Nunca será suficiente repetir que el lenguaje es convencional y expuesto a circunstancias convenientes. La etimología refiere apenas la primera acepción y documenta la raíz de las sucesivas afinidades semánticas: casa (domus) tiene relación con dominus (el patrón) y de ahí: “dueño”, “doña” y el apócope “don”. De la misma fuente: “Dominus” (el señor, Dios) y “domenica” (domingo, el día del Señor); sin olvidar doméstico (el que limpia la casa), domicilio (donde está la casa), dominio (superficie que abarca), dominador (posesionante). En cambio, “propiedad horizontal”, “dictador”, etc., carecen de identificación gráfica con domus y, sin embargo, son coincidentes con sus posteriores derivaciones. Tampoco la etimología es siempre austera: miniatura desciende de “minium” (rojo), color preferido por los artesanos medievales para iluminar estampas pequeñas. Otras veces la etimología, más que el origen de una certeza, lo es de una confusión: écume de mer, conocida marca de pipas, debe su nombre al equívoco fonético del apellido de su fabricante alemán (Kummer) con la pronunciación francesa (écümdmer): la versión del error fue traducida al castellano como “espuma de mar”.
Fuente: José Edmundo Clemente, “Etimología y neologismo”, en Jorge Luis Borges y José E. Clemente, El lenguaje de Buenos Aires. Emecé, 1963; 1978.
