Casi en la escalerilla del avión con rumbo a China y a la reunión de la APEC, el presidente Zedillo se dio tiempo para tomar parte en la discusión sobre el sentido último de las reformas aprobadas la semana pasada por la Cámara de Diputados en materia electoral. Luego, su argumentación fue ampliada por el secretario de Gobernación en su discurso del 20 de noviembre, en el que la Revolución de 1910 se globaliza y no sólo se inscribe en la ola democrática y de mercado pleno que recorre al mundo, sino que ella misma, por obra y gracia de la reforma política, se vuelve sinónimo de conciliación de los contrarios. Pace Hegel, dirán los nostálgicos.
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