Las continuas lluvias y las crecidas de ríos y lagos aquejaron gravemente a los virreyes y otras autoridades novohispanas. En el virreinato del marqués de Guadalcázar se le pide al embajador en Francia que busque “un geómetra que supiera medir y pasar las aguas”. Se contrata a un cartógrafo holandés que empieza sus estudios y labores sobre el desagüe. En 1614 le escribe al virrey que las obras de Enrico Martínez no valían nada. Propone cerrar las calzadas y lagos, deshacerse de las aguas que rebosaran con máquinas, como las que había en su tierra, y construir canales para la navegación de canoas. Se requería mucha mano de obra y enormes gastos. Las autoridades de la Nueva España rechazaron su proyecto y el que continuó sus obras fue Martínez. El holandés ha legado importantes mapas de Veracruz, Acapulco, de la Ciudad de México y de toda la Nueva España. De encargarle las obras, acaso nuestra ciudad conservara el encanto de los puentes y canales de Ámsterdam.
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