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Rodolfo de la Torre. Economista. Investigador del ITAM y Director de El Trimestre Económico.

Desde la aparición en México del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el primero de enero de 1994, no ha sido extraño encontrar proposiciones como la siguiente: “El deterioro en las condiciones de vida de la población, particularmente el aumento en la pobreza, han propiciado la aparición de la rebelión social”. La crisis de diciembre de 1994 y la irrupción del Ejército Popular Revolucionario en 1996 no parecen sino haber confirmado el declive de las condiciones de vida y su asociación con el desafío violento a la autoridad. El corolario de la afirmación anterior es que si el gobierno desafiado está interesado en suprimir por medios no violentos la rebelión social debe elevar los niveles de vida de la población, particularmente haciendo más efectivo el combate a la pobreza. Al fin, se diría, la pobreza se ha convertido en un problema de gobernabilidad suficientemente importante para ocuparse seriamente de ella. Sin embargo, no resulta claro que el deterioro de los niveles de vida, específicamente el aumento en la pobreza, haya estado asociado al inicio de la rebelión social en México y, en consecuencia, que las acciones no violentas que pudiera tomar el gobierno para enfrentar el desafío a su autoridad necesariamente conduzcan a un combate más efectivo a la pobreza.

En 1994 el EZLN revocó violentamente la autoridad que el gobierno tenía sobre una parte de la población. La autoridad es el ejercicio legítimo del poder, es el derecho a ejercer el control sobre las acciones de otros y la capacidad para ello. En sentido estricto el ejército zapatista no representó un serio desafío al poder gubernamental, pues su fuerza militar era más bien limitada, pero sí a la legitimidad del Estado. El desconocimiento de los derechos del gobierno a ejercer su poder amenazó con extenderse y minar el consenso que sostiene el ejercicio de la autoridad. Las simpatías e incluso receptividad que despertó el movimiento zapatista en ciertos círculos apuntan en esta dirección. Pero ¿por qué se desconoce con el uso de la fuerza la legitimidad de un gobierno? James S. Coleman (Foundations of Social Theory, Harvard University Press, 1990) ha propuesto tres explicaciones posibles a la acción de revocar violentamente la autoridad: por el deterioro del nivel de vida de la población, por la frustración de sus expectativas y por un intento de redistribuir el poder.

Este enfoque propone que el empeoramiento en las condiciones de vida de la población aumenta la probabilidad de la rebelión social.

Marx es un ejemplo de tal posición con su teoría de que la depauperación del proletariado lo conducirá a ser consciente de sus intereses de clase y rebelarse. Sin embargo, en otros ámbitos, como la revolución francesa, el derrocamiento del Sha de Irán, la disidencia poststalinista y la rebelión en Sudáfrica, esta hipótesis no ha recibido apoyo factual. ¿La tiene para el caso del EZLN? ¿Se deterioró el nivel de vida de la población en México justo antes del brote de violencia zapatista?

Para evaluar el apoyo que pudiera tener esta hipótesis, la primera parte del cuadro presenta las tasas de crecimiento del PIB per cápita y del consumo per cápita, así como el Indice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y el porcentaje de población en pobreza extrema siguiendo la metodología INEGI‑CEPAL. Los datos corresponden a aquellos años en donde las variables distributivas de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares son confrontables con otras cifras, y cubren años previos al movimiento zapatista así como sus primeros meses. El panorama que emerge de dicha información no corresponde al de un espectacular desastre económico que empujara a la violencia. Al contrario, aún siendo bastante magros, los indicadores macroeconómicos hablan de una mayor disponibilidad de ingreso y consumo para la población. El IDH, que no sólo considera el nivel de ingreso sino también el acceso a la educación y la esperanza de vida de las personas, muestra una mejora continua. Finalmente, el nivel de pobreza estimado para 1994, confirma la tendencia decreciente de la pobreza extrema observada a partir de 1989.

