La novela Casas vacías de Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982) relata un hecho traumático: un hijo que desaparece. Uno de esos eventos que suceden en un segundo de distracción fatal, inexplicables y magnificados por la culpa insostenible el resto de la existencia. Y más cuando en ese segundo irremediable está implicada la lectura de un mensaje del amante en el celular.
El libro cuestiona tres escenarios: la maternidad como anhelo ardiente, deber impuesto y placer robado. También se exhibe el castigo implícito al perder a un hijo, en un caso, y al hurtarlo en el otro.
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