El piano nació gracias a la extraña unión entre un fabricante de instrumentos poco conocido y un príncipe disoluto: Bartolomeo Cristofori y Fernando de Médici. Sin el gusto del príncipe por los artefactos mecánicos (tenía una colección de más de cuarenta relojes, además de los teclados) y por su infeliz matrimonio y su lascivia, el piano tal vez nunca habría existido.
[…]
Todo comenzó en el invierno de 1688. Fernando quiso escaparse un tiempo de sus pesadas responsabilidades en Florencia y, ya puestos, divertirse un poco; se dirigió a Venecia para el carnaval, celebrado cada año y que justifica el nombre de la ciudad flotante, que proviene de Venus, la diosa del amor y la seducción.
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