Se puede decir que en la última década del siglo XX los mexicanos, al igual que muchos en los países de Europa del Este, difícilmente imaginaron un futuro que no fuera “democrático y capitalista”. Como reconocieron en 2019 Stephen Holmes e Ivan Krastev, ya no pensamos de esa manera. Las elecciones del 2 de junio obligan a repensar de manera crítica el advenimiento de la democracia en México en la última década del siglo XX. En especial, debemos revisar lo que se considera “teleología democrática”: la idea de que la historia es una marcha civilizatoria hacia el progreso.
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