en México 

Pablo Ruiz Nápoles. Economista, profesor de la UNAM.

En nuestro nímero anterior (nexos 231, marzo de 1997) publicamos el inicio de este ensayo. Ofrecemos a nuestros lectores la segunda y última parte.

Competitividad y tipo de cambio 

La noción de sub o sobrevaluación de la moneda lleva implícita la tesis básica de que el valor relativo de la moneda nacional está determinado por su poder de compra respecto del exterior. Pese a los cuestionamientos teóricos y empíricos, la doctrina de la Paridad del Poder de Compra ha prevalecido a través del tiempo. Según ésta, el tipo de cambio de la moneda está determinado por la relación de los precios internos con los externos. 

El ajuste entre el tipo de cambio nominal y el real debería ser automático a través del mercado de cambios, en el caso de una política de tipo de cambio flexible, mientras que en el caso de una política de tipo de cambio fijo, la autoridad monetaria responsable debe realizar periódicamente este ajuste de acuerdo con las variaciones relativas de los precios.

El tipo de cambio y el desequilibrio externo

Si expresamos el tipo de cambio de un país en unidades de moneda local por unidad de moneda extranjera, mientras mayor sea el tipo más bajos son los precios de las mercancías producidas por ese país, medidos en moneda extranjera, y más altos los de los productos extranjeros medidos en la moneda local. Así, el efecto directo e inmediato de una devaluación sería exportar más e importar menos, lo que mejoraría la balanza comercial.1

Aun cuando esta teoría fue muy popular hasta los años sesenta, desde hace tiempo ha sido vista como limitada2 y sus implicaciones en términos de política económica han sido motivo de controversia, básicamente por dos razones. La primera es que ante una devaluación la reacción de la demanda externa tendría que ser muy grande para compensar el descenso de precios con un aumento de cantidad para incrementar el valor exportado y mejorar efectivamente la balanza comercial.3 

La segunda razón es que, tomando en cuenta el efecto de la depreciación sobre otras variables económicas, se genera siempre un incremento de precios, lo cual se ha podido comprobar en diversos estudios empíricos.4 Así, la devaluación de la moneda de un país que busca mejorar su competitividad haciendo los productos locales más baratos en el exterior, en realidad se anula a sí misma, en el corto plazo, por la inflación que genera. 

El llamado enfoque monetario, hoy predominante, replanteó el problema del desequilibrio externo, definiéndolo no por la balanza en cuenta corriente sino por la balanza global, es decir, la variación de la reserva de divisas. Suponiendo una relación entre el nivel de reservas y la cantidad de dinero en circulación, el mecanismo de ajuste externo es, en este esquema, el crédito interno.5 

A partir del enfoque monetario han surgido una gran variedad de modelos de este mismo corte. De entre ellos destacan los del “balance de cartera”. La idea básica en éstos es que los individuos distribuyen su riqueza entre diversas opciones de activos. El tipo de cambio actúa como mecanismo para producir un balance en la cartera de activos, el cual determina a su vez la balanza externa global. 

No obstante, el fenómeno del desequilibrio externo es producido no sólo por un cierto nivel de demanda excedente sino por una estructura de demanda que lleva al desequilibrio cuando la economía crece. El mecanismo por el cual la devaluación mejoraría, en última instancia, la balanza comercial sería entonces provocando un switch de demanda entre bienes comerciables y no comerciables.6 Ello ayuda a recuperar el balance interno y al mismo tiempo reduce la demanda excedente, mejorando la balanza comercial. 

Existe, sin embargo, una condición básica para que la devaluación funcione como instrumento switch de la demanda y es que el movimiento de los precios relativos internos que ella cause, sea favorable al aumento de los precios de los bienes comerciables respecto a los no comerciables. Para asegurarlo se considera necesaria una política recesionista cuyo instrumento básico es la contención del salario nominal, o el desempleo.7 

De acuerdo, entonces, con la política económica ortodoxa se busca corregir el desequilibrio externo principalmente mediante el aumento diferenciado de los precios y la recesión. Por ello, en la medida en que la depreciación tiene efectos inflacionarios y recesivos puede ser considerada como una política útil, aunque insuficiente.8 Un factor repetidamente señalado dentro del pensamiento económico predominante como causante de desequilibrio externo es el déficit fiscal.9 En consecuencia, el ajuste monetario del déficit externo implica la reducción o eliminación del déficit fiscal. 

