La iglesia de Trump

La religión se ha entrelazado con los marketing multinivel (MLM, por sus siglas en inglés) —y más alla con la cultura laboral estadunidense— desde antes incluso de que existiera Estados Unidos. El matrimonio de las bendiciones divinas y las “bendiciones” monetarias se remonta medio milenio atrás, a la Reforma Protestante. Los sociólogos atribuyen los inicios del capitalismo moderno a este movimiento del siglo XVI, que dio origen a muchos de los valores laborales estadunidenses contemporáneos, como la idea básica de “un buen día de trabajo”, “mantener la nariz pegada a la piedra de afilar” y “el buen patrón es señor de la bolsa de otro hombre”. Los reformadores protestantes, sobre todo el teólogo francés Juan Calvino, concibieron la idea de que Dios interviene no sólo en los éxitos y fracasos espirituales de los seres humanos, sino también en los financieros. Esta idea ayudó a crear la “ética protestante”, marcada por el trabajo diligente, alineada a la perfección con la nueva economía capitalista europea.

Con los siglos, el ideal protestante se transformó para complacer a las grandes empresas estadunidenses: Carnegie Steel, Standard Oil de los Rockefeller, el distrito empacador de carne Union Stock Yards de Chicago. En el siglo XX se restó importancia al éxito independiente y a la competitividad, y se hizo admirable llevarse bien con los compañeros de trabajo, codearse con ellos y ascender en la escalera corporativa. Este “nuevo pensamiento” podía encontrarse en libros y cursos para convertirse en un gran hombre de negocios: Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, Piense y hágase rico y El poder del pensamiento positivo se publicaron entre 1935 y 1955.

A mediados del siglo XX el mensaje de que los pensamientos felices y un ego saludable podían hacerte rico arrasó en las iglesias de Estados Unidos. El poder del pensamiento positivo es del famoso pastor Norman Vincent Peale, quien dirigía una iglesia protestante conservadora en Nueva York llamada Marble Collegiate. Ahí, Peale predicó el “evangelio de la prosperidad” a una congregación de habitantes de Manhattan, en su mayoría ricos e influyentes, entre los que se incluía, especialmente, un joven Donald Trump (no es casualidad que Trump se convirtiera en un entusiasta del MLM). Conocido por su inspiradora oratoria de autoayuda, Peale evangelizaba sentimientos como “Los bolsillos vacíos nunca han frenado a nadie. Sólo cabezas y corazones vacíos pueden hacerlo” y “¡Cree en ti mismo! ¡Ten fe en tus capacidades! Si no confías en tu poder, no puedes tener éxito ni ser feliz”.

Puede oírse la influencia de Peale en los discursos y publicaciones en redes sociales de Donald Trump medio siglo después. “Consejo para el éxito: Véase a sí mismo como victorioso. Esto le enfocará en la dirección correcta. Aplique sus habilidades y su talento, y sea tenaz”, tuiteó Trump en 2013. Al lanzar su campaña presidencial en 2016, los desplantes de Trump sobre la autosuficiencia tomaron un giro más paranoico. A principios de ese año, cuando le preguntaron a quién consultaba sobre política exterior, respondió: “Hablo conmigo mismo, número uno, porque tengo un cerebro muy bueno y he dicho muchas cosas. Sé lo que hago… Mi principal consultor soy yo mismo”.

Fuente: Amanda Montell, Cultish. The Language of Fanaticism. Harper Collins, 2021. [Con las gracias a Melissa Cassab].

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Publicado en: 2024 Agosto, Cabos sueltos