Casa y biblioteca como flechas intercambiables. La idea de propiedad me preocupaba, no sentía nada muy mío, excepto las horas de correr y de leer. De la velocidad y la fuga a la contemplación, al recogimiento. Visitaba la biblioteca del colegio y me prestaban un libro nuevo cada día. Leía bocabajo en la cama, yéndome sin irme, la mente de viaje, en la antípoda de la ciudad o por fuera de la Tierra.
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