Nos citamos un lunes a mediodía con un funcionario del Fondo de Cultura Económica (FCE) en la imponente casa matriz del Ajusco. Nuestra reunión duró menos de media hora; los asuntos que nos llevaron se despacharon rápido. Tomamos el elevador para bajar e irnos cuando, sólo un piso abajo, el ascensor se detuvo, se abrieron las puertas y quedamos frente al director del FCE: Paco Ignacio Taibo II. Uno de sus funcionarios, que semanas antes nos canceló una entrevista programada en nuestra cara —porque, después de una llamada telefónica con otro funcionario, arguyó que primero teníamos que hablar con el director— se apresuró a decirle entre risas nerviosas: “Cuidado, Paco, que aquí están los compañeros de nexos”. Enfundado en una chamarra azul con el logo del FCE bordado y una playera de un restaurante de comida china, Taibo volteó y dijo: “¿Quiénes son los compañeros de nexos?”. Hola, Paco. Mucho gusto. Valeria Villalobos, Julio González. Le dimos la mano en el apretado ascensor. “Ah, ustedes son los que han estado molestando a mi equipo… no, no, aquí todos tienen libertad de expresión, pueden hablar con quien quieran, yo no soy un censor”. ¿Y podemos hablar contigo? —replicamos—. “Eso sí que no”. ¿Por qué? “¡Porque son de nexos!”. Reímos, porque la situación era absurda.

Ahí podría acabar la anécdota, pues encapsula el resto de la conversación: un circunloquio, una tautología de los prejuicios y diferencias que el director del FCE tiene con nuestra revista desde hace años. Pero sigue.
Bajamos uno o dos pisos y nos dijo: “A ver, compañeros, les voy a explicar cuál es mi problema, pero síganme que estoy buscando a alguien”. Acompañamos a Taibo por dos o tres pisos, subiendo y bajando escaleras o en el elevador, de un lado a otro de las oficinas, buscando a algún funcionario. Gritaba: “¡Alejandro!, ¿alguien lo ha visto?”. Estaba aquí hace un rato, le contestaban los burócratas del Fondo. “Perdí a mi gerente de Ventas. Eso nunca había pasado. A ver, síganme”. “La cosa es que ustedes van a editorializar esto para pegarnos” —decía mientras bajábamos escaleras por segunda o tercera vez—. ¿Cómo sabes, si no nos conoces? “Es cierto, no los conozco…¡pero son de nexos! Si fueran de algún otro medio, yo con mucho gusto. ¿Quieren hacerme una entrevista para otro medio?”. No. ¿Y qué tal si te enseñamos las preguntas antes, si revisas la entrevista? El camarada vacilaba, se detenía un momento: “Ustedes parecen muy decentes…”. (No parecemos, somos). “Pero la respuesta es no”. ¿Por qué? “¡Ya les dije! Son de nexos… yo no quiero compartir páginas con Héctor Aguilar Camín y sus editorialistas… Han estado consistentemente en contra de la Transformación. Además, compañeros, se ve que son buenos periodistas y no van a durar mucho ahí”. ¿Y eso por qué? “Ah —se detenía a medio pasillo en la ronda de búsqueda del funcionario desaparecido—, porque ya les vamos a cerrar la llave del dinero, así como a Mexicanos contra la Corrupción”. Habían pasado pocos días desde que, desde el púlpito presidencial de la mañanera, López Obrador había vilipendiado a toda la organización y expuesto datos privados en público.
Bajamos una vez más en el elevador, unas trabajadoras de la limpieza se subieron. “¿Cómo ven, compañeras? —se ufanaba el director— este año sí nos va a tocar pavo en Navidad. Antes ni a limpieza ni a guardias… ¡ni al director les tocaba!”. Un espectáculo para atestiguar la generosidad del camarada Taibo. Se abrieron las puertas y salimos al lobby. OK, no hagamos la entrevista pero hay una serie de datos que le habíamos pedido a tu funcionario —lo señalamos— y que nos negó porque dijo que teníamos que hablar contigo antes. Y ya hablamos. Taibo lo volteó a ver, el funcionario nervioso dijo: “Bueno, Paco, es que son de nexos y tú sabes que…”. “¿Qué datos son?”, dijo Taibo. Varios, por ejemplo, bestsellers históricos del FCE, libros más vendidos en tu administración, número de reimpresiones, de nuevas ediciones, de traducciones contratadas, cuántas librerías tienen, tirajes de Vientos del Pueblo… Volteó una vez más a ver a su funcionario: “Todos esos datos son públicos, dáselos. ¿Eso es todo lo que quieren?”. Sí, sólo eso. Se puso un cigarro en la boca, se despidió y prometió que nos los mandarían.
Salimos del Fondo de Cultura Económica, enviamos nuevos correos pero jamás nos respondieron. Quizá porque somos de nexos.