Ciertamente, gran parte de los melómanos de hoy dirigen sus vectores de predilección y admiración, a los grandes maestros del Barroco. En 1995 se conmemoró el tercer centenario de la muerte de Henry Purcell (1659‑95), cuya breve pero excepcional carrera logró, en su época, la preeminencia musical de Inglaterra sobre las demás naciones europeas.

Dido and Aeneas, ópera en 3 actos con libreto de Nahun Tate, sobre el IV libro de La Eneida de Virgilio (que trata sobre la dolorosa moral, en la cual el hombre debe sacrificar su placer personal por el deber, y Dido, el emblema humano del placer de Aeneas, es sacrificado en la pira funeral), data de 1689, cuando se presentó en la pensión escolar del presbítero Josias, “por jóvenes damas de Chelsea, para una selecta audiencia de padres y amigos”. Sin embargo, la adaptación de Tate sobre la que se basó Purcell, pretende aleccionar moralmente a las jóvenes, en el sentido de evitar a los “príncipes y a los marinos que abandonan a sus ninfas en la costa, silenciando sus lamentos con la promesa de regresar, sin tener jamás la intención de hacerlo”.

Los recitativos, arias, duetos, coros e interludios instrumentales, notables verdaderamente, por su forma clara y concentrada, redundan en una concepción musical avanzada, que logra expresar la pasión de una manera sin precedentes en la música sajona de entonces. Purcell revoluciona efectivamente el estilo del drama lírico. Esta es una ópera inglesa en cuanto al manejo de la línea melódica, que cobra vida en las inflexiones y ritmos del habla inglesa.

Aunque de atemperada expresión, Hamoncourt consiguió aquí (la grabación data de 1983) una interpretación con “espíritu”, que seguramente apreciarán los amantes del escasamente popular género operístico barroco.

Henry Purcell: Dido and Aeneas. Murray, Sharinger, Yakar, Schmidt. Amold Schoenberg Chor. Concertus Musicus Wien. Nikolaus Harnoncourt. Das Alte Werk.