En suma, aunada a la depreciación, la concepción ortodoxa considera necesaria, para abatir el desequilibrio externo, una política recesionista que consiste en contracción crediticia, eliminación del déficit fiscal (vía reducción de gasto público) y contención salarial.

Determinación del tipo de cambio real

La teoría prevaleciente de la determinación del tipo de cambio es, de manera implícita o explícita, la de la Paridad del Poder de Compra. Según ésta, son las variaciones de los precios internos respecto a los externos los factores determinantes de las variaciones del tipo de cambio. La cuestión de cuáles precios reflejan mejor el poder de compra es motivo de controversia.10 

En el caso de los modelos monetaristas mencionados arriba, un factor determinante del tipo de cambio es la tasa de interés, tanto interna como externa, lo que introduce la paridad de tasas de interés como elemento adicional a considerar. 

Sin embargo, es evidente que los modelos monetaristas no sólo dejan de lado las variables reales sino que dentro de éstas olvidan un factor muy importante que en realidad explica el desequilibrio externo: la competitividad. Esta, en la tradición neoclásica, es siempre relativa y está asociada a las ventajas comparativas.11 

En un enfoque diferente algunos autores postkeynesianos sostienen que cualquier medida del nivel de competitividad de un país está basada, en primer lugar, en sus ventajas absolutas, en terminos de tecnología de producto y productividad del trabajo.12 

Esta última puede medirse a través de los costos unitarios de trabajo y constituye una explicación del tipo de cambio real de largo plazo. Al respecto, existen dos tipos de teorías, una basada en la tradición neoclásica13 y otra en la teoría ricardiana de los precios relativos.14 A su vez, los costos unitarios de trabajo pueden medirse de dos formas: como costos de trabajo verticalmente integrados15 usando matrices de insumo-producto, o como costos de trabajo directos.16 

Aplicando este método al caso de México, tomando como el resto del mundo a los Estdos Unidos,17 se obtuvieron los costos unitarios de trabajo directo del sector manufacturero de ambos países, en el periodo 1970-1994.18 De acuerdo con los resultados del cálculo, encontramos que, mientras que en los Estados Unidos los costos unitarios de trabajo presentan una tendencia al descenso desde 1980, en México descienden de 1979 hasta 1987 y ascienden de 1988 a 1993. Esta misma tendencia la manifiesta la relación de costos unitarios México / Estados Unidos. 

Tomando como definición del tipo de cambio real al tipo de cambio nominal deflactado por la relación de precios al consumidor México / EU, midiendo las variables como números índice y tomando como año base 1977,19 se obtuvo el índice del tipo de cambio real del peso mexicano. De acuerdo con este cálculo el peso mexicano estuvo subvaluado respecto al dólar de 1982 a 1990, mientras que de 1991 a 1993 estuvo sobrevaluado hasta en 25%. 

Comparando los costos unitarios de trabajo manufacturero México / EU y el tipo de cambio real, medidos ambos como índices, de 1970 a 1994, se puede observar que el recorrido de ambos es muy similar .20 

Los costos unitarios de trabajo del sector manufacturero dependen de dos variables: los salarios y la productividad del sector. Para reducir los costos de trabajo es necesario, entonces, que ocurra ya sea un descenso de salarios o un aumento de productividad, o ambos. Como la variable importante a considerar son los costos relativos respecto del exterior, el descenso de costos unitarios locales debe darse en una tasa mayor que el principal competidor, de modo que la posición competitiva del país mejore. 

La depreciación nominal de la moneda, junto con una política recesionista puede reducir, en efecto, los salarios reales y, con ello, hacer descender los costos unitarios de trabajo. Sin embargo, una reducción duradera de los costos unitarios sólo es posible por el aumento de la productividad mediante el uso de técnicas más eficientes. 

El aumento de la productividad, si el salario no aumenta en mayor proporción, es equivalente a una depreciación real de la moneda, que hace más competitivo ese sector de la economía respecto del exterior. Esta última podría ser la explicación de la tendencia descendente que muestran los costos unitarios manufactureros en los Estados Unidos.

En el caso de México, en cambio, la reducción de los costos unitarios parece más bien resultado de una política de reducción de los salarios reales desde 1981. La tasa de crecimiento de los salarios ha estado en general por debajo de la tasa de inflación. 

