Meses atrás escribimos en estas mismas páginas que la FIFA debería hacer que los mundiales de futbol fueran por puntos, por lo menos hasta las semifinales, para ver mejores partidos. Al último añadíamos un absurdo: “Por puntos, se premiarían la constancia y el juego abierto; de otro modo, la FIFA fifará cada vez menos en materia de espectáculo, y no bastará que a sus directivos se les ocurra, algún día, hacer porterías dos metros más grandes para ver si así caen más goles” (nexos 214, octubre de 1995). Pues resulta que la burla se volvió vera, y varias agencias informaban el 2 de enero pasado: “Joseph Blatter, secretario general de la FIFA, anunció hoy aquí (Bonn) que los encargados del reglamento del balompié mundial acordaron ampliar las metas cerca de 50 centímetros de ancho mientras que en su altura crecería unos 20 centímetros más la valla superior con el fin de hacer más atractivo este deporte”. O sea que hay que tomar en serio a estos señores. Por eso les hacemos desde aquí nuevas propuestas “con el fin de hacer más atractivo este deporte”.

-Que en los tiros de castigo sólo puedan ponerse enanitos en la barrera, y que ni siquiera puedan saltar para que el balón no tenga problemas en, como se dice, “librar la valla”. (Claro, quizá habría algún pérfido a quien, sin importarle la gloria del gol, quisiera estrellar la pelota, tirada por lo bajo, directamente contra los enanitos. Pero ese es su problema. La FIFA no puede estar en todo.)

-Permitir también que en los tiros de esquina un enanito pueda subirse sobre los hombros de un gigantón para rematar de cabeza por encima de la defensa.

-Mucho se ha hablado del penalty como de un “fusilamiento”, pero los poneros se mueven cada vez más en el paredón ante la complacencia de los árbitros, aunque el reglamento indica que deben soportar estoicos el castigo, sobre la raya, sin moverse hasta que sale la bala. Pues bien, llegó la hora: el portero deberá ponerse sobre los ojos una venda de fusilamiento en cada tiro penal. Han nacido, señores, los blind‑penalties.

-Los tapetes súbitos. Se trata de franjas de pasto que mediante un juego de correas pueden accionarse desde la orilla de la cancha, con el fin de “moverle el tapete” al defensa que persigue al atacante, permitiendo así que éste quede en posición inmejorable y solitaria frente al arco.

-Los eologoles; ¿Ese balón iba para fuera? No, señores: un ventilador gigante a un costado de la portería se encarga de empujarlo a la meta.

-El off‑side poll. ¿Fue off‑side o no? El árbitro ya no decide. Ahora se hace una consulta rápida entre los aficionados del equipo que atacaba y que saldría beneficiado si no se marca el off‑side. ¿Alguien de ellos dirá que sí fue off‑side? Todo esto redunda en más goles.

-Los bi‑ritmos. Durante quince minutos en cada partido, un equipo jugará en cámara lenta y otro lo hará a ritmo normal, de modo que uno esté a merced del otro. Es una benéfica influencia electrónica: no por nada en las transmisiones televisivas siempre ocurren más goles que en el juego.

-El varishnigol. Tendrá un gol extra el equipo que, después de anotar, haga las mejores coreografías para el festejo.

-Cada vez que haya un choque de cabezas, al jugador más groggy se le hará con micrófono una pregunta capciosa, como de “Jeopardy” o “Responda y gane”. Si acierta, su equipo obtendrá medio gol.

-El marketingol. Este gol de plano vale tres goles. No importa que el balón no entre en la portería. Al contrario: el jugador debe atinarle a aquel anuncio en el estadio cuyo patrocinador haya pagado más dinero a la FIFA. Habrá pirotecnia electrónica y estruendos musicaks. Atracción garantizada. Claro que para entonces este juego se llamará Fujibol.