Se suponía que Australia sería una colonia seca. Lord Sydney, quien la ideó, tenía una imagen utópica y moralista de lo que sería el lugar. Los convictos no eran enviados allí para sufrir, sino a reformarse, y lo lograrían con el trabajo duro, el aire fresco y la naturaleza, entre otras cosas vagamente edificantes como ésas. No habría alcohol ni dinero, porque sin eso no habría crimen.
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