Es evidente que la relación de salarios México / EU se ha mantenido por debajo de los precios relativos desde 1983, como resultado de una política deliberada. No obstante, dicha política fue insuficiente para evitar el incremento de los costos unitarios relativos a partir de 1988 y la consecuente apreciación real. Si bien desde 1983 ha habido un incremento casi constante de la productividad del sector manufacturero mexicano, este aumento ha sido inferior al del sector manufacturero estadunidense, particularmente a partir de 1986. 

En suma, los costos unitarios relativos del sector manufacturero mexicano respecto al de los Estados Unidos, descendieron entre 1982 y 1987 y ello significó una depreciación real de la moneda que hizo más competitiva a la economía mexicana. Sin embargo, ese descenso tuvo como fundamento esencial el descenso de los salarios relativos. 

En la etapa posterior, a partir de 1988, esta tendencia fue contrarrestada por el mayor incremento de la productividad de los Estados Unidos, de modo que los costos unitarios relativos para México se incrementaron hasta eliminar el margen de subvaluación en 1991. En condiciones de apertura indiscriminada y manteniendo el tipo de cambio nominal dentro de márgenes estrechos, la balanza comercial registró un desequilibrio sin precedentes, que se volvió inmanejable en 1994. 

A partir de 1988 el gobierno mexicano promovió la modernización de la economía, básicamente acelerando el proceso de apertura y estimulando el ingreso de inversión extranjera. Los resultados fueron, sin embargo, muy pobres ya que los flujos de capital foráneos se ubicaron en mayor medida en los mercados de dinero y de valores que en la esfera productiva, de modo de poder salir rápidamente del país cuando las condiciones parecieran menos favorables, como en efecto ocurrió a finales de 1994.21 

Desde el punto de vista de la competitividad basada en costos unitarios de trabajo, la depreciación nominal de la moneda, sea bajo un sistema flexible o uno fijo, tiene un impacto limitado y de corto plazo, una mejoría de la competitividad requiere de la introducción de técnicas más avanzadas que aumenten la productividad y permitan reducir costos. Hasta ahora la política industrial y la política de apertura indiscriminada a mercancías y capitales han probado su ineficacia para lograr este objetivo. 

1 Véase Friedman, M. (1953).

2 Véase Dornbusch, R. (1975) y Machlup, F. (1980).

3 Véase, por ejemplo, Haberler, G. (1961).

4 Véase, por ejemplo, Brailovsky, V. (1981).

5 Johnson, H. (1972).

6 Haberler, G. (1961), p. 41, y Corden, W.M. (1977), p. 10.

7 Véase Corden, W. M. (1977) y Dornbusch, R. (1980), p. 74.

8 Véase Corden, W. M., (1977).

9 Véase, por ejemplo, Dornbusch, R. (1980).

10 Véase Officer, L. (1975).11Véase Gandolfo, G. (1987).

11 Véase Gandolfo, G. (1987)

12 Véase Dosi, G.K. et al. (1990).

13 Véase Officer, L. (1975).

14 Véase Aglietta y Oudiz (1984).

15 Véase Pasinetti, L. (1977).

16 Este método, aplicado al sector manufacturero, es el utilizado por el Fondo Monetario Internacional para calcular una medida de “tipo de cambio efectivo real” de los países miembros, véase IMF (1985). 

17 Más del 80% del comercio exterior de mercancías y servicios de México se realiza con los EU.

18 En este cálculo se supone que el sector manufacturero representa la mayoría de los bienes comerciables con el exterior, lo cual es adecuado para todos los países industrializados y para algunos de los semi-industrializados. En el caso de México, el comercio de manufacturas ha crecido en importancia y actualmente representa 80% de las exportaciones y 90% de las importaciones.

19 Se tomó como base este año porque fue el primero en el que el tipo de cambio fluctuó de acuerdo con el mercado de divisas después de 22 años de tipo de cambio fijo, y porque en ese año el comercio exterior estuvo relativamente equilibrado.

20 Una estimación econométrica apoya la hipótesis de que la tendencia del tipo de cambio real de largo plazo está determinada por la relación de costos unitarios de trabajo directo México / EU. 

21 Sobre las reformas económicas y la balanza comercial véase Ruiz N. P. (1996).