativas de mejora económica, más altas las inconformidades por el reparto de los beneficios. 

II. De la oposición

 Las limitaciones de la oposición aparecen cuando se hace gobierno. 

 Entre más oposicionista una fuerza política, menos limitada. Entre más gobernante, más torpe. 

 Nada tan digno de una oposición política como una oposición hecha gobierno.

 Los partidos en la oposición, dice Jean-François Revel, atienden a sus sueños. Los partidos en el gobierno, atienden a la realidad.

 Entre más hablan las fuerzas políticas de la necesidad de una contienda de altura, más lodo cruza entre las trincheras y más se enlodan los uniformes. 

 Entre más accesible y próxima resulta la alternancia en el poder, más insuficiente parece como remedio a los males que la hacen deseable. 

III. De la moral pública 

 Entre más ansias de limpieza pública hay en la sociedad, más indicios de corrupción brotan de su seno. 

 Entre más obsesivamente perseguida es la corrupción, más ubicua parece. 

 Entre más satisfecha la exigencia pública de castigo a la impunidad, más insatisfecha por lo que falta. 

§ Entre más castigos ejemplares, menos castigos suficientes.

 La cruda de la corrupción pública tiene más sed de culpables que de justicia. 

 En rascar y acusar, todo es empezar. 

 Entre más incorruptibles y angélicos quiera la sociedad a sus políticos, más hipócritas y pícaros los tendrá. 

 Entre menos manipulada y engañable quiera ser la opinión pública, más incrédula será. Entre más incrédula, más cambiante. Entre más cambiante, más veleidosa. Entre más veleidosa, más manipulada y engañable.

IV. De la pureza cívica 

 La virtud tiene perversiones que ignora el vicio, decía el Marqués de Sade. 

 Los castillos de la pureza cívica tienen cárceles públicas que ignora el sistema carcelario. 

 El instrumento de los fiscales de la pureza cívica es la sospecha. Su valentía es la imputación; su eficacia, el escándalo. 

 Entre más explicaciones se dan para disipar la sospecha de la pureza cívica, más crece la sospecha. 

 Entre más descabellada la imputación, más verosímil. 

 En el torneo público de la pureza cívica, al final triunfan los cínicos. 

 México, DF, 18 de marzo de 1997