De madres judías

1. Es difícil encontrar chistes sobre madres judías antes del siglo XX. 2. Quizás el primer embrión se encuentra en Alemania. Un cuento de invierno (1844), de Heinrich Heine, con un retrato familiar: “Y cuando llegué a casa de mi madre, ésta no daba crédito a lo que veían sus ojos: ‘¡Hijo mío!’, dijo uniendo ambas manos. ‘¡Mi querido hijo, han pasado trece años! Deja que te vea, ¿estás más gordo o más flaco? ¡Trece años! ¿No tienes hambre? ¡Seguro que sí! ¿Qué quieres comer, hijo mío?’”. 3. Casi un siglo después en Estados Unidos el escritor Alfred Kazin recordaba a su madre gritándole: “¡Come, come! ¡Si no comes te vas a morir! ¿Qué pecado cometí yo para que Dios me castigara contigo? ¡Come, anda! ¡Qué va a ser de ti si no comes! ¡Si no comes, diablillo, te tragará la tierra! ¡Tienes que comer!”. 4. De este tipo de descripciones y otras parecidas resultaron chistes bastante directos: la madre judía ansiaba tener a sus hijos pegados al delantal. (5. La metáfora, por supuesto, sugiere que está en el hogar, cocinando). 6. El mejor título sobre la historia de la madre judía es You Never Call! You Never Write! (Nunca me llamas, nunca me escribes).

7. Los chistes sobre madres judías son tan elocuentes que a menudo funcionan sin contexto: “Ya sé que el niño puede andar, pero gracias a Dios ¡no tiene por qué hacerlo!” combina muy bien la imagen de la madre que infantiliza a sus hijos con la jactancia de los nuevos ricos estadunidenses. 8. Abundaron sketches donde por ejemplo la madre rezaba porque su hijo tuviera hijos algún día: “¡Así sabrás lo que es sufrir lo que yo sufro!”. 9. Quizá la apoteosis literaria de la madre judía en clave cómica sea Sophie Portnoy en la novela de Philip Roth Portnoy’s Complaint. (10. “Esta es mi vida, doctor Spielvogel, esta es mi vida; y resulta que toda ella pasa en un chiste de judíos. Soy hijo de un chiste de judíos, ¡pero sin ningún chiste!”, grita el personaje Alexander Portnoy). 11. La novela ilustra hasta qué punto la culpa es el sentimiento principal que mueve a la madre judía y en muchos chistes la culpa es un arma de doble filo: está destinada a los hijos pero la acaba consumiendo a ella.

(12. Chiste: la diferencia entre la madre italiana y la judía es que la primera te mata si no comes y la segunda se suicida). 13. Según el viejo chiste de cuántas madres judías hacen falta para cambiar un foco (ninguna, por supuesto: todas prefieren quedarse a oscuras para hacer que sus hijos se sientan mal), sienten que tienen derecho a ser recompensadas por sus sacrificios maternos. 14. A todo esto se suma la destreza verbal e intelectual del humor judío, lo que permite que el tema se ramifique en varias direcciones. 15. Uno de los chistes más finos, que circula en múltiples variantes por toda la literatura, es un buen ejemplo: “Una madre judía le compra a su hijo dos corbatas para su cumpleaños. Cuando él se pone una, su madre le dice: ‘¿Qué pasa, no te gusta la otra?’”.

16. Este tipo de hostilidad —la maternidad implica que conoce a sus niños mejor que nadie, y por eso lo saben todo de sus débiles, inseguros y neuróticos corazones— no es sólo un estereotipo. 17. Cuando el cómico Mel Brooks presumió de su éxito y de lo mucho que le pagaban en Your Show of Shows, su madre, la señora Kitty Kaminsky, se limitó a decir: “Eso es porque aún no te han calado”. (18. De seguro nada de lo que escribió su hijo, infinitamente más famoso que ella, fue tan mordaz). 19. Y no fue el único. La madre de Larry David, cuando su programa Seinfeld estaba en el número uno de las series más vistas, le preguntó: “¿Les gustas? ¿No te van a correr?”. 20. La madre de Norman Lear, al enterarse de que su hijo era uno de los primeros galardonados de la televisión con el Salón de la Fama, dijo: “Bueno, si eso les gusta, ¿quién soy yo para discutirlo?”.

Fuente: Jeremy Dauber: El humor judío. Una historia seria. Traducción de José Manuel Álvares Flores. Acantilado, Barcelona, 2023.

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Publicado en: 2024 Octubre, Cabos sueltos