Otra explicación al desconocimiento armado a la autoridad corresponde al incumplimiento de las expectativas generadas por ésta. La distancia respecto al ingreso, consumo o satisfactores que se esperaban obtener explicaría la agresividad que conduce a la rebelión, aun cuando las condiciones de vida no se estuvieran deteriorando. Cabe indicar, sin embargo, que la rebelión social del EZLN es un fenómeno altamente organizado y no la simple expresión espontánea de frustraciones, por lo que esta teoría estaría más ligada a dar cuenta de la receptividad social ante la rebelión que con la explicación de esta última. Sin embargo, ¿se incrementó la frustración social justo antes de la insurgencia zapatista?

La segunda parte del cuadro proporciona algunos indicadores de la frustración de expectativas: la distancia entre los pronósticos de crecimiento económico en el Plan Nacional de Desarrollo 1989‑1994 y los crecimientos reales, la tasa de desempleo abierto, la diferencia entre el crecimiento del ingreso del 60% de la población más pobre y el del ingreso promedio y lo propio para el 10% de la población con más ingresos.

El cuadro general que emerge de esta información difícilmente es uniforme. Los indicadores de falla de pronósticos y desempleo muestran una alta, aunque fluctuante, frustración social. Los de comparación con la tasa de crecimiento promedio muestran una distancia cada vez más pequeña entre lo obtenido por los distintos grupos sociales.

Esta última explicación considera racional desafiar violentamente al gobierno establecido si existen dos factores: altas ganancias esperadas de poder económico al revocar la autoridad y altas probabilidades de revocar efectivamente la autoridad. En esta perspectiva, un ligero aumento en el nivel de vida puede incluso incrementar las probabilidades de éxito de quienes desafían la autoridad, y esto a su vez ganar adeptos a la rebelión, si parte de este aumento es canalizado a reforzar el poder de quienes se rebelan. Por otra parte, la percepción de que existe una alternativa mejor a la del ejercicio de la autoridad actual, y que tal alternativa es altamente probable, lleva a explorar el camino de la rebelión. Sin embargo, al considerar la probabilidad de revocar la autoridad y las ganancias esperadas de ello, deben incluirse los costos de organizar la acción colectiva para rebelarse. Dentro de este enfoque es necesario preguntarse: ¿se incrementaron las ganancias esperadas de desafiar la autoridad justo antes de la irrupción del EZLN? ¿Se elevaron las probabilidades de organizar una acción colectiva que con efectividad revocara el ejercicio legítimo del poder justo antes de la rebelión zapatista?

Para responder a estas preguntas es necesario contestar las siguientes: ¿cómo medir las ganancias esperadas de la insurgencia?, ¿cómo medir la probabilidad de organizar acción colectiva?

Es razonable proponer que las ganancias esperadas de la rebelión y la probabilidad de revocar la autoridad se midan parcialmente a través de las disparidades en la distribución de los recursos. Después de todo, los que se rebelan, implícita o explícitamente proponen una distribución diferente de los recursos, que podemos asumir como atractiva para muchos, por ser más igualitaria. Sin embargo, en diversos estudios internacionales se ha observado una relación poco clara entre los índices tradicionales de desigualdad y la aparición de rebeliones. Afortunadamente, en los últimos años se han generado métodos de medición que tratan de capturar nuevos elementos de la distribución del ingreso: los índices de privación relativa y polarización (Joan M. Esteban y Debraj Ray: “El concepto de polarización y su medición”, mimeo, 1993; Michael C. Wolfson: “When inequalities diverge”, American Economic Review, Papers and Proceedings, 1994; Nripesh Podder: “Relative deprivation, envy and economic inequality”, Kyklos, Vol. 49, N.3, 1996). Por privación relativa se entiende la carencia percibida por una persona frente a las de su grupo de referencia. Los índices de privación relativa tratan de capturar la magnitud agregada del hecho de que unas personas carecen de lo que otras tienen y de que las personas suelen valuar más las carencias respecto a aquellos similares a ellos. La máxima desigualdad no corresponde necesariamente a la máxima privación relativa pues la primera suele concebirse imaginando que un individuo tiene todo el ingreso y el resto nada, mientras que la segunda corresponde a la división de la sociedad en dos grupos de tamaño similar en donde uno tiene ingreso y el otro prácticamente no. La privación relativa se interpreta aquí como un indicador del malestar social que podría ser removido por una rebelión, es decir como su máxima ganancia esperada.

Por su parte, los índices de polarización intentan capturar la idea de que la sociedad se agrupa en colectividades antagónicas. Por polarización social se entiende la formación de un número reducido de grupos sociales, internamente homogéneos pero muy diferenciados entre sí. Indirectamente, esto puede aproximar la erosión de una clase media que amortigüe las diferencias sociales. Al igual que en el caso anterior, la máxima desigualdad no significa la máxima polarización social. La polarización social se interpreta aquí como un indicador de la probabilidad de organizar una acción colectiva para revocar la autoridad.

La tercera parte del cuadro calcula los índices de privación relativa y de polarización social con información de la Encuesta Nacional Ingreso Gasto de los Hogares. Si bien es difícil interpretar por si mismos los indicadores entre 1984 y 1994 el indicador máximo de las ganancias probables de una rebelión (índice de Podder‑Gini por el índice de Wolfson) aumentó 40%. Para ese mismo período, el indicado máximo de la probabilidad de organizar una acción colectiva violenta (índice de Wolfson) se incrementó 22%. Los indicadores mínimos respectivos son 6% y 0.5 por ciento.

Así, no parece ser que el deterioro del nivel de vida o la pobreza el incremento de frustraciones sociales correspondan a los factores que han condicionado el inicio de la rebelión social en México, sino fenómenos distributivos asociados a la desigualdad pero no idénticos a ella. En consecuencia, si el gobierno actúa racionalmente buscando sus propios intereses de preservación del poder, no necesariamente buscar, combatir la pobreza para ello.

El enfoque que parece tener mayor apoyo para explicar la rebelión social en México da elementos para ser más escéptico aun ante la idea de que la pobreza ha movido los resortes sociales para ocuparse de ella. De acuerdo con el enfoque de la redistribución del poder, para evitar deterioros adicionales a su autoridad, el gobierno debe mostra que conserva el control y desacreditar a los insurgentes, debe amenaza con castigar a quienes los apoyen y procurar incentivos materiales a potenciales participantes en la revuelta de forma aislada.

Este último punto es crucial. La creación o puesta en movimiento de instituciones para atender carencias de potenciales participantes, apoyadores de la rebelión, no necesariamente coincide con el combate a la pobreza, particularmente de la pobreza extrema. Desafortunadamente sólo la amenaza de un levantamiento potencial de los pobres extremos los haría sujetos de una atención especial. Sin embargo, no es difícil concebir que por sí mismos, y aún con ayuda, ellos no son los más adecuados para incurrir en los costos de un levantamiento armado.

CONDICIONES ECONOMICAS Y REBELION SOCIAL EN MÉXICO

¿Deterioro del nivel de vida?

Indicadores del nivel de vida

1984

1989

1992

1994

Tasa de crecimiento del PIB per cápita

1.7

1.4

0.3

1.8

Tasa de crecimiento del consumo per cápita

1.2

4.9

2.0

1.8

Indice de Desarrollo Humano

80.4

84.2

84.6

Porcentaje de población en pobreza extrema

15.4

18.8

16.1

14.17

¿Frustración de expectativas?

Indicadores de las Tasas de Crecimiento Esperado de

  los Ingresos

1989

1992

1994

Crecimiento real-crecimiento del PIB según PND

-0.2

-3.5

-3.2

Tasa de desempleo abierto

3.0

2.8

3.6

Crecimiento del 60% más pobre-crecimiento promedio

-2.6

-0.5

-0.1

(respecto al dato disponible anterior)

Crecimiento 10% más rico-crecimiento promedio

5.2

0.2

0.3

(respecto al dato disponible anterior)

¿Deterioro en la distribución del ingreso?

Indices Distributivos

1984

1989

1992

1994

Indice de Privación Relativa Podder-Gini

85.84

93.88

94.98

95.40

Indice de Privación Relativa de Podder

77.20

78.70

79.60

79.80

Indice de Polarización de Wolfson

21.60

25.00

26.70

26.50

Indice de Polarización de Esteban y Ray

20.65

20.73

20.74

20.75

Fuente: CAIE, Naciones Unidas, INEGI y estimaciones